En pleno invierno siempre regresa un dilema clásico en los hogares españoles: ¿conviene dejar la calefacción encendida todo el día para evitar el "pico de consumo" al reencenderla o es mejor apagarla cada vez que salimos? Durante años, el miedo a una factura astronómica ha alimentado el mito de que "mantener el calor" sale más barato. Pero este invierno, los expertos han decidido zanjar la cuestión apoyándose en un aliado imbatible: las leyes de la física.
La regla de los cinco minutos. Para Jorge Morales de Labra, ingeniero industrial y analista energético, la respuesta no admite matices. Según explicó en Cadena Cope, apagar la calefacción siempre merece la pena. De hecho, lo ejemplifica de manera muy sencilla: "Aunque bajes cinco minutos a comprar el pan, económicamente compensa apagarla".
Esta afirmación tiene una base científica sólida. Tal y como detalla Morales de Labra, los sistemas de calefacción consumen energía de forma constante para compensar las pérdidas de calor que sufre la vivienda a través de muros, techos y ventanas. Si la calefacción permanece encendida mientras no hay nadie, estamos pagando por un confort que nadie disfruta, obligando a la caldera a trabajar sin descanso para contrarrestar el frío exterior.
En Xataka
Cuando lo más eficiente sale más caro: el problema de la calefacción eléctrica en Europa
Entonces, ¿por qué apagar ahorra más que mantener? La clave reside en desmitificar el "esfuerzo" que hace la caldera al arrancar. Si bien es cierto que la caldera trabaja con más intensidad para recuperar la temperatura inicial, este consumo puntual es muy inferior al gasto sostenido de mantener el sistema funcionando durante horas de ausencia.
Además, las cifras respaldan esta tesis. Según datos de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), si decidimos apagar la calefacción completamente durante la noche, el ahorro puede dispararse hasta un 67%. Por su parte, los estudios de eficiencia energética citados por El Español estiman que simplemente apagando el sistema en ausencias cortas y moderadas, una familia puede reducir su factura anual entre un 8% y un 15%. En un hogar medio, esto supone un ahorro directo de entre 50 y 120 euros al año.
El "límite invisible" de los 21 grados. Otro de los errores habituales es confundir confort con exceso de calor. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) advierte que cada grado que subimos por encima de ese umbral encarece la factura un 7%. La recomendación oficial es clara:
De día: Entre 19 °C y 21 °C es la temperatura óptima.De noche: Basta con mantenerla entre 15 °C y 17 °C, o directamente apagarla.Cabe recordar que esta regla es universal para radiadores y bombas de calor. No obstante, sistemas como el suelo radiante, que tienen una gran inercia térmica y tardan horas en calentar, requieren una gestión más estable y no se benefician de apagados de apenas minutos.
El papel crucial del aislamiento. No todo es culpa del termostato; la realidad es que casi la mitad de lo que pagamos depende de las paredes. Si tu casa tiene fugas, el calor se escapa literalmente por las rendijas, obligándote a subir los grados para no tiritar. Es un círculo vicioso que vacía el bolsillo. Por suerte, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) sugiere varios parches efectivos que no requieren meterse en obras:
Sellar corrientes: Instalar burletes en puertas y ventanas puede ahorrar hasta 100 euros anuales.Gestión de persianas: Abrirlas de día para aprovechar el sol y cerrarlas herméticamente al caer la noche para añadir una capa aislante extra.Ajustar la caldera: Recomienda bajar la temperatura de impulsión de la caldera (el agua que va a los radiadores) para mejorar la eficiencia del equipo.Ventilación inteligente: Basta con abrir las ventanas unos pocos minutos por la mañana para renovar el aire sin que las paredes lleguen a enfriarse.
Una inversión en control. El ahorro no nace de pasar frío, sino de gestionar el calor con inteligencia. Jorge Morales de Labra subraya la importancia de los termostatos inteligentes. Estos dispositivos permiten programar la calefacción para que se encienda media hora antes de que lleguemos a casa o apagarla desde el móvil si nos hemos olvidado.
En definitiva, este invierno la ciencia nos da permiso para apagar el interruptor. Calentar una casa vacía no es confort, es derroche. La verdadera eficiencia no consiste en generar más calor, sino en evitar que se escape el que ya hemos pagado.
Imagen | Freepik
Xataka | La calefacción tiene un límite invisible: pasar de esa temperatura dispara la factura sin que notes más calor
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La noticia
El "mantener la calefacción encendida sale más barato" es el gran mito del invierno: la física tiene claro que es un error
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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El "mantener la calefacción encendida sale más barato" es el gran mito del invierno: la física tiene claro que es un error
Jorge Morales de Labra lo explica de forma sencilla: "Aunque bajes cinco minutos a comprar el pan, económicamente compensa apagarla".
