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Los ladrones, perfectamente coordinados, arrasan con la joyería. RR. SS. El impresionante robo de veinte ladrones a una joyería: dos millones en un minutoUna multitudinaria banda de delincuentes que opera en el norte de California destroza un establecimiento con picos y martillos y se lleva oro y diamantes en tiempo récord
M. Pérez
Domingo, 15 de marzo 2026, 19:00
... reciente de California. Una veintena de ladrones irrumpe en una joyería en la ciudad de Fremont armados con martillos, mazas y picos y destruye todas las vitrinas de seguridad para apoderase de casi dos millones de dólares en joyas. El asalto dura exactamente 70 segundos Solo cuatro asaltantes han logrado ser detenidos.La veintena de ladrones se presentó ese día a primera hora de la mañana en Kumar Jewelers, un emblemático establecimiento de la ciudad cuyo dueño lamenta que perdió «lo conseguido en toda una vida» en apenas un minuto. Los atacantes llegaron embozados y de modo simultáneo en varios coches. Frenaron abruptamente delante de la puerta, saltaron a tierra e irrumpieron en la joyería. Un empleado que aguardaba a los primeros clientes junto a la puerta con las manos tranquilamente entrelazadas a la espalda salió corriendo a refugiarse.
Los tres primeros ladrones entraron armados con revólveres y apuntaron a los trabajadores. Los demás les siguieron a tropel detrás. La emprendieron a golpes con los expositores mientras los primeros reducían a los empleados y a un guardia de seguridad. Cronómetro. Ni una duda, ni un atisbo de no saber dónde buscar. Conocían lo que había. Entrar, romper, robar y escapar. 70 segundos. Apagar cronómetro. Los investigadores tienen claro que habían vigilado antes la joyería y conocían al dedillo su contenido en joyas, los sistemas de seguridad y hasta la resistencia de los vidrios blindados. Profesionales. O unos tipos con demasiada suerte.
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Los asaltantes llegan en varios coches y se dirigen al establecimiento. RR SSEn cualquier caso, la banda, según la Policía, no es novata. Ya había atracado otros negocios en el norte de California. Y se la vincula con otro espectacular robo ocurrido tres meses depués en la localidad de San Ramón, de donde se llevaron joyas valoradas en más de 1,5 millones de dólares.
Pero nada parecido a este golpe. Un 'flash-mob' del birle. Cuando revisaron la grabación, los investigadores se quedaron atónitos de la coordinación que mostraron los ladrones para convertir el negocio en un estallido de violencia rápido, eficaz y multimillonario, «Daba la sensación de tratarse de una coreografía», comentó un agente. Una «toma de control al estilo mafioso», apuntó uno de los oficiales al mando.
Las dificultades para descubrir a los delincuentes fueron evidentes. Vestían de negro o con sudaderas grises e iban enmascarados. Metieron en bolsas el botín. Fue como quitarle la piruleta a un niño. Se apoderaron del 80% de la mercancía. Cuando quisieron salir descubrieron que las puertas se habían quedado bloqueadas y ellos atrapados dentro de la joyería. No hizo falta amenazar al propietario. En instantes hicieron añicos el cristal blindado de una de las hojas. Los veinte escaparon por el hueco. Amontonados. Como en una fiesta. Subieron a los vehículos y salieron quemando rueda en diferentes direcciones.
Persecución callejera
La Policía hizo acto de presencia en ese instante. Desconcertados ante la múltiple huida, los primeros patrulleros en llegar eligieron uno de los coches, un Honda, y lo persiguieron. En Estados Unidos hay ciudades donde están prohibidas las persecuciones policiales porque en bastantes ocasiones generan más riesgos y destrozos que detenciones. En Fremont esa mañana todo estaba permitido. Cambios de carril constantes, semáforos en rojo, cruces peligrosos sin ni siquiera mirar a los lados. Y acelerador. Mucho acelerador. Más de 120 kilómetros por hora en medio de calles y avenidas. Ay, amigo, las joyas en el asiento trasero queman como el amor. Y como una ruptura sentimental, el conductor perdió el control y acabó estrellándose contra otro vehículo.
Los cuatro ocupantes del Honda trataron de huir a pie. Inútil. La Policía les rodeó y arrestó. Y les incautó las bolsas con oro y diamantes con las que los detenidos seguramente buscaban un futuro más cómodo. Cerca de la joyería, los patrulleros recuperaron otras joyas que se les cayeron a los demás cómplices en su carrera hacia un escondite oscuro. No solo a los ladrones del Louvre se les pierde la corona de la emperatriz.
La captura permitió a los investigadores descubrir varias cosas. La primera, que la banda no era como en las películas, un grupo de exveteranos del ejército o marines. Al contrario, Afatupetaiki Faasisila, Jose Herrada-Aragon, Andres Palestino y Tom Parker Donegan, los detenidos, tienen entre 19 y 20 años. Y sus compañeros, tras una revisión de la grabación, tampoco les rondan muy lejos por su perfil y el modo de moverse. Una mafia postadolescente que quizá hubiera triunfado en el parkour. Una segunda certeza es que ninguno tenía un pelo de tonto. No dejaron rastros de ADN en la joyería. Y cuando los policías fueron a entrevistar a los dueños de los automóviles en los que se habían fugado –identificados gracias a los lectores de matrículas callejeros–, comprobaron que todos los vehículos habían sido robados. Una joya.
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