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El mundial

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Cada cuatro años el mundo se vuelve más pequeño y más grande al mismo tiempo
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Cada cuatro años el mundo se vuelve más pequeño y más grande al mismo tiempo

Regala esta noticia Añádenos en Google Los aficionados celebran el primer tanto de la selección, obra de Lamine Yamal. (Carlos Espeso)

Manuel Vilas

24/06/2026 a las 00:04h.

Cada cuatro años el mundo se vuelve más pequeño y más grande al mismo tiempo. Más pequeño porque millones de personas miran la misma pelota. ... Más grande porque en esa pelota caben todos los países, todas las lenguas, todas las derrotas y todas las esperanzas. Recuerdo los mundiales de mi infancia. No recuerdo los resultados. Recuerdo las viejas televisiones en blanco y megro. Recuerdo el calor y los gritos en los bares. Recuerdo que a España siempre le iba mal, hasta el 2010. Recuerdo a mi mis amigos de la mili, en junio de 1986, mirando la televisión como si estuvieran esperando una noticia decisiva sobre el destino de la humanidad o de sus propias vidas. El fútbol tiene esa capacidad extravagante de convertir un partido entre once hombres y otros once hombres en una cuestión metafísica. El Mundial es una religión sin teología. No promete la vida eterna. Promete algo más extraño: la posibilidad de que una tarde cualquiera quede grabada para siempre en la memoria. Un gol de Argentina. Un penalti fallado por Inglaterra. Una carrera imposible de Brasil. Un portero marroquí volando por el aire. Un delantero croata llorando. Un niño japonés celebrando en una plaza. Un anciano mexicano abrazando a desconocidos. El Mundial es una fábrica de recuerdos que todavía no existen. Durante un mes, los países dejan de ser conceptos políticos y se convierten en emociones. Las banderas ya no pertenecen a los ministerios. Pertenecen a la gente. A los camareros. A los taxistas. A las enfermeras. A los estudiantes. A los jubilados. A quienes nunca leen periódicos y a quienes leen demasiados. A los mendigos. A nadie y a todos. Un Mundial detiene el envejecimiento de las neuronas y de las células. El Mundial es una novela escrita simultáneamente por miles de millones de personas. Y siempre hay una melancolía secreta. Porque sabemos que terminará. Sabemos que llegará la final. Sabemos que alguien levantará la copa. Sabemos que después volverán los lunes, las facturas, los correos electrónicos y los semáforos en rojo. Pero durante unas semanas vivimos dentro de una excepción. Por eso el Mundial no trata realmente de fútbol.Trata del tiempo. Trata de cómo una persona de sesenta años puede recordar mundiales de su juventud. Trata de cómo un niño descubre por primera vez la alegría colectiva. Trata de la memoria futura. Y cuando todo acaba, cuando los estadios se vacían y las camisetas regresan a los armarios, queda una sensación parecida a la que dejan los grandes veranos: la certeza de que hemos sido felices durante un instante y la sospecha de que quizá no lo supimos del todo mientras ocurría. El tiempo es el gran protagonista de un Mundial. ¿Cuántos mundiales has visto en esta vida? Espero que este lo gane España. Necesitamos un subidón de autoestima.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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