Huérfano de nuevos hitos a los que aferrarse, el independentismo catalán ha advertido en la visita del Papa León XIV a Barcelona un pretexto idóneo para volver a internacionalizar su causa y para reivindicar su existencia ante una población catalana ya amnésica de procés.
El món ens mira (el mundo nos mira), solía proclamar recurrentemente el secesionismo durante aquella década de agitación permanente, con el fin de alardear de su capacidad para promocionar su proyecto político fuera de las fronteras españolas. Ahora, nostálgico y oportunista, ha encontrado en el «insuficiente» uso del catalán por parte del pontífice la excusa idónea para recuperar el foco.
Lo intentará de nuevo a través del boicot, su técnica preferente. Si antaño cortó autopistas o bloqueó el aeropuerto de El Prat para protestar contra la sentencia del Tribunal Supremo sobre 1-O que derivó en el encarcelamiento de sus líderes, mañana se propone escrachear a León XIV por no emplear el uso de la lengua regional en la bendición de la torre de Jesús de La Sagrada Familia. Da la sensación de que el Papa nunca hubiese hablado bastante catalán para el independentismo; de que toda cuota lingüística hubiera sido rebatida, denunciada, silbada.
Que el Papa tenga decidido utilizar «la lengua propia de Cataluña» por lo menos durante su eucaristía barcelonesa nada importó a los promotores de la separación entre la autonomía y el resto de España. La ANC, Òmnium Cultural y el Consell per la República han urdido una concentración en la que llaman a portar banderas estelades para recibirlo y a pitarle a su paso por las calles de la Ciudad Condal y mientras bendice el nuevo apéndice de la basílica gaudiniana.
La manifestación ha sido alentada por el propio líder de Junts, Carles Puigdemont, que la pasada semana reclamó secundar la protesta de las entidades separatistas y ayer encomendó a su portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, empezar a caldear la visita del pontífice. Tuvo a bien la dirigente de Junts retener al Papa durante unos segundos durante su saludo a los representantes políticos en el Congreso para espetarle en inglés: «Como Gaudí, soy catalana. Hablar la lengua de la tierra que te acoge es un maravilloso acto de amor y respeto. Espero que disfrute de su visita a Cataluña, mi nación».
En un tono bastante menos conciliador se había dirigido la pasada semana Puigdemont al pontífice a través de las redes sociales. «Que se vean las estelades y que se escuchen las voces y los silbidos de protesta contra el renacimiento del catolicismo franquista, opresor de minorías y cómplice de crímenes contra la humanidad», clamó el ex presidente de la Generalitat en un mensaje con copia al Papa.
El ex presidente de la Generalitat no olvidó cargar las tintas contra el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, a quien acusó de maniobrar para ir contra los intereses independentistas. Que el clérigo apoyara en 2021 los indultos contra los dirigentes independentistas no bastó a Puigdemont, que esperaba de la Iglesia catalana un respaldo cerrado a la declaración unilateral de independencia de 2017 y nunca la consiguió, como tampoco obtuvo el respaldo internacional que había garantizado a los votantes del referéndum ilegal.
La reclamación de Puigdemont fue oportunamente suscrita por otros ex presidents como Quim Torra, Jordi Pujol o Pere Aragonès, quienes suscribieron una carta publicada en varios medios italianos para exigir más catalán a León XIV. También Oriol Junqueras, en calidad de presidente de ERC, remitió una misiva al Papa con la misma petición. Su portavoz en las Cortes Generales, Gabriel Rufián, fiel a su condición de verso libre, evitó sumarse a la crítica y ayer afeó la estrategia de Junts y las palabras de Nogueras por «anodinas» y «vacías de contenido».
De contrapeso a los independentistas intentó ejercer el Govern que lidera el socialista Salvador Illa, quien prometió ostentar su presidencia desde los valores del humanismo cristiano y se ha prodigado en numerosos actos religiosos desde que tomara posesión en 2024.
Ayer, su mano derecha, el conseller de Presidencia Albert Dalmau, lamentó las protestas independentistas contra el Papa. «Yo creo que así no se ayuda a la lengua. Ir a recibirlo con silbidos no es la forma», manifestó, para después reclamar «que se ponga en valor que el Papa venga a Cataluña y vaya a hablar en catalán una parte importante de la ceremonia».
«En lugar de criticarlo, lo podríamos poner en valor. Es un mensaje muy relevante que el Santo Padre esté en Cataluña y hable en nuestra lengua, con el trabajo que tenemos para preservarla», insistió.