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Cultura

'El largo siglo de las utopías', de Peter Neumann: cuidado, de nuevo, con los falsos redentores

'El largo siglo de las utopías', de Peter Neumann: cuidado, de nuevo, con los falsos redentores
Artículo Completo 1,133 palabras
En nuestro desolado tiempo es muy difícil escribir un libro de la nada como hicieron muchos de nuestros sabios ancestros. Hoy es imposible llevarlo a cabo sin apoyos bibliográficos o referencias históricas. El pozo de l a originalidad inicial lleva décadas seco y mucho me temo que lo cubrirán las arenas del desierto. Esto no solo acontece en la filosofía o en el ensayismo en general, sino también en todas las disciplinas creativas. Libros y libros repiten una y otra vez el 'estudio' de autores y tendencias ya conocidas y consabidas sin aportar nada en especial. Evidentemente hay maneras de hacerlo bien como hace 'pícaramente' Peter Neumann (1987), o las más de las veces mal. El redactor del diario alemán 'Die Zeit' nos cuenta las historias que, al menos los lectores de este suplemento, ya sabemos. ENSAYO 'El largo siglo de las utopías' Autor Peter Neumann Editorial Tusquets Año 2025 Páginas 261 Precio 21,90 euros 3Nada nuevo sobre Nietzsche, Kafka , Wittgenstein, Benjamin, Freud, Arendt o Brecht, entre otros muchos autores con los que quiere explicar el fracaso de la cultura europea entre finales del siglo XIX hasta el término de la Segunda Guerra Mundial. En resumen, como Adorno, el fracaso de las ideas ilustradas. La novedad que incluye Neumann se encuentra en el 'relato'. No escribe como un filósofo sino como un narrador. Y para ello mezcla elementos biográficos, paisajes naturales y urbanos, cafés donde se debatieron el futuro de nuestro continente. Una época dorada de la cultura occidental que no supo detener el vértigo hacia una gran tragedia representada en dos actos. 'El largo siglo de las utopías' es un libro que puede leer todo el mundo pero, sobre todo, los jóvenes para que se den cuenta de que hemos vuelto al abismo. El título del libro proviene del ensayo de Ernst Bloch 'El espíritu de la utopía'. Bloch y Max Weber se encontraron en Locarno. Jaspers había librado al primero de ir a la guerra. Weber protegió a Bloch en la Suiza neutral donde se había refugiado después de rechazar un puesto en el Reichstag. En 'El espíritu de la utopía' se refiere a lo que él denomina «todavía no», a lo nuevo, a lo futuro que se adivina en el presente. Lo verdadero, lo auténtico, allí donde se esfuma lo meramente factual. Noticia Relacionada CRÍTICA DE: 'Sí hay tal lugar', de Federico Guzmán Rubio: ¿qué fue de las utopías latinoamericanas? Jordi Canal A medio camino entre el ensayo, la crónica y la narrativa, el escritor mexicano realiza un recorrido por las ruinas de los sueños transformadores latinoamericanosPara Bloch no hay un 'no' tan fuerte ni atronador que no esconda en su interior un 'sí' que pueda superarlo y, por tanto, derrotarlo. La utopía no podía materializarse solo en el más allá, debía hacerse realidad aquí y ahora. Como uno de sus referentes, Kierkegaard, Bloch afirmaba la identidad con uno mismo, «aquella que asume la responsabilidad de su historia vital y es coherente con lo que es y lo que debe ser es un 'dasein' verdadero». Las utopías fracasaron y también el ser individual que se creía dios de las mismas. Todo comenzó con Zaratustra, el superhombre 'creado' por Nietzsche. Desde Génova mandó un manuscrito que era como una declaración de guerra contra la humanidad. Derrocar la autoridad tradicional, quemar las malas experiencias de la Ilustración, imponer el nihilismo y librar al mundo no del mal sino de sus falsos redentores. Como sabemos fue una peligrosa incitación al desastre. Es interesante el apartado que Neumann le dedica a Käthe Kollwitz y a su pintura titulada 'La revuelta de los tejedores' (1898). Fue medalla de oro en la exposición de arte de Berlín. Hauptmann la transformó en una exitosa obra de teatro, 'Los tejedores'. El levantamiento de los tejedores de Silesia (1844) fue un referente para todas las revoluciones proletarias de la segunda mitad del siglo XIX. La novedad se encuentra en el 'relato'. No escribe como un filósofo sino como un narrador. Mezcla elementos biográficos, paisajes naturales y urbanos...La exposición de Munch en Berlín (1892) causó gran escándalo y dividió el panorama artístico alemán entre conservadores y modernistas. Siete años después surgió el Secesionismo. Es muy interesante la relevancia que le da Neumann al poeta, muy desconocido entre nosotros, Stefan George. Fue uno de los inspiradores de muchas de las ideas 'utópicas' del Tercer Reich. La exaltación de una antigüedad precristiana. El profeta del espíritu puro que iba a derrotar al mal. El libro continúa con los Mann, Kafka y sus peleas con la poeta Lasker-Schüler. Luego Benn, Wittgenstein y Trakl. Benn dio un golpe de mano con su 'Morgue' y sobrevivió a Hitler no sin alguna culpa inicial. Neumann nos vuelve a recordar la anécdota del rechazo de su herencia por parte de Wittgenstein y su ayuda económica a Rilke y Trakl con el que no llegó a encontrarse en Cracovia. Neumann resume muy bien los contenidos teóricos de estos personajes, pero no son propios. Por ejemplo, «Hay algo más allá de las fórmulas y del cálculo que no se ve afectado por el lenguaje de la lógica. Son las cuestiones sobre lo que es bueno y moralmente correcto las que arden en su alma». Para el pensador austríaco todos los problemas filosóficos deberían resolverse mediante el análisis lógico del lenguaje, pero no todo lo que ocurre en la vida está sujeto a las leyes inmutables de la lógica. Hay cosas, las más, sobre las que es mejor guardar silencio. Por estas páginas pasan también Dadá (1916); Joyce-Proust; Beckett; Dalí frente a Freud (el psicoanalista no se fiaba de los surrealistas); Arendt- Jaspers sobre el problema de la culpa; Benn-Adorno sobre el arte puro y el comprometido ; Heidegger-Hölderlin y la nostalgia por la antigüedad; Christa Wolf-Habermas y el papel de los intelectuales durante la Guerra Fría; así como Hessel ('Indignados') y Benjamin suicidado. Para quienes hemos leído a la mayor parte de estos autores (ha sido nuestro trabajo de toda la vida), el libro de Neumann es muy flojo y reiterativo. Pero para quienes no han leído ni leerán jamás a esta pléyade de grandes escritores, les valdrá mucho la pena sumergirse en él. Una manera sabia de perder la inocencia y darse cuenta de que no tenemos ya aquellas glorias, pero que nuestros errores vuelven a ser los mismos.

