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El Nokia que se quedó para siempre: 18 años de un móvil incrustado en una acera de El Borge

El Nokia que se quedó para siempre: 18 años de un móvil incrustado en una acera de El Borge
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Cuatro vecinos lo dejaron a modo de broma durante unas obras de reforma de una calle en enero de 2008 y el terminal continúa en el mismo lugar

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Imagen del terminal incrustado en la acera de El Borge. AXARQUÍAPLUS El Nokia que se quedó para siempre: 18 años de un móvil incrustado en una acera de El Borge

Cuatro vecinos lo dejaron a modo de broma durante unas obras de reforma de una calle en enero de 2008 y el terminal continúa en el mismo lugar

Eugenio Cabezas

Viernes, 16 de enero 2026, 00:18

... moverse del mismo sitio. No porque nadie lo custodie ni porque tenga valor alguno, sino porque un día, casi sin darse cuenta, se quedó ahí para siempre. Empotrado en una acera de la calle Guillermo Pérez, junto a la Carnicería El Lugá, el teléfono forma parte ya del suelo, del paisaje y de la memoria pequeña del pueblo axárquico que presume de ser la capital de la uva pasa moscatel de Alejandría.

«Fue una broma, me lo llevé al trabajo y le dije al concejal 'vamos a montar una centralita de teléfono en la calle'»

«Ya no servía para llamar, que era lo que se hacía entonces o mandar mensajes de texto», recuerda hoy Salvador Alarcón, que entonces apenas pasaba de los veinte y ahora, 18 años después, vuelve a señalar el lugar exacto donde quedó atrapado. «El Nono le dijo a Salvador Moya, medio en broma: déjalo ahí. Y ahí se quedó». «Recuerdo que lo compré en Málaga cuando estaba trabajando en el mercado de Huelin, por el año 2000 y que me duró bastantes años, no como los 'smartphones' de ahora que a cada poco se rompe la pantalla», apunta Moya, quien recuerda que en esa primera década de este siglo la cobertura en el pueblo era escasa.

No hubo acto solemne ni decisión meditada. Solo una risa, un gesto rápido y una paleta de cemento. «Iba lecheando y le limpié lo que pude y seguimos trabajando», cuenta Alarcón, hoy con 39 años y todavía ligado a la construcción. Nadie pensó que aquel teléfono, inservible ya entonces, acabaría resistiendo casi dos décadas bajo el sol, la lluvia y el paso constante de los vecinos. «Es que esos móviles sí que eran duros», dice, con media sonrisa. «Con estos se jugaba a la serpiente», añade, como quien recuerda una infancia sin pantallas táctiles.

Una curiosidad

Desde entonces, el Nokia ha visto pasar ferias, inviernos, veranos, obras nuevas y conversaciones repetidas. Ha sobrevivido al cambio de modas, a la llegada de los 'smartphones' y a la obsolescencia acelerada de todo. Nadie lo ha arrancado. Nadie se ha quejado. En un pueblo de apenas un millar de habitantes, el móvil ha sido aceptado como se aceptan las cosas que no molestan: con naturalidad.

«Siempre acaba saliendo el tema cuando alguien pasa por aquí y se da cuenta del detalle», comentan los vecinos. Es una curiosidad, una anécdota, un guiño del pasado, consecuencia de una 'trastada', una travesura de aquella cuadrilla de albañiles que trabajaban temporalmente para el Ayuntamiento.

«Siempre acaba saliendo el tema cuando alguien pasa por aquí y se da cuenta del detalle», comentan los vecinos

Resulta casi irónico que este pequeño gesto improvisado haya convivido sin problemas con el día a día del municipio axárquico, mientras otras decisiones mucho más formales sí han generado debate y polémica, como el reciente cambio del nombre de la avenida Che Guevara, sustituido por el de avenida La Pasa para reforzar la identidad agrícola local, el pasado mes de noviembre. Aquello llenó titulares, plenos y discusiones. El móvil, en cambio, no ha levantado nunca la voz.

Hoy, el viejo Nokia sigue ahí, mudo y fuera de servicio, pero cargado de significado. No llama, no vibra y no se enciende. Solo recuerda. Recuerda una obra cualquiera, una broma, una travesura sin importancia y una época en la que los teléfonos no se rompían tan fácilmente… y en la que, sin saberlo, hasta un móvil podía acabar echando raíces en un pueblo del interior de la Axarquía.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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