Lunes, 09 de marzo de 2026 Lun 09/03/2026
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Política

El mundo no necesita ni un salvador más

El mundo no necesita ni un salvador más
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"El 'No a la guerra 2026' de Sánchez no es el eslogan para unas elecciones, sino la excusa para seguir sin convocarlas" Leer

Si algo no necesitaba el mundo era otro salvador. Si por norma se debe desconfiar de quien se presenta como faro de la humanidad que viene a librarnos del mal, la posición defensiva debe reforzarse si quien lo hace es Súperpedro desde el kilómetro 3 de la carretera de La Coruña.

Las crónicas informadas explicaban ayer que Sánchez no va a adelantar las elecciones. La situación seguiría siendo la misma, es decir, que se celebrarán cuando le convenga a él. Con una diferencia valiosa: ahora tiene una nueva narrativa. El superhéroe progresista lleva mucho tiempo buscando algo sustancial que decir frente a la kryptonita de corruptelas y minorías parlamentarias que marca su existencia, y ahora está seguro de haberlo encontrado. El perfil que se ha ido trabajando de antagonista del villano de pelo naranja ha dado al fin sus frutos. La negativa a aumentar el gasto militar, la actuación en la cumbre de la OTAN desmarcándose de la foto de familia, la campaña contra Israel por la Guerra de Gaza, los tuits contra Elon Musk y la política de puertas abiertas a la inmigración como alternativa a las redadas del ICE fueron la semilla de la planta que ahora ve germinar con la guerra en Irán.

El No a la guerra 2026 no es el eslogan para unas elecciones, sino la excusa para seguir sin convocarlas. Qué importará no tener presupuestos o que tus principales colaboradores estén en la cárcel cuando está en juego el futuro de la humanidad. Sánchez se ve más necesario que nunca entre tanto líder europeo melifluo y en el futuro solo ve muchas más oportunidades de confrontar con Trump, Israel y los tecno-oligarcas. Además, no es tan sencillo remontar rápido unas encuestas tan torcidas como consolidadas. Tener más tiempo permitirá explotar las imprevisibles consecuencias del conflicto en Oriente Medio, dará margen a los socios para organizar el neo-Sumar y ofrecerá a Vox la oportunidad de seguir sumiendo a las autonomías en la parálisis con su oferta de solucionar el desgobierno con más desgobierno.

Como se ve, cuentas de la lechera en las que no hay espacio para pensar qué es lo mejor para España. A estas alturas no debería haber dudas de que si algo es bueno para él, pero malo para el país, a Sánchez le vale. Pero no deja de ser frustrante la incapacidad para afrontar nada como asunto de Estado. El Palacio de la Moncloa se transformó en una oficina de Ferraz y ha convertido nuestra política exterior en una herramienta electoral más. Así, el ministro Albares aplica las altas preocupaciones morales que ha exhibido estos días como Tezanos hace las encuestas: a la carta. En los lugares en los que la posición de España es definitoria se aplica con toda crudeza la real-politik y los derechos humanos de los saharauis o del pueblo venezolano se dejan en un conveniente segundo, tercero o último lugar. Allí donde España no tiene ninguna influencia es donde el Gobierno se reserva sus más altos valores, de Gaza a Irán.

El riesgo inmediato de esta exhibición es el colapso de la relación con EEUU. Entre tanto jolgorio antiamericano es siempre difícil poner en valor la importancia de la alianza con Washington y entender por qué los líderes europeos no son unos tuercebotas, sino dirigentes que se conducen con prudencia. La modernidad y el desarrollo económico llegaron a España después de un pacto con EEUU que nos incorporó a la esfera occidental y no antes. Ochenta años después ese acuerdo sigue vigente, permite al Pentágono utilizar nuestras bases, como se ha visto esta semana, y continúa siendo el paraguas que garantiza que podamos vivir en paz. Si alguien quiere que deje de ser así, que explique la alternativa. La opción europea se alejó en el momento en que Sánchez se negó a colaborar en Defensa porque Rusia está muy lejos y las terceras vías dan bastante más miedo que las diatribas diarias de Trump. La norma según la cual la solución a un problema no debe generar un problema mayor sirve para aplicarla con el salvador de la Casa Blanca, pero encaja también a la perfección con el nuestro.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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