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El doctor Pablo Juárez del Dago opera en un hospital de Camerún. Urointec El médico que cura los riñones en ÁfricaEl canario Pablo Juárez del Dago opera en Camerún y Mauritania patologías tan banales como un cálculo renal que allí puede ser una sentencia de muerte. «Volvemos exhaustos, pero es lo mejor que hacemos en todo el año»
Madrid
Sábado, 10 de enero 2026, 00:38
... renal en un recién nacido puede significar una muerte silenciosa antes de que el bebé tenga siquiera nombre. Frente a esa cruda realidad sanitaria trabaja desde hace tres años el médico Pablo Juárez del Dago (Las Palmas de Gran Canaria, 40 años), fundador de Urointec, una compañía médica canaria dedicada a la urología de última generación y con hospitales en el archipiélago, cuya fundación ha convertido la cirugía urológica en una herramienta de transformación social en algunas de las zonas más pobres de África.El resultado es una población completamente desprotegida ante enfermedades «banales» en el primer mundo. «Hay hombres que mueren con 40 años por una hiperplasia benigna de próstata -el crecimiento de la próstata que impide orinar-, algo inaceptable en Europa», cuenta Pablo. «Aquí nadie contempla que un joven fallezca por una piedra en el riñón, pero allí puede ocurrir si no se le interviene», apostilla.
La falta de urólogos, unida a la precariedad de los sistemas sanitarios africanos, pueden convertir en sentencias irreversibles una litiasis, una obstrucción renal o una simple infección urinaria. «También hacemos mucha cirugía de incontinencia en mujeres jóvenes, porque tienen muchos partos, y es dramático que con solo 22 años necesiten pañales».
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El proyecto africano de Juárez del Dago comenzó hace tres años a través de la ONG valenciana, Surg for all (Cirugía para todos), que preside el urólogo Pepe Rubio, y con la que entonces colaboraba el equipo de Urointec. Lo que es la propia fundación Urointec se creó más recientemente con un objetivo claro: mejorar el acceso a la atención médica de las poblaciones más desfavorecidas. «La urología es nuestra punta de lanza, pero el objetivo es generar impacto social«, resume el especialista canario.
Por eso, las misiones van mucho más allá del quirófano. Además de operar, el equipo forma a médicos generales y personal de enfermería local para que puedan resolver urgencias urológicas básicas cuando ellos no están. «No podemos formar urólogos oficialmente, no tenemos esa potestad. Y además, cuando los formamos, muchas veces se marchan. Así que enseñamos a salvar vidas con lo que hay», explica.
De arriba abajo, el equipo operando a la pequeña Manuella con Pablo a la derecha; el urólogo canario cambia impresiones con un sanitario camerunés; y seis integrantes del equipo médico de la Fundación Urointec, que se desplazó el pasado junio a Camerún. UrointecUno de los casos que más ha marcado a Pablo es el de una bebé de apenas tres meses atendida en Camerún. Manuella (como se llama la pequeña) llegó al hospital con los riñones gravemente dilatados. En estos casos, o se desobstruyen los uréteres o se genera una insuficiencia renal, lo que en España puede suponer diálisis y entrar en una lista de trasplante, y en África conduce directamente a la muerte. «Operar a una niña tan pequeña con la anestesia que hay era un riesgo enorme. Yo no soy urólogo pediátrico, pero allí eres de todo: urólogo, cirujano general, ginecólogo...», relata.
Manuella fue operada mediante un doble reimplante, conectando los riñones a la vejiga por otro acceso. Semanas después, los riñones comenzaron a funcionar correctamente y la bebé empezó a orinar más. «Manuella va a poder vivir», dice con sencillez Juárez del Dago. A finales de este mes de enero, el equipo regresará para verla de nuevo. Los padres siguen profundamente agradecidos a la que ya consideran su familia española.
«La gente cruza Camerún para vernos»
Las misiones se desarrollan principalmente en el Hospital Católico Notre-Dame de la Santé, en el poblado de Batseng'la, cerca de la ciudad de Dschang, al oeste de Camerún. Allí, el pasado mes de junio, el equipo realizó en una sola semana 44 cirugías y atendió a casi 200 pacientes, muchos de ellos llegados desde distintos puntos del país tras recorrer cientos de kilómetros. «La gente cruza Camerún entero para vernos», afirma el doctor. Las intervenciones abarcan desde cirugía de próstata -la más frecuente- hasta cirugía oncológica, incontinencia urinaria femenina, litiasis complejas y cirugía laparoscópica, una técnica prácticamente inexistente en el país.
El equipo desplazado suele estar formado por tres médicos, dos enfermeras y dos auxiliares, todos de Urointec. Nadie cobra. Al contrario: emplean sus vacaciones, asumen gastos y regresan exhaustos tras jornadas de hasta doce horas de quirófano durante siete días seguidos. «Son casi 36 horas de viaje, días larguísimos y un agotamiento brutal, pero es lo mejor que hacemos en todo el año», confiesa Pablo, que cuenta que decidió embarcarse en estas misiones humanitarias «y complicarse la vida» para devolver a la gente que no tiene tanta suerte «la suerte que tenemos nosotros, y poner allí el nombre de España y de Canarias». «Quizá no seamos conscientes pero la urología española es una referencia mundial y en África estamos curando patologías que ellos ni sabían que se podían solventar».
De hecho, cuenta que sus pacientes africanos no entienden la medicina tradicional y les toman como una especie de curanderos. «Ellos no diferencian entre el curandero de la tribu y nosotros. Nos ven como unos sanadores que les devolvemos la vida. Imagínate, hay gente que vive con una sonda o un dolor crónico por una piedra y de repente los duermes y a la hora ya no tienen dolor. Para ellos es algo milagroso», describe.
El agradecimiento de las familias se manifiesta en gestos humildes y enormes a la vez: un plato de comida que no les sobra, invitaciones a casas sin apenas recursos, algún pequeño objeto personal... «Te dan lo poco que tienen», rememora emocionado el doctor.
El próximo calendario ya está marcado: este mes en Camerún y en marzo en Nuadibú, Mauritania, donde realizarán su primera misión completa. Allí, además de cooperación urológica, el proyecto incluirá la digitalización del hospital e incluso la puesta en marcha de un servicio de reumatología. «Si vemos una necesidad, actuamos».
Juárez del Dago sabe que cada viaje lo transforma. «Te hace relativizarlo todo. Entiendes que muchas cosas que creemos importantes no lo son». Por eso, pese al cansancio, siempre aguarda con ilusión la siguiente misión. Porque, allí donde la medicina no llega, un simple bisturí y unas manos llenas de humanidad pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
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