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El laboratorio que quiere cambiar la forma de montar en bicicleta

El laboratorio que quiere cambiar la forma de montar en bicicleta
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Mikel Zabala, antiguo director de rendimiento del Movistar Team, lidera desde Granada el Cycling Research Center, un proyecto que aspira a acercar al ciclista aficionado la ciencia, la tecnología y los métodos que hasta ahora estaban reservados al pelotón profesional<span class="" contenteditable="false" aria-hidden="true" tabindex="-1" style="user-select: none; pointer-events: auto;"></span>
CiclismoEl laboratorio que quiere cambiar la forma de montar en bicicleta

Mikel Zabala, antiguo director de rendimiento del Movistar Team, lidera desde Granada el Cycling Research Center, un proyecto que aspira a acercar al ciclista aficionado la ciencia, la tecnología y los métodos que hasta ahora estaban reservados al pelotón profesional

Montaje con varias imágenes de Mikel Zabala.Cedidas a MARCA.
  • NACHO LABARGA
Actualizado 30/07/2026 - 00:30CESTMostrar comentarios4
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Durante años, la ciencia del ciclismo ha vivido detrás de una puerta casi invisible. Al otro lado estaban los grandes equipos, los laboratorios, los entrenadores, los nutricionistas y los técnicos capaces de convertir cada pedalada en un dato. Delante, millones de aficionados salían a la carretera guiados por la intuición, por los consejos de un compañero de grupeta o por el deseo de imitar aquello que veían hacer a sus ídolos.

Zabala, con Valverde.

El Cycling Research Center, CRC, nace en Granada con la intención de abrir esa puerta.

El proyecto está liderado por Mikel Zabala Díaz, catedrático de la Universidad de Granada, director del Centro de Estudios e Investigación Olímpicos y una de las figuras españolas que mejor conoce el punto exacto en el que se encuentran la ciencia y el pelotón. Entre 2013 y 2019 fue director de rendimiento del Movistar Team y, posteriormente, asumió el puesto de ‘head coach’ de la estructura telefónica.

Zabala, con España.

Ahora quiere trasladar ese conocimiento a quienes nunca tendrán un coche de equipo siguiéndoles, un laboratorio a su disposición o un ejército de especialistas interpretando sus entrenamientos.

Zabala, en Movistar.

“La idea es que el ciclista tenga una formación mínima, sea consciente de lo que hace y desarrolle cierto pensamiento crítico”, explica Zabala a MARCA. “A partir de ahí queremos articular módulos de inteligencia artificial que acabarán dando lugar a un ecosistema que nosotros llamamos ciclismo 3.0”.

Zabala, con categorías inferiores.

Ese concepto, ciclismo 3.0, pretende ir más allá de una aplicación o de un entrenador digital que prescribe series. La ambición es construir un entorno en el que convivan el entrenamiento, la nutrición, la psicología, la técnica, la táctica y la inteligencia artificial. Todo ello ordenado bajo un método común y sostenido por conocimiento científico.

Zabala, celebrando el oro de Romeo en sub 23.

La tecnología ha llegado al ciclismo aficionado antes incluso de que muchos usuarios hayan aprendido a interpretarla. Potenciómetros, pulsómetros, relojes, plataformas virtuales y aplicaciones recogen una cantidad de información que hace pocos años sólo estaba al alcance de los profesionales. Sin embargo, tener los datos no significa necesariamente saber qué hacer con ellos.

“La inteligencia artificial ha irrumpido y hay que saber utilizarla, pero también gobernarla de forma ética y con conocimiento”, advierte Zabala a este periódico. “Hay personas que conectan distintas herramientas, incorporan sus datos de Strava y se construyen su propia solución. No está mal, pero nosotros queremos democratizarlo de verdad y llegar a cuanta más gente mejor con criterios de seguridad”.

La primera fase del proyecto no consistirá en entregar una máquina que piense por el ciclista. Antes llegarán cursos, manuales y contenidos formativos, algunos en línea y otros en formatos más tradicionales. CRC quiere enseñar antes de prescribir. Que el usuario conozca su cuerpo, comprenda los fundamentos del entrenamiento y no se limite a cumplir ciegamente aquello que aparece en una pantalla.

Después se lanzará una inteligencia artificial especializada en entrenamiento ciclista. Zabala la define como una herramienta “más determinista”, diseñada dentro de un ecosistema controlado y alimentado con los criterios de los investigadores y profesionales que forman el centro.

“No será simplemente una inteligencia artificial conectada a la nube para que cada uno haga sus propias mezclas”, cuenta a MARCA. “Vamos a ofrecer un producto cerrado, sabiendo qué contiene y con unos criterios definidos desde todos los puntos de vista”.

La voluntad de cerrar el sistema no significa aislarse de los avances tecnológicos, sino evitar que el usuario quede abandonado ante un océano de recomendaciones, datos y conclusiones contradictorias.

“La inteligencia artificial es como poner puertas al campo. Cada día aparecen noticias y nuevas posibilidades”, admite Zabala. “Por eso hemos creado nuestro propio ecosistema con aquello que consideramos que debe estar dentro”.

El entrenamiento será solamente el primer peldaño. Más adelante se añadirán módulos de nutrición, psicología, táctica y técnica. El ciclista podrá recorrer ese itinerario poco a poco, según sus necesidades y su nivel, acompañado por una estructura que pretende cubrir todos los elementos que influyen en el rendimiento.

“Después del módulo de entrenamiento se unirán los de nutrición, psicología, táctica y técnica”, adelanta el director de CRC. “Se irá lanzando todo progresivamente, como un camino que la gente pueda hacer, disfrutar y controlar con nosotros desde el principio”.

