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El mundo de Evaristo Guerra

El mundo de Evaristo Guerra
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Hunde sus raíces en el paisaje de su tierra, pero ha encontrado un estilo que lo distingue y eleva lo local a universal

LA TRIBUNA

El mundo de Evaristo Guerra

Hunde sus raíces en el paisaje de su tierra, pero ha encontrado un estilo que lo distingue y eleva lo local a universal

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SEBASTIÁN GÁMEZ MILLÁN

PROFESOR DE INSTITUTO Y ESCRITOR

11/09/2026 a las 02:00h.

El mundo de Evaristo Guerra (Vélez-Málaga, septiembre de 1942) hunde sus raíces en la naturaleza y, en particular, en el paisaje de su tierra: ... la Axarquía, Málaga, Andalucía, España, espacios todos pintados por él. Pero cualquiera que se asome a su obra puede reconocer en ella un pequeño paraíso terrenal. ¿El paraíso de la infancia? Más bien es el paraíso de la inocencia. Antonio Machado escribió: «Se canta lo que se pierde». ¿Y qué hay que tarde o temprano no se pierda? Tengo para mí que la creación, el anhelo de crear algo perdurable a través del arte, surge de la conciencia de la mortalidad y del deseo de sobrevivir.

Hay al menos dos tipos de artistas: aquellos que están experimentando en una metamorfosis sin fin, como Picasso -si bien este 'picassizó' cuanto tocó, incluida la propia historia del arte-, y aquellos otros que descubren su estilo y no dejan de expresarse mediante él. De todos los géneros de la pintura en el que más sobresale Evaristo Guerra es en el paisaje. Se trata de un tema universal. Ciertamente los humanos no tenemos un hábitat, sino mundo, pero todos pertenecemos a unos paisajes que nos condicionan, si es que no nos determinan para ser como somos.

La creación, el anhelo de crear algo perdurable a través del arte, surge de la conciencia de la mortalidad y del deseo de sobrevivir

Algunas investigaciones apuntan que los paisajes que despiertan en los seres humanos mayor placer reúnen las siguientes características: a) espacios abiertos de césped o hierbas bajas con algunos núcleos de arbustos o agrupaciones de árboles; b) la presencia visible y directa de agua o, al menos, que esa presencia se advierta de cerca o a lo lejos; c) una abertura en al menos una dirección que ofrezca una visión panorámica del horizonte; d) signos de vida animal o de aves; f) diversidad de vegetación que incluya flores y árboles frutales. Exceptuando la cuarta, los paisajes de Evaristo Guerra reúnen estas características.

La ermita de Vélez-Málaga es su proyecto más ambicioso, estuvo pintando allí durante 12 años. Después de que artistas como Piero della Francesca, Miguel Ángel, Goya, Matisse o Picasso pintaran espacios sagrados, cualquier pintor sueña con ello. Evaristo Guerra representa bajo su peculiar estilo los paisajes y oficios de su tierra con tal lujo de detalles que si Dios está en ellos, allí habita. Puesto que todo pintor se pinta a sí mismo, como hizo Rafael en La Escuela de Atenas, Velázquez en Las Meninas o Goya en La familia de Carlos IV, Evaristo se autorretrata con los instrumentos de su vocación, el pincel y la paleta, incluso de joven, repartiendo pan, pero siempre con los pinceles para no malgastar el tiempo, la inasible sustancia con la que se teje nuestra vida.

Por lo que respecta a los colores, como advirtió Félix de Azúa: «No hay artista, de Da Vinci a Van Gogh, de Durero a Goya, que no haya dejado noticia de sus invenciones cromáticas. Son notas de un lirismo tan inmediato que nos hacen sonreír, pero sobre ellas descansa la posibilidad misma de la pintura, porque los colores no son cuerpos, sino figuras, y un pintor sin su propia y original leyenda cromática, sin un color significador del mundo, un color capaz de hacer mundo, de figurarlo, carece de todo interés».

¿Cuáles son los colores de Evaristo Guerra? Como del abecedario surgen todas las palabras, incluso los neologismos todavía por nacer, de los cinco colores primarios emergen todos los colores, incluso los que aún desconocemos. Evaristo Guerra mantiene una lucha sin tregua con la pintura en busca del color idóneo, explorando y descubriendo nuevos colores, entre los que sobresalen los violáceos, los rosáceos y los anaranjados, haciéndolos siempre suyos, con mucha luminosidad. Los colores de Evaristo son los de la inocencia, inocencia que es el paraíso perdido y recobrado, inocencia que es amor.

Estos colores se perciben a lo largo de toda su trayectoria, pero en especial reverberan en 'Homenaje a la luz de Andalucía', una de sus indiscutibles obras maestras, que merecería ocupar un espacio privilegiado a la vista en el Parlamento de Andalucía por cómo representa nuestra comunidad autónoma y uno de los aspectos que la distingue y enriquece, la luz.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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