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El obispo inolvidable

El obispo inolvidable
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Los rocieros malagueños homenajean a monseñor Ramón Buxarrais (96 gozosos años) en la residencia El Buen Samaritano. Su paso de vivir en el Palacio del Obispo a hacerlo entre los presos y los pobres de Melilla fue una de las noticias más impactantes en Málaga en los 90

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El obispo inolvidable

Los rocieros malagueños homenajean a monseñor Ramón Buxarrais (96 gozosos años) en la residencia El Buen Samaritano. Su paso de vivir en el Palacio del Obispo a hacerlo entre los presos y los pobres de Melilla fue una de las noticias más impactantes en Málaga en los 90

Regala esta noticia Añádenos en Google Ramón Buxarrais recibe de los rocieros malagueños un cuadro del Simpecado. (SUR)

Pedro Luis Gómez

28/06/2026 a las 02:00h.

Málaga tiene la fortuna de contar entre sus vecinos con quien fue su obispo durante casi dieciocho años. A sus 96 años, desde la serenidad ... de la Casa del Buen Pastor, Ramón Buxarrais Ventura sigue representando una de las páginas más luminosas de la historia reciente de la Iglesia malagueña, y un ejemplo moral y pastoral para los cristianos malagueños.

Sin embargo, su gesto más admirable estaba aún por llegar: en 1991 sorprendió a todos al presentar su renuncia como obispo de Málaga. La noticia, inesperada y desconocida para casi todos, fue un verdadero impacto social y mediático. Podía haber continuado años en el cargo. Nadie le pedía que se marchara. Pero entendió que había llegado el momento de vivir el Evangelio desde otra perspectiva. Dejó atrás honores, despachos y tratamientos para marcharse junto a los más pobres.

En Melilla y en Nador, compartió durante décadas la vida de enfermos, ancianos, presos y personas sin recursos. Allí no fue un obispo retirado. Fue un servidor. Un hombre que eligió acompañar a quienes menos tenían. Mientras otros predicaban sobre la pobreza, él decidió vivirla de cerca. Mientras muchos hablaban de solidaridad y entrega, Buxarrais la practicó cada día. Por eso su figura provoca admiración incluso entre quienes no comparten sus creencias religiosas, ya que el obispo emérito representa valores universales: coherencia, humildad, generosidad y compromiso con los demás. Servicio evangélico que diría el añorado agustino Laureano Manrique. El no quiere nada (nunca lo quiso), y tiene una calle (decisión vecinal) con su nombre, pero aunque sea un reconocimiento digno, quizás sea insuficiente para una figura que marcó profundamente la Iglesia malagueña y que dio un testimonio excepcional de desprendimiento al dejar el Palacio Episcopal para vivir entre los pobres.

En una época en la que con frecuencia se confunden el éxito y la notoriedad con la verdadera grandeza, la vida de monseñor Buxarrais nos recuerda que los mayores reconocimientos no suelen llegar de los aplausos, sino del servicio silencioso.

Málaga le debe mucho. Y quienes hemos tenido la oportunidad de conocer su trayectoria sabemos que constituye uno de los ejemplos humanos más extraordinarios que se ha dado en esta tierra en las últimas décadas. Un hombre bueno. Y eso, en definitiva, es quizá el elogio más grande que puede hacerse de una persona. Muchos echamos de menos sus maravillosas y comprometidas 'Cartas a Valerio', que se quedó huérfano con la marcha del que fuera obispo de Málaga de la diócesis.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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