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En nuestro desolado tiempo es muy difícil escribir un libro de la nada como hicieron muchos de nuestros sabios ancestros. Hoy es imposible llevarlo a cabo sin apoyos bibliográficos o referencias históricas. El pozo de la originalidad inicial lleva décadas seco y mucho ... me temo que lo cubrirán las arenas del desierto. Esto no solo acontece en la filosofía o en el ensayismo en general, sino también en todas las disciplinas creativas.

Libros y libros repiten una y otra vez el 'estudio' de autores y tendencias ya conocidas y consabidas sin aportar nada en especial. Evidentemente hay maneras de hacerlo bien como hace 'pícaramente' Peter Neumann (1987), o las más de las veces mal. El redactor del diario alemán 'Die Zeit' nos cuenta las historias que, al menos los lectores de este suplemento, ya sabemos.

Nada nuevo sobre Nietzsche, Kafka, Wittgenstein, Benjamin, Freud, Arendt o Brecht, entre otros muchos autores con los que quiere explicar el fracaso de la cultura europea entre finales del siglo XIX hasta el término de la Segunda Guerra Mundial. En resumen, como Adorno, el fracaso de las ideas ilustradas.

La novedad que incluye Neumann se encuentra en el 'relato'. No escribe como un filósofo sino como un narrador. Y para ello mezcla elementos biográficos, paisajes naturales y urbanos, cafés donde se debatieron el futuro de nuestro continente. Una época dorada de la cultura occidental que no supo detener el vértigo hacia una gran tragedia representada en dos actos. 'El largo siglo de las utopías' es un libro que puede leer todo el mundo pero, sobre todo, los jóvenes para que se den cuenta de que hemos vuelto al abismo.