El verdadero desafío no consiste únicamente en producir conocimiento, sino en ordenarlo. La investigación sobre rendimiento, fatiga, alimentación, biomecánica o toma de decisiones es enorme, pero aparece dispersa entre publicaciones científicas, aplicaciones, entrenadores, redes sociales y contenidos de calidad desigual.

CRC aspira a convertirse en un filtro

“Queremos hacer comprensible algo muy complejo, muy amplio y muy poco interconectado”, señala Zabala a MARCA. “En esta era de la inteligencia artificial, alguien debe filtrar todo, establecer un método integral y ofrecer acompañamiento. No se trata sólo de darle una IA al ciclista”.

Zabala, en una imagen de archivo con España.Cedida a MARCA.

El gran destinatario será el aficionado. El que entrena antes de trabajar, el que sale los domingos con su grupeta o el que se apunta a una marcha y aumenta el volumen durante semanas sin saber si su cuerpo está preparado. España cuenta con millones de practicantes de ciclismo y muchos de ellos reproducen entrenamientos profesionales sin tener en cuenta su edad, su disponibilidad o su condición física.

“La ciencia cambia el conocimiento, pero muy pocas veces cambia el entrenamiento real de quien sale a rodar un domingo”, reflexiona Zabala. “A veces se cometen imprudencias por tratar de emular a los ídolos sin contexto. Queremos cerrar esa distancia y conseguir que lo que hoy sólo tienen los equipos profesionales pueda tenerlo cualquier persona que monte en bicicleta con ganas de mejorar”.

En ese punto se encuentra el corazón del proyecto. No se trata de transformar a cada aficionado en un corredor profesional, sino de ayudarle a entrenar con sentido. De sustituir parte de la improvisación por criterio y parte de la imitación por conocimiento.

“Hay una población enorme de ciclistas que entrena y que muchas veces sale sin saber exactamente lo que está haciendo. Se pasa de carga, acumula fatiga o copia cosas que no le corresponden”, indica a este diario. “Esa gran base es lo que más nos importa y representa nuestra filosofía”.

Zabala, con Nairo.Cedida a MARCA

El proyecto, sin embargo, también mira hacia arriba. Su estructura permitirá trabajar desde las primeras etapas de formación hasta el máximo nivel competitivo. El equipo reúne perfiles que van desde jóvenes investigadores hasta varios catedráticos, además de profesionales con experiencia en el ciclismo de élite.

Zabala, en su época con el Movistar Team español.Cedida a MARCA

“Tenemos un conjunto que va desde el júnior que empieza hasta el catedrático”, resume Zabala. “Y lo mismo sucede con los usuarios: queremos llegar a la gran población ciclista, pero también desarrollar trajes a medida para equipos profesionales”.

Esa segunda vertiente ya ha comenzado a despertar interés. Zabala confirma que una formación de primera línea ha encargado al centro el desarrollo de una herramienta específica de inteligencia artificial, aunque mantiene en secreto su identidad.

“Ya ha venido un equipo World Tour a pedirnos un módulo concreto de análisis”, revela a MARCA. “Quería que tuviera unas funciones determinadas y que se construyera a la carta. Hay un equipo muy importante que ya nos ha encargado un desarrollo”.

CRC trabaja también en un sistema de telemetría para analizar la técnica de los ciclistas, actualmente en proceso de patente, y en un módulo de inteligencia táctica basado en un método validado. La intención es medir no sólo la capacidad física, sino también la habilidad para leer una carrera, colocarse, decidir cuándo gastar energía o interpretar los movimientos del rival.

Zabala, con Sheyla Gutiérrez.Cedida a MARCA.

“El ciclismo no consiste únicamente en tener más vatios”, recuerda Zabala. “La técnica debe trabajarse mucho y la inteligencia táctica también puede evaluarse. Tenemos herramientas para analizar cómo se comporta el ciclista y cómo toma decisiones en diferentes situaciones”.

A su alrededor se ha reunido un equipo multidisciplinar con fuertes vínculos con la Universidad de Granada. Entre sus integrantes están Daniel Sanabria, especialista en psicología experimental y mecanismos cerebrales relacionados con el rendimiento; Cristóbal Sánchez-Muñoz, experto en antropometría y composición corporal; y José Joaquín Muros, investigador en nutrición aplicada al ciclismo de competición.

También participan especialistas en ciencias del deporte, actividad física, fatiga, biomecánica, informática, inteligencia artificial generativa y ciberseguridad, además de investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Una estructura empresarial servirá como nexo para transformar las investigaciones en herramientas capaces de llegar al mercado.

“Esto es transferencia real”, subraya Zabala a MARCA. “La Universidad de Granada es el núcleo, pero también participan otras universidades, ingenieros informáticos y una empresa que nos permite articular el proyecto. Nosotros somos el alma, pero necesitamos que todo ese conocimiento llegue a la calle”.

Zabala, con la 'espada' de Indurain.

Granada se convierte así en el origen de una iniciativa pensada para todo el país. Un proyecto capaz de moverse entre el ciclista que busca completar su primera marcha y el equipo que quiere perfeccionar el análisis de una contrarreloj. Entre el domingo de grupeta y el laboratorio. Entre la intuición de siempre y una inteligencia artificial que, bien utilizada, puede ayudar a entender mejor cada pedalada.

Zabala, durante una sesión.

“El valor de CRC no es únicamente que podamos ser punteros en investigación, ciclismo o inteligencia artificial”, concluye Zabala. “El valor está en su alma, en el grupo humano y en la filosofía de trabajo que presentamos como ciclismo 3.0”.

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