- EXPANSIÓN
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De sobra es conocido que Steve Jobs odiaba las reuniones. Las prefería cortas, de unos 10 minutos y enfocadas en objetivos específicos. Si no, las cancelaba.
El visionario cofundador de Apple estaba obsesionado con la productividad. Tenía muy claro que darle vueltas a una idea con conversaciones infinitas, correos electrónicos, mensajes telefónicos y tareas secundarias era una pérdida de tiempo.
Antes de fallecer en 2011, Jobs dejó un reguero de declaraciones sobre el problema de la pérdida de tiempo en el trabajo y la importancia de eliminar lo que no era esencial para sacar las cosas adelante.
El legado más importante que demuestra el poder de esta filosofía fue la manera en la que Jobs convirtió a Apple en un gigante tecnológico cuando regresó a la empresa 1997 para salvarla de la quiebra. Esa mentalidad la dejó plasmada en un sencillo dibujo que ahora se conoce como "el método de las cuatros casillas".
Antes de convertirse en el padre de la era digital, Jobs fue despedido de Apple en 1985 tras una intensa lucha de poder con la junta directiva y el entonces director ejecutivo, John Sculley. Los conflictos sobre la visión estratégica de la empresa y las bajas ventas de los ordenadores Macintosh ocuparon el centro de la pelea.
Once años más tarde, cuando Microsoft le ganaba terreno a Apple, Jobs volvió a la compañía con el objetivo de implantar su filosofía de simplicidad. La larga lista de productos y la confusión interna que había sobre la estrategia para venderlos necesitaban un cambio de rumbo. Y lo primero fue eliminar los excesos.
Para que los empleados supieran de lo que estaba hablando, el ingeniero informático cogió un papel, dibujó una cuadrícula y la dividió en cuatro casillas. En la parte superior colocó dos categorías: consumo y profesional. En el lateral izquierdo añadió otras dos: portátil y sobremesa.
A continuación, invitó a los empleados a colocar cada producto de Apple en cada una de las categorías. Si no estaba clara la posición de alguno de ellos en la ecuación, quizás sobraban en el catálogo de la compañía. Ahora sabemos que aquello fue un éxito y evitó la bancarrota que acechaba al negocio.
El primer producto que hizo remontar a Apple fue el Mac G3, lanzado un año después del retorno de Jobs. El icónico ordenador de mesa que integraba la CPU dentro del monitor con un diseño translúcido y de varios colores a elegir irrumpió en el mercado como algo nunca visto. Detrás de la idea solo había un elemento, la simplicidad.
A partir de ahí, Jobs se empeñó en inculcar a sus empleados que decidir no hacer algo era tan importante como decidir qué se iba a llevar adelante. El método de las cuatro casillas funcionó para convertir a Apple en la empresa más influyente de las últimas décadas. Su utilidad continúa siendo muy actual y aplicable a cualquier negocio en la lucha contra la falsa productividad.
Si algo se puede aprender de ella son los efectos contraproducentes que tiene el acumular objetivos, proyectos y funciones. Jobs reconocía las dificultades que entrañaba renunciar a ciertos proyectos y tomar decisiones incómodas, pero su método de descartar y limitar las tareas sigue siendo el secreto a voces del éxito de Apple.
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