Un virus vuelve a ponernos ante una novela de terror en la que cada uno elige hasta dónde leer
Regala esta noticiaMARTA SAN MIGUEL
07/05/2026 a las 02:00h.El miedo es algo cotidiano fuera de contexto. Por ejemplo, un payaso o un pasillo son solo eso, un payaso o un pasillo, hasta que ... mutan, como la niebla solo es un efecto que impide la visibilidad; o bien un susurro, que puede ser una forma de seducir al que está enfrente pero es algo que te contrae el espinazo si suena de noche y estás solo. El miedo es lo que perturba nuestra conciencia, que se lo digan a Stephen King: «Tememos al caos. A lo extraño. Tenemos miedo al cambio y la interrupción, y eso es lo que me interesa», dice el maestro del género del terror, que escribe libros valiéndose de esta máxima como el que narra una rutina de gimnasio. Porque el miedo se entrena, y deberíamos de estar cada vez más acostumbrados a esa emoción, pero da igual las veces que nos acerquemos a ella en películas y en libros, en experiencias más o menos traumáticas, que siempre nos pilla desprevenidos y con la piel dada la vuelta, reactivos como recién nacidos, como terneros temblorosos ante un depredador. Da igual la condición social, la edad, la nacionalidad, la letra final del DNI: el miedo a la muerte y al dolor nos iguala.
Stephen King diferencia tres tipos de miedo: el terror, el horror y la repulsión. Es decir, no es lo mismo la fobia que puede provocar viajar en avión que el asco ante un puñado de escolopendras, ¿pero dónde metemos el miedo a algo invisible, a algo tan pequeño e indetectable a la vista como un virus? Seis años después de la pandemia por la covid, volvemos a vernos envueltos en esa bruma mental de dejar volar la imaginación detrás de los síntomas de una infección que tiene una baja tasa de contagio entre humanos, pero cuya letalidad ha puesto en jaque a la OMS y al entendimiento institucional en nuestro país, al acoger en Canarias a este crucero de bandera neerlandesa, afectado por esta urgencia epidemiológica.
Ahora que el barco está en casa el miedo al virus es más real, tememos su efecto, su contagio; tememos la logística que hay detrás de la necesaria contención, ¿pero tememos lo que no se ve, lo que pensamos dentro de nuestras cabezas, la propia reacción que genera esa cercanía, como si uno estuviera más seguro si ese barco siguiera en alta mar, lejos de todo, con sus 147 personas a bordo, aterrorizados, de los cuales catorce son españoles (trece pasajeros y un tripulante)? Uno elige hasta dónde leer, si taparse o no los ojos ante una película, pero como decía Stephen King «el miedo es algo innato en todos nosotros, pero lo que hacemos con ese miedo es lo que nos define».
comentarios Reportar un error