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El hostelero al que dieron una brutal paliza en una despedida de soltero: «Me agarraron del cuello y apalearon al pedirles que no entraran en la barra»

El hostelero al que dieron una brutal paliza en una despedida de soltero: «Me agarraron del cuello y apalearon al pedirles que no entraran en la barra»
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El hombre, natural de Perú y que lleva trece años afincado en el País Vasco, espera que nunca vuelvan a su local
El hostelero al que dieron una brutal paliza en una despedida de soltero: «Me agarraron del cuello y apalearon al pedirles que no entraran en la barra»

El hombre, natural de Perú y que lleva trece años afincado en el País Vasco, espera que nunca vuelvan a su local

Regala esta noticia Añádenos en Google Reguero de sangre de los dos heridos, a la puerta del establecimiento. (E. C.)

Ainhoa de las Heras

10/09/2026 a las 08:15h.

Henry regenta un grupo hostelero, con establecimientos en Bilbao y en otras localidades vizcaínas, entre ellas Baracaldo. Natural de Perú, lleva trece años afincado en ... el País Vasco. Nunca antes le había ocurrido lo que le tocó sufrir el pasado fin de semana en uno de sus negocios, ubicado en el barrio de El Regato. El novio y los invitados en la fiesta le dieron una brutal paliza, a él y a un amigo, después de que les advirtiera de que no podían entrar en la barra.

Según explica, fueron los padres de los novios los que firmaron el contrato formal en el que se comprometían a que todo quedara como estaba. «Decían que no iba a suceder nada». El acuerdo incluía dos despedidas, la de las chicas, que se celebró el viernes, y la de los chicos, el sábado. Este último día había unos 40 invitados. Bajo el comedor, el local dispone de una discoteca, a la que bajó el grupo tras la cena, y que «solo se abre para eventos, como bodas, bautizos y comuniones». Tenían a dos camareros trabajando y Henry y un amigo se quedaron en el local controlando, aunque un poco apartados.

Alrededor de las tres y media de la madrugada, cuando los amigos del novio ya habían bebido alcohol y consumido otras sustancias, uno de los camareros se acercó al dueño para transmitirle que algunos invitados le estaban «molestando», porque «creían que les quitaban el vaso sin haber terminado de beber». Henry le aconsejó que les pidiera calma y que no le diera importancia. A la media hora, el otro barman le avisó de que «le tenían acorralado entre tres personas en la barra». El gerente del restaurante se dirigió hacia ellos y les advirtió: «No deben estar ahí». La reacción de ellos fue absolutamente desmedida. «Uno me sujetó del cuello y me tiró contra la pared. Después, se me echaron encima los tres y me empezaron a dar puñetazos, con vasos, botellas...».

Le arrojaron por los dos escalones que descienden hacia la barra y allí siguieron pegándole. «Me dieron una paliza fuerte». Desde allí, pudo ver cómo otro grupo se colaba en la zona de los camareros y «robaban lo que pillaban, ordenadores, tablets, un micrófono...». Su amigo «intentó ayudarme y separarlos y a él le golpearon también». «Le estamparon un botellazo en la cabeza y le tajaron el brazo. Le tuvieron que dar catorce puntos de sutura». A él también le pusieron grapas por los cortes en los brazos e incluso los médicos le tuvieron que retirar vidrios incrustados en la piel. Además, sufrió la rotura de un dedo y terminó con la cara hinchada por los golpes. «Estoy vivo de milagro». Entre los agresores, se encontraba el novio, a quien le recuerda «dándome un botellazo en la cabeza». «Y yo felicitándole por la boda unas horas antes», se duele.

¿Una escopeta?

En un momento en que logró zafarse de los agresores, cogió la barra de metal con la que cierran la puerta de seguridad. Uno de los implicados empezó a decir que «tenía una escopeta y se fueron todos corriendo. Si no llega a ser por la barra...», suspira. Él mismo llamó a la Ertzaintza pidiendo ayuda. Vio a su amigo, «tirado y sangrando, y le tuve que practicar un torniquete» para que no se desangrara.

Algunos de los agresores llamaron a familiares para que les fueran a buscar. Para evitar que escaparan, la Ertzaintza de la comisaría de Sestao estableció controles en los accesos a El Regato, uno de ellos en Gorostiza. Los agentes lograron identificar a un total de catorce implicados en la refriega, pero no procedieron a la detención de ninguno de ellos, según explicó un portavoz del Departamento de Seguridad el pasado lunes. Las víctimas acudieron a la comisaría a presentar sendas denuncias por los hechos el mismo lunes, una vez que habían recibido el alta en el hospital.

Permanecieron en Urgencias, haciéndose pruebas y siendo sometidos a distintas curas, durante «diez horas». «No me podía ni mover, ni salir de casa». Ahora, sólo espera que puedan ser «identificados todos» los que participaron en la agresión y que «caiga sobre ellos todo el peso de la Ley». Teme represalias y espera «que ese tipo de gente nunca vuelva a entrar en mi local». Antes los destrozos provocados, con botellas y cristales por el suelo, mandó a un servicio de limpieza y el restaurante ha podido reabrir con normalidad.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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