Jueves 7 de mayo. Centro Cultural La Malagueta
El otro lado de María Esteve: guardiana de la danza, gestora cultural y maestra del ganchilloLa actriz, que visita el 7 de mayo el ciclo 'Málaga, ida y vuelta', compagina la interpretación con su labor al frente de la Fundación Antonio Gades. «Cuando al actor no se le ve, no ha muerto»
Regala esta noticia María Esteve estará el 7 de mayo en el Centro Cultural La Malagueta. (Sur) 05/05/2026 a las 16:05h.Nunca se ha ido, pero no siempre ha estado en el centro del foco. Y hace tiempo que eso dejó de importarle a María Esteve. ... Lo aprendió desde pequeñita en casa, como hija de dos titanes de la escena que colocaron el éxito y la felicidad en un lugar distinto al que se esperaba de ellos (Pepa Flores y Antonio Gades), y la experiencia de los años se lo ha confirmado. «Ahora hago las cosas por el simple hecho de disfrutarlas», explica la actriz. Este jueves 7 de mayo María Esteve protagoniza el ciclo 'Málaga, ida y vuelta' en el Centro Cultural La Malagueta (19.00 horas), una ocasión para descubrir todos los lados de una mujer polifacética y también tremendamente honesta. «A la gente cuando no se la ve, no ha muerto. Hace muchas cosas y en ocasiones muy interesantes», comenta entre risas.
«Mi madre me decía siempre 'vive donde tengas el cuerpo' y eso hago: disfrutar de los momentos con amigos y de la naturaleza»
Habla con orgullo de «la figura de Gades», «de la magnitud y la importancia creativa del coreógrafo». «Es de una riqueza cultural tan grande que hay un momento en el que se difumina el parentesco para empezar a trabajar con un legado artístico de unas dimensiones brutales», apunta. Como dice, hoy hay «millones de 'Carmen', pero hasta la suya con Carlos Saura «no había ninguna». «Y su 'Bodas de sangre' da el pistoletazo de salida al uso de la danza española como base narrativa de una historia», añade. Y eso hay que protegerlo y difundirlo. «Porque la danza es una expresión pura del pueblo. Cuando uno no puede hablar, intenta decirlo cantando; y cuando ya no hay recursos con la música, lo hace con el cuerpo bailando».
Pero en cuanto la agenda de la fundación se lo permite, María Esteve se entrega a la vida sin prisas. «Me quito el moño pulido y me hago la coleta en medio de la frente, me pongo los pantalones del chándal, meto en el coche a mi perro Boquerón y tiro millas. Para mí eso es la vida, la realidad de la vida. Mi madre me decía siempre 'vive donde tengas el cuerpo' y eso hago, disfrutar de los momentos de calidad con mis amigos y de mi vínculo con la naturaleza, que para mí es imprescindible», reflexiona sobre sus constantes escapadas al campo o a Málaga, donde vive toda su familia. Admite que antes solía pensar que su realización personal iba directamente de la mano del éxito en el trabajo, pero como escribió en su perfil de Instagram: «Ahora este pensamiento me parece de otro mundo«.
En su profesión parece que si no tienes fama y gloria, «no tienes nada». «Nosotros los actores hemos sufrido toda la vida de '¿qué fue de este?', como si te hubieras muerto, o el 'para lo que ha quedado'. Ese tipo de comentarios siempre han sido muy crueles porque hablan de las personas como si fueran objetos, y además objetos sin valor, que tienen la importancia del último trabajo que has realizado», cuenta. Eso genera muchísimas inseguridades, que en algunos casos se traduce en una actitud altiva, «como una protección, porque si le quitas eso lo desarmas».
Lecciones de vida
No es su caso. Ella llegó a ese mundo de las cámaras, las alfombras y los focos ya aprendida. «He tenido la suerte inmensa de nacer en una familia donde esto lo he vivido, lo he gestionado y me lo han enseñado desde el día que nací», explica la hija de la eterna Marisol. En su hogar el éxito tenía otras acepciones: para su madre el triunfo fue apartarse de la vida pública por completo para dedicarse a ella y su familia. «Ese acto concreto de mi madre es un ejemplo», dice. También su padre le dio lecciones de vida. «