El título del libro proviene del ensayo de Ernst Bloch 'El espíritu de la utopía'. Bloch y Max Weber se encontraron en Locarno. Jaspers había librado al primero de ir a la guerra. Weber protegió a Bloch en la Suiza neutral donde se había refugiado después de rechazar un puesto en el Reichstag. En 'El espíritu de la utopía' se refiere a lo que él denomina «todavía no», a lo nuevo, a lo futuro que se adivina en el presente. Lo verdadero, lo auténtico, allí donde se esfuma lo meramente factual.

Para Bloch no hay un 'no' tan fuerte ni atronador que no esconda en su interior un 'sí' que pueda superarlo y, por tanto, derrotarlo. La utopía no podía materializarse solo en el más allá, debía hacerse realidad aquí y ahora. Como uno de sus referentes, Kierkegaard, Bloch afirmaba la identidad con uno mismo, «aquella que asume la responsabilidad de su historia vital y es coherente con lo que es y lo que debe ser es un 'dasein' verdadero». Las utopías fracasaron y también el ser individual que se creía dios de las mismas.

Todo comenzó con Zaratustra, el superhombre 'creado' por Nietzsche. Desde Génova mandó un manuscrito que era como una declaración de guerra contra la humanidad. Derrocar la autoridad tradicional, quemar las malas experiencias de la Ilustración, imponer el nihilismo y librar al mundo no del mal sino de sus falsos redentores. Como sabemos fue una peligrosa incitación al desastre.

Es interesante el apartado que Neumann le dedica a Käthe Kollwitz y a su pintura titulada 'La revuelta de los tejedores' (1898). Fue medalla de oro en la exposición de arte de Berlín. Hauptmann la transformó en una exitosa obra de teatro, 'Los tejedores'. El levantamiento de los tejedores de Silesia (1844) fue un referente para todas las revoluciones proletarias de la segunda mitad del siglo XIX.

La novedad se encuentra en el 'relato'. No escribe como un filósofo sino como un narrador. Mezcla elementos biográficos, paisajes naturales y urbanos...

La exposición de Munch en Berlín (1892) causó gran escándalo y dividió el panorama artístico alemán entre conservadores y modernistas. Siete años después surgió el Secesionismo. Es muy interesante la relevancia que le da Neumann al poeta, muy desconocido entre nosotros, Stefan George. Fue uno de los inspiradores de muchas de las ideas 'utópicas' del Tercer Reich. La exaltación de una antigüedad precristiana. El profeta del espíritu puro que iba a derrotar al mal.

El libro continúa con los Mann, Kafka y sus peleas con la poeta Lasker-Schüler. Luego Benn, Wittgenstein y Trakl. Benn dio un golpe de mano con su 'Morgue' y sobrevivió a Hitler no sin alguna culpa inicial. Neumann nos vuelve a recordar la anécdota del rechazo de su herencia por parte de Wittgenstein y su ayuda económica a Rilke y Trakl con el que no llegó a encontrarse en Cracovia.

Neumann resume muy bien los contenidos teóricos de estos personajes, pero no son propios. Por ejemplo, «Hay algo más allá de las fórmulas y del cálculo que no se ve afectado por el lenguaje de la lógica. Son las cuestiones sobre lo que es bueno y moralmente correcto las que arden en su alma». Para el pensador austríaco todos los problemas filosóficos deberían resolverse mediante el análisis lógico del lenguaje, pero no todo lo que ocurre en la vida está sujeto a las leyes inmutables de la lógica. Hay cosas, las más, sobre las que es mejor guardar silencio.

Por estas páginas pasan también Dadá (1916); Joyce-Proust; Beckett; Dalí frente a Freud (el psicoanalista no se fiaba de los surrealistas); Arendt- Jaspers sobre el problema de la culpa; Benn-Adorno sobre el arte puro y el comprometido; Heidegger-Hölderlin y la nostalgia por la antigüedad; Christa Wolf-Habermas y el papel de los intelectuales durante la Guerra Fría; así como Hessel ('Indignados') y Benjamin suicidado.

Para quienes hemos leído a la mayor parte de estos autores (ha sido nuestro trabajo de toda la vida), el libro de Neumann es muy flojo y reiterativo. Pero para quienes no han leído ni leerán jamás a esta pléyade de grandes escritores, les valdrá mucho la pena sumergirse en él. Una manera sabia de perder la inocencia y darse cuenta de que no tenemos ya aquellas glorias, pero que nuestros errores vuelven a ser los mismos.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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