Pese a que tratamos de conocer mucha información sobre el espacio que nos rodea, la realidad es que todavía queda mucho por conocer aquí en la Tierra. Esto es lo que evidenciamos en agosto de 2023 cuando la expedición Seascape Alaska 5 a más de 3.200 metros de profundidad en el golfo de Alaska, encontró una semiesfera dorada, brillante y con un agujero en el centro. Y la pregunta era clara: ¿cómo había llegado ahí?
Muchas preguntas. Cuando estos hallazgos se vieron en directo, los propios investigadores bromearon diciendo que parecía el principio de una película de terror, y las redes sociales no dudaron en bautizarlo como el "huevo alienígena". El problema aquí es que la comunidad científica no tenía ni idea de qué hacía ese artefacto pegado a una roca en el fondo marino. Pero tres años después este misterio se ha resuelto.
En Xataka
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No es alienígena. Tras ser extraído del fondo marino, el enigmático espécimen fue enviado a los laboratorios del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, donde un equipo de investigación se puso manos a la obra para poder determinar qué era aquello. Y para la decepción de muchos, no se trata de un espécimen que venía de fuera de nuestro planeta.
Los resultados, publicados hace pocos días, relatan cómo los investigadores decidieron extraer y secuenciar el ADN mitocondrial del tejido y, a partir de este, lo cruzaron con las grandes bases de datos de genomas que ya son conocidos y descartaron de esta manera que no era una esponja marina, un biofilm bacteriano y tampoco era un huevo.
¿Qué era? Aquí el código genético apuntó directamente a una especie que fue catalogada en 2006 como Relicanthus daphneae y de la que, si buscamos una fotografía, nos sorprenderemos al ver una especie de anémona gigante de las profundidades con tentáculos que pueden medir más de dos metros. Y esto nos hace preguntarnos lo siguiente: ¿por qué el espécimen de Alaska parecía una esfera dorada y lisa?
Y aquí el equipo de investigación apunta a que el orbe dorado encontrado en las profundidades marinas no era un animal en si, sino un "relicto cuticular".
¿Qué es exactamente? En otras palabras, se trata de los restos de la base o "pie" que esta anémona utiliza para anclarse a las rocas del fondo marino, resistiendo las fuertes corrientes abisales. De esta manera, cuando la anémona muere, se desprende o se traslada; esta base carnosa y resistente queda atrás.
¿Y el agujero? Este fue un punto que inquietó mucho a los investigadores en 2023, pero la realidad es que no era la marca de eclosión de una criatura, sino que simplemente es un desgarro natural en este tejido residual. Lo curioso aquí es que este hallazgo también encaja con otro espécimen similar recogido en 2021, confirmando que este "molde" dorado es un rastro habitual de la especie tras su muerte.
Imágenes | NOAA
En Xataka | Hemos perforado el fondo marino a 2.500 metros de profundidad. Y hemos encontrado cosas que no creíamos posible
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La noticia
El océano engañó a los científicos con este "huevo alienígena". Casi tres años después, tenemos la respuesta
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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El océano engañó a los científicos con este "huevo alienígena". Casi tres años después, tenemos la respuesta
Antes de recogerlo, los más curiosos pensaban que se trataba de un huevo alienígena
Pese a que tratamos de conocer mucha información sobre el espacio que nos rodea, la realidad es que todavía queda mucho por conocer aquí en la Tierra. Esto es lo que evidenciamos en agosto de 2023 cuando la expedición Seascape Alaska 5 a más de 3.200 metros de profundidad en el golfo de Alaska, encontró una semiesfera dorada, brillante y con un agujero en el centro. Y la pregunta era clara: ¿cómo había llegado ahí?
Muchas preguntas. Cuando estos hallazgos se vieron en directo, los propios investigadores bromearon diciendo que parecía el principio de una película de terror, y las redes sociales no dudaron en bautizarlo como el "huevo alienígena". El problema aquí es que la comunidad científica no tenía ni idea de qué hacía ese artefacto pegado a una roca en el fondo marino. Pero tres años después este misterio se ha resuelto.
No es alienígena. Tras ser extraído del fondo marino, el enigmático espécimen fue enviado a los laboratorios del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, donde un equipo de investigación se puso manos a la obra para poder determinar qué era aquello. Y para la decepción de muchos, no se trata de un espécimen que venía de fuera de nuestro planeta.
Los resultados, publicados hace pocos días, relatan cómo los investigadores decidieron extraer y secuenciar el ADN mitocondrial del tejido y, a partir de este, lo cruzaron con las grandes bases de datos de genomas que ya son conocidos y descartaron de esta manera que no era una esponja marina, un biofilm bacteriano y tampoco era un huevo.
¿Qué era? Aquí el código genético apuntó directamente a una especie que fue catalogada en 2006 como Relicanthus daphneaey de la que, si buscamos una fotografía, nos sorprenderemos al ver una especie de anémona gigante de las profundidades con tentáculos que pueden medir más de dos metros. Y esto nos hace preguntarnos lo siguiente: ¿por qué el espécimen de Alaska parecía una esfera dorada y lisa?
Y aquí el equipo de investigación apunta a que el orbe dorado encontrado en las profundidades marinas no era un animal en si, sino un "relicto cuticular".
¿Qué es exactamente? En otras palabras, se trata de los restos de la base o "pie" que esta anémona utiliza para anclarse a las rocas del fondo marino, resistiendo las fuertes corrientes abisales. De esta manera, cuando la anémona muere, se desprende o se traslada; esta base carnosa y resistente queda atrás.
¿Y el agujero? Este fue un punto que inquietó mucho a los investigadores en 2023, pero la realidad es que no era la marca de eclosión de una criatura, sino que simplemente es un desgarro natural en este tejido residual. Lo curioso aquí es que este hallazgo también encaja con otro espécimen similar recogido en 2021, confirmando que este "molde" dorado es un rastro habitual de la especie tras su muerte.