Álvaro Arbeloa, nuevo entrenador del Real Madrid.
Tribunas El madridismo kamikaze de Arbeloa: el antídoto de Florentino para un vestuario anestesiadoEn un momento en que varios jugadores de la plantilla parecen haber olvidado el significado del escudo que portan en el pecho, Álvaro Arbeloa se antoja la descarga eléctrica adecuada.
Jesús Bengoechea Publicada 13 enero 2026 10:20h"¿Cómo se puede ser madridista cuando el Real Madrid ha dejado de serlo?", suelta consternado en un grupo de WhatsApp alguien a quien ha escandalizado la precipitación de los acontecimientos.
Me extraña, porque es un madridista veterano. Las últimas horas estarán bien o mal, serán fructíferas o un error histórico, pero nadie puede negar que son puro Real Madrid.
Hay poca coherencia en los críticos. Los que acusaban a Florentino de estar demasiado centrado en estadios y superligas censuran también una decisión que solo el tiempo revelará como acertada o contraproducente, pero que es cualquier cosa menos conformista con la situación deportiva.
Pocas decisiones del mandatario blanco han acarreado más riesgo.
Sin embargo, ha obrado desde una preocupación que a su vez es deudora de su pasión por el equipo, esa que muchas consideraban enterrada bajo paladas y paladas de guerras institucionales y cuestiones de hormigón.
El detonante es la baja forma física del plantel y su contrapartida más siniestra: las lesiones que han lastrado al colectivo de manera insoportable.
Xabi Alonso dando instrucciones a los jugadores del Real Madrid. EFE
El club planteó a Xabi la vuelta del preparador Pintus y el tolosarra, en postura de lealtad a los suyos que le honra, dijo que no.
Hasta aquí llega, en el Madrid, la trayectoria de un técnico brillante que no era necesariamente, o al menos no aquí ni ahora, el técnico que necesita el mejor club del mundo. Son dos profesiones distintas.
Con Pintus llega Arbeloa (plantearlo así es tan legítimo como viceversa), un hombre de la máxima confianza presidencial, con experiencia que se ciñe a la cantera si nos referimos a entrenar en sentido estricto.
No obstante, el maño fue un componente no menor en el arranque de la época dorada contemporánea del club, y se ha labrado una justa imagen de guardián de las esencias.
Radiografía del despido de Xabi Alonso: el físico y las lesiones le condenaron y los jugadores se enteraron por el comunicadoEn un momento en que varios jugadores de la plantilla parecen haber olvidado el significado del escudo que portan en el pecho, a la par que otros no lo han descubierto aún, Álvaro Arbeloa se antoja la descarga eléctrica adecuada.
Al margen de sus gustos técnicos y tácticos (que está por ver si podrá trasladar a la primera plantilla, al tratarse este de un universo diferente), Arbeloa es una transfusión de madridismo en vena, es decir, de exigencia controlada, para jugadores en aparente necesidad de glóbulos blancos.
Si esto no fuera más que una metáfora, el propio Álvaro se ocuparía de la extracción de su hemoglobina, traería los tubos y el portasuero, sentaría jugador por jugador en la camilla y aplicaría el catéter hasta reanimar las lánguidas arterias del millonariado vikingo.
Es un hombre con una aproximación práctica y pormenorizada a la grandeza.
Eso, de puertas para adentro. De puertas para afuera, el madridismo combativo de Arbeloa promete conectar con una masa social hastiada de la actitud de las instituciones contra el club.
Xabi Alonso y Florentino Pérez se saludan tras la final de la Supercopa de España. Reuters
Durante su carrera como jugador, ejerció una resistencia numantina contra la narrativa oficial, orquestada por el lobby blaugrana, que le costó su puesto en la selección.
No se calla jamás, ni compromete la verdad con paños calientes, asumiendo el coste de esta gallardía. Este carácter insobornable no sirve por sí mismo para ganar, pero tal vez sí para encandilar a una afición harta del CTA, la alargada sombra de Negreira, Tebas y la doble vara de medir de la prensa deportiva.
Su amor a la institución es del estilo kamikaze, y las ruedas de prensa prometen.
Hace justo diez años, por estas fechas, un golpe de timón similar por parte de Florentino desembocó en el inicio de un recorrido mítico.
Arbeloa no tiene sobre los jugadores la ascendencia resplandeciente que entonces adornaba a Zidane, pero sí la fuerza de la convicción y el atractivo desmesurado de quien no se casa con nadie y lo subordina todo al bien del colectivo. Nos conformamos con la mitad de lo que logró Zizou.
Buena suerte. La va a necesitar.