Recuerdo la visita, en compañía de Josep Maria Otín, psiquiatra adjunto a la dirección de Salud Mental del Parc Sanitari Sant Joan de Deu, conocido popularmente como manicomio de Sant Boi, al jardín modernista bautizado como el Jardín Invisible de Gaudí. Aquel conjunto arquitectónico ... datado entre 1903 y 1912 me hizo pensar en el Park Güell, la urbanización nonata que Eusebio Güell encargó a Gaudí. Maquetas de tamaño natural como el banco serpentín con sus respaldos en 'trencadís' y manchas de colores puros y formas vegetales. La Cueva Cascada remitía a la estructura de crucero y naves laterales de la Sagrada Familia: un templete de rocalla de casi cinco metros con cuevas, pináculos, caminos, fuentes y cascadas. La gruta y capilla en loor de la Virgen de Lourdes y Bernadette Soubirous. La sacra escultura con surtidores y motivos de la Naturaleza coronada por doce estrellas; la silueta de un dragón que exhala el agua sobre la plaza del jardín.
¿Cómo se construyó el Jardín Invisible? A pocos kilómetros de la Colonia Güell de Santa Coloma de Cervelló, Gaudí se acercaba en tartana hasta el manicomio de Sant Boi: en aquella localidad residían algunos de los albañiles y carpinteros que trabajaban en las obras de la Cripta. El arquitecto tomaba un tren hasta Cornellà y transbordaba a la tartana que le llevaba hasta el manicomio para proseguir su ruta hasta la Colonia Güell. Y es el momento de hablar de la «ergoterapia». Desde el siglo XVIII el tratamiento de la enfermedad mental a través del trabajo acabó con el aislamiento de los enfermos. La ergoterapia incentivó sus capacidades para facilitar la reinserción social: carpintería, herrería, albañilería, trabajos agrícolas, ayuda en la cocina, lavandería limpieza… En su afán por ayudar a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Gaudí tuvo la iniciativa de montar un horno para cocer ladrillos y probar sobre el terreno sus diseños arquitectónicos.
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Nacía el Jardín Invisible. «No existe una sola hipótesis sobre los motivos que llevaron a Gaudí en su paso por Sant Boi a la creación del jardín. Con toda seguridad, la existencia de trabajos de construcción en el recinto que ya formaban parte de la ergoterapia facilitaría la tarea», explica el doctor Otín. Unos trabajos que conjugan la dimensión terapéutica mediante la interacción con maestros de obras. El psiquiatra destaca «la omnipresencia de la vertiente artística y creadora, los componentes simbólicos ineludibles, la creación de espacios propios, que podían ser rincones de paz y belleza para uso cotidiano». También la dimensión rehabilitadora y reinserción psicosocial: «La importante actividad constructora de la época posibilitó que se crearan cuadrillas de albañiles de Sant Boi que se desplazaban a la construcción del Park Güell y otras que el arquitecto dirigía; una alta probabilidad que se incluyeran en los grupos de operarios, personas con trastorno mental que participaron en la construcción el jardín», añade Otín.
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En 2001 el geólogo Daniel Barbé Farré, el artista Jordi Martí Aladern y el arquitecto David Agulló Galilea hicieron visible aquel jardín no reconocido en la biografía canónica de Gaudí. Para Agulló el simbolismo y la génesis del jardín-templo son señas de identidad gaudinianas. Bajo su apariencia matérica y tosca, la Cueva Cascada depara superficies regladas y una complejidad de formas propias de un arquitecto de la categoría de Gaudí. Los investigadores concluían que el Jardín Invisible fue un laboratorio para experimentar con formas y materiales. Y como tal experimento, mejor mantenerlo en el anonimato. «Mi vivencia personal cuando vi por primera vez el Jardín Invisible fue ciertamente inquietante. La belleza de lo que veía era extraña, excéntrica». Así recordaba Otín el descubrimiento de aquel espacio secreto hasta entonces.
En noviembre de 2025 Agulló, autor de la tesis 'Gaudí y los jardines del antiguo manicomio de Sant Boi de Llobregat', comisarió en el Colegio de Arquitectos de Catalunya una exposición sobre ese jardín invisible y olvidado durante un siglo. Unas obras que, si no las dirigió el propio Gaudí, lo hizo alguno de sus colaboradores como Lluís Parés, trabajador del Park Güell y natural de Sant Boi. Aquellas construcciones anticipaban o remitían a las estructuras hiperbólicas de la Sagrada Familia, el banco serpentín del Park Güell (1910-1914), aspectos formales de la Casa Milà (1908-1914) y de la Casa Batlló (1904-1906), revela Agulló: «Esta construcción que no tuvo autoría determinada fue construida con la participación, como peones, de los pacientes del centro hospitalario. Este jardín, repleto de simbología del texto del Apocalipsis de San Juan, y dedicado a la Virgen de Lourdes, sintoniza con el universo arquitectónico y espiritual de Antoni Gaudí. También el pensamiento de Jacinto Verdaguer, vinculado personalmente e ideológicamente a Gaudí, se hace presente en este enigmático espacio».
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El Jardín Invisible de Gaudí en el manicomio de Sant Boi
El Jardín Invisible de Gaudí en el manicomio de Sant Boi