Más allá del botón de encendido: los trucos de la IEA para retener el calor sin gastar un euro en obras
En pleno invierno siempre regresa un dilema clásico en los hogares españoles: ¿conviene dejar la calefacción encendida todo el día para evitar el "pico de consumo" al reencenderla o es mejor apagarla cada vez que salimos? Durante años, el miedo a una factura astronómica ha alimentado el mito de que "mantener el calor" sale más barato. Pero este invierno, los expertos han decidido zanjar la cuestión apoyándose en un aliado imbatible: las leyes de la física.
La regla de los cinco minutos. Para Jorge Morales de Labra, ingeniero industrial y analista energético, la respuesta no admite matices. Según explicó en Cadena Cope, apagar la calefacción siempre merece la pena. De hecho, lo ejemplifica de manera muy sencilla: "Aunque bajes cinco minutos a comprar el pan, económicamente compensa apagarla".
Esta afirmación tiene una base científica sólida. Tal y como detalla Morales de Labra, los sistemas de calefacción consumen energía de forma constante para compensar las pérdidas de calor que sufre la vivienda a través de muros, techos y ventanas. Si la calefacción permanece encendida mientras no hay nadie, estamos pagando por un confort que nadie disfruta, obligando a la caldera a trabajar sin descanso para contrarrestar el frío exterior.
Entonces, ¿por qué apagar ahorra más que mantener? La clave reside en desmitificar el "esfuerzo" que hace la caldera al arrancar. Si bien es cierto que la caldera trabaja con más intensidad para recuperar la temperatura inicial, este consumo puntual es muy inferior al gasto sostenido de mantener el sistema funcionando durante horas de ausencia.
Además, las cifras respaldan esta tesis. Según datos de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), si decidimos apagar la calefacción completamente durante la noche, el ahorro puede dispararse hasta un 67%. Por su parte, los estudios de eficiencia energética citados por El Español estiman que simplemente apagando el sistema en ausencias cortas y moderadas, una familia puede reducir su factura anual entre un 8% y un 15%. En un hogar medio, esto supone un ahorro directo de entre 50 y 120 euros al año.
El "límite invisible" de los 21 grados. Otro de los errores habituales es confundir confort con exceso de calor. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) advierte que cada grado que subimos por encima de ese umbral encarece la factura un 7%. La recomendación oficial es clara:
De día: Entre 19 °C y 21 °C es la temperatura óptima.
De noche: Basta con mantenerla entre 15 °C y 17 °C, o directamente apagarla.
Cabe recordar que esta regla es universal para radiadores y bombas de calor. No obstante, sistemas como el suelo radiante, que tienen una gran inercia térmica y tardan horas en calentar, requieren una gestión más estable y no se benefician de apagados de apenas minutos.
El papel crucial del aislamiento. No todo es culpa del termostato; la realidad es que casi la mitad de lo que pagamos depende de las paredes. Si tu casa tiene fugas, el calor se escapa literalmente por las rendijas, obligándote a subir los grados para no tiritar. Es un círculo vicioso que vacía el bolsillo. Por suerte, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) sugiere varios parches efectivos que no requieren meterse en obras:
Sellar corrientes: Instalar burletes en puertas y ventanas puede ahorrar hasta 100 euros anuales.
Gestión de persianas: Abrirlas de día para aprovechar el sol y cerrarlas herméticamente al caer la noche para añadir una capa aislante extra.
Ajustar la caldera: Recomienda bajar la temperatura de impulsión de la caldera (el agua que va a los radiadores) para mejorar la eficiencia del equipo.
Ventilación inteligente: Basta con abrir las ventanas unos pocos minutos por la mañana para renovar el aire sin que las paredes lleguen a enfriarse.
Una inversión en control. El ahorro no nace de pasar frío, sino de gestionar el calor con inteligencia. Jorge Morales de Labra subraya la importancia de los termostatos inteligentes. Estos dispositivos permiten programar la calefacción para que se encienda media hora antes de que lleguemos a casa o apagarla desde el móvil si nos hemos olvidado.
En definitiva, este invierno la ciencia nos da permiso para apagar el interruptor. Calentar una casa vacía no es confort, es derroche. La verdadera eficiencia no consiste en generar más calor, sino en evitar que se escape el que ya hemos pagado.