La grada roja pierde la paciencia con la permisividad del árbitro, que permite y permite
Regala esta noticia Añádenos en Google Aficionados españoles en el estadio de New York/New Jersey. (AFP)Javier Ansorena
Corresponsal em Mueva York
20/07/2026 Actualizado a las 01:42h.Que nos perdone Dickens, pero la final de un Mundial también es «el mejor de los tiempos, el peor de los tiempos». Es un camino ... de 90 minutos con dos únicos destinos posibles cuando tu país llega a la pantalla última del fútbol: la alegría infinita o la tristeza infinita.
«Esto es para toda la vida», dice Miguel, un español que vive en Miami, que ha viajado por avión, tren y coche para poder llegar a Nueva York y vivir un momento histórico. Habla después de atravesar el caos que se forma a las afueras del estadio.
Resumen del España - Argentina.Después del atasco esperado para salir de Manhattan, el acceso al campo está embotellado. Es posible que muchos en este país quieran echar la culpa de todo a Donald Trump. En este caso, tienen en parte razón. La visita del presidente de EE.UU. a la final requiere controles de seguridad del Servicio Secreto, con una revisión similar a cuando se entra al aeropuerto. Hay carreras para entrar por otras puertas, gente que se cuela, otros que se enfadan, otros que llevan dos horas esperando y ven cómo otros pasan.
Una vez dentro, todo eso da igual. «No hay nada más grande que esto», celebra Jorge, de Zaragoza. Cuenta que en la víspera no tenía entrada. Estaba en la lista de espera de uno de los grupos de aficionados de España, Furia Roja. Ahora cumple su sueño, rodeado de aficionados argentinos, en un aviso de lo que se sabía: los españoles son minoría. Los cánticos de los argentinos suenan en las afueras y en las tripas del estadio, una letanía insoportable para los de camiseta roja.
«No nos importa, nos haremos escuchar», asegura Jorge. «Lo importante es hablar en el campo».
Newsletter
El gol de Ferran que da a España el Mundial.No hay mucho espectáculo en la primera parte y la americana del espectáculo del descanso parece hasta refrescante. Madonna llega en un coche conducido por Ronaldo —el bueno— y Ronaldinho. Ted Lasso saca del banquillo a Justin Bieber, con guitarra de palo. Y Shakira cierra un buen espectáculo, menos obstáculo para el fútbol de lo que se creía. Al menos en el estadio pareció cortito y al pie.
«No la han tocado», dice Juan Carlos, la cara pintada de rojo y gualda, cerveza en la mano, sobre los argentinos. Está en el fondo norte del estadio, el de mayor presencia española. En el que se baila 'Macarena' y 'Aserejé'. Los argentinos hacen como si no la conocieran. «Pero hay que marcar un gol», dice el hincha. Lo intenta España, que asedia a Argentina. Pero la alegría del fútbol no aparece.
La tensión es insoportable. El Mundial de Argentina parece que tiene guión de documental de Netflix. Con un fútbol mediocre, pero con más corazón que nadie. Remontadas, gestas, y con un héroe de casi 40 años, Messi.
Llega la prórroga y Argentina juega con uno menos. Suena en la grada española el grito ochentero de 'este partido lo vamos a ganar'. Pero no ganamos. También es ochentero 'manos arriba, esto es un atraco', cuando el árbitro anula un gol. Cuánto más perdona España, más brama la hinchada argentina. Como sus jugadores, como Scaloni, que pierde los nervios. Todos ellos rogando por los penaltis.
Pero aparece Ferran en un rechace para la historia. Ya no hay cántico argentino, sí compás de pasodoble, 'Que viva España'. Cae la tarde en Nueva Jersey y España es campeona. Pudo ser el peor de los tiempos. Fue el mejor de los tiempos.
Reportar un error