El Bernabéu señala sobre todo a Vinicius, Bellingham, Camavinga y Huijsen en un partido gris. El Levante amenaza durante el pésimo primer tiempo blanco y se desploma después del 1-0
plantillarealmadrid- JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ
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El Real Madrid sacó adelante un partido que apuntaba a desastre y divorcio. En un primer tiempo desolador, sin fútbol y sin alma, el Bernabéu dedicó pitos a sus futbolistas y llegó a pedir la dimisión del presidente en el descanso, antes de que atronase la megafonía. Fue Güler quien cambió el destino de la tarde al recuperar su sociedad con Mbappé y servir a Asencio la sentencia. Los canteranos entienden bien la exigencia y el enfado razonable de su gente. Por eso el central cambió los pitos por una ovación cerrada al ser sustituido al final. Al revés que Vinicius, silbado en todo el duelo. Empezó sin intentarlo, apareció con el partido cuesta abajo y acabó aplaudiendo a las protestas contra él del Bernabéu. Ni lo entiende ni parece querer entenderlo.
golmbappe (1)La bronca desde el calentamiento demostró el nivel de hartazgo del madridismo, mucho más del esperado. Señaló a Camavinga, a Valverde, a Bellingham y a Vinicius, de menos a más. Y cabría esperar que la respuesta de los futbolistas tuviera grandeza. Al fin y al cabo, era un duelo entre el segundo y el penúltimo. Pues no. Fue decepcionante.
Mucho pase horizontal, de seguridad, sin riesgo. Mbappé, que dos días antes estaba descartado, compareció como titular y fue el único que tiró algún desmarque de ruptura, vertical, profundo. Cuando llevas tantos meses sin estudia y ni siquiera quieres ver vídeos de un minuto, es difícil aprobar el examen. Malos estudiantes. Y tampoco se crean que el Levante fue el Milan de Sacchi, la perfección defensiva. No. Ordenados, cerraditos, juntas las líneas y a correr aprovechando las pérdidas de balón. Con eso les dio para rematar más veces que el Madrid en la primera parte (6-8), una en falta directa de Pablo Álvarez al lateral de la red que hartó al público por el paupérrimo juego de su equipo.
Las broncas del respetable, que bastante ha aguantado a un equipo con tendencia a la haraganería, subrayaron a Vinicius, que lo intentó un par de veces, no le salió y se convirtió en un muro andante. Balón que le llegaba, balón que devolvía. Bellingham empezó pidiendo la pelota y acabó perdiéndolas todas. Álvaro Arbeloa, que llegó al estadio y se detuvo frente a los trofeos según mostró Real Madrid Televisión, tiene imposible ampliar la vitrina con semejante desaguisado. Tampoco ayudó el técnico a aclarar el juego de salida, con Gonzalo en banda pese a ser el mejor ariete disponible. Suyo fue el único remate entre los tres palos, de cabeza, a las manos de Ryan. Vio una amarilla al filo del descanso y no volvió tras la pausa.
golasencioMastantuono y Güler fue la réplica de Arbeloa al infumable primer tiempo que despachó el Madrid. Sin brillar demasiado antes de la lesión, saltó al verde y perdió las dos primeras. Al argentino se le empieza a ver con recelo. El turco, desparecido en los últimos tiempos, sí interpretó correctamente lo que pedía la tarde. Entró con intensidad, ofreciéndose, buscando el espacio y la combinación con su mejor socio, Mbappé. Conectó una vez y remató la dejada del francés con potencia pero centrada. A la segunda buscó el desmarque profundo de Kylian que entró en el área, tiró la bicicleta y provocó la entrada a destiempo de Dela. Penalti. El central asumió que había medido mal. Iglesias Villanueva revisó un buen rato en el VAR a ver si había algún motivo para anular la señalización. Nada. Transformó Mbappé por derecha, con Ryan adelantado.
El gol serenó al Madrid, a pesar de los ajustes de Arbeloa con Huijsen, cada lance más nervioso por los pitos. Más aplomo ganó el equipo en otro regalo de Güler, un córner directo y templadito que Asencio cabeceó con potencia desde el punto de penalti, con máscara y todo. Entró Ceballos por Huijsen. Tchouaméni de central. También hizo cambios Castro. Quitó a Etta Eyong para desplazar al centro a Iván Romero, que tuvo una muy clara tras buena maniobra de Carlos Álvarez. Arriba. Fue la última señal del Levante, que se resignó a su suerte.
Porque pudo golear el Madrid en el tramo final. Probó Mastantuono que tiene buen golpeo de zurda y remató al larguero desde lejos, y Ryan evitó la goleada al sacar un par de buenas manos, especialmente a Bellingham y Vinicius. El brasileño decidió participar más en el tramo final, con el partido abierto, pero no obtuvo el perdón del Bernabéu. Contenido en sus gestos toda la tarde, recibió el apoyo de Bellingham tras servir un buen balón atrás que voleó fuera Güler, y no pudo reprimirse al final, tras tirar a las nubes. Escuchó pitos y él aplaudió, no se sabe si para sí o para la grada. Sólo él lo sabe. Sólo él tiene la llave para cambiar el asunto. El Bernabéu le adoraba y ahora no le pasa una. El Madrid empezó a despeñarse con su desplante del Clásico y su disculpa selectiva. El Madrid es mucho más grande que cualquier futbolista.
Emtr
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