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El miedo y la culpa

El miedo y la culpa
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PASO CORTO, VISTA LARGA

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ROBERTO LÓPEZ

30/04/2026 a las 02:00h.

Vivimos atravesados por el miedo y la culpa. Acongojados, acojonados. Atrapados entre el miedo que nos inoculan y la culpa que nos autoimponemos. Entre lo ... que tememos perder y lo que creemos no estar alcanzando. Desde la publicidad de las alarmas, el dichoso anuncio, a la última decisión geopolítica. Entre Kafka y Dostoyevski, sobrevivimos, con las manos atadas y el corazón hecho un nudo.

Al ver la copa medio vacía, recuerdo la historia de Franz Kafka, aquel escritor que se inventó cartas de una muñeca viajera para consolar a una niña que había perdido la suya. Kafka, que entendía el miedo como pocos, supo entonces que no se trata de eliminarlo, sino de narrarlo de otra manera. De dar sentido a ese miedo, aunque sea inventado, para que no nos devore.

Pero si el miedo nos rodea, la culpa nos habita: uno avisa, la otra recuerda. La culpa es silente y persistente. Mucho más católica. No necesita titulares, le basta un espejo. La culpa de no llegar, de no ser suficientes, de no ser felices, bellos, jóvenes, productivos, la mejor versión. Como si la vida fuera una competición sin meta, un escaparate sin anuncio que no nos permite el desorden.

Ahí aparece Fiódor Dostoyevski, el escritor que escuchaba al abismo, que estuvo a punto de morir ante un pelotón de fusilamiento en San Petersburgo y que salió de allí, en el último suspiro, con una certeza incómoda: la de haber vivido sin entender el valor de cada instante. Carpe diem. Desde ese día, la culpa en su obra dejó de ser un castigo externo para convertirse en una herida interior, una luz límpida que no se apagó jamás.

Tal vez el gesto más revolucionario de este tiempo sea el más sencillo: aceptar que no llegamos a todo, que habrá días mediocres y sorpresas inevitables. Que el más valiente es aquel que triunfa al pánico. Que no somos héroes ni ejemplos, sino apenas personas intentando sostenerse. Y que, como aquella muñeca de Kafka, todos cambiamos con el viaje, aunque a veces no sepamos muy bien hacia dónde, ni cómo vivir entre el miedo y la culpa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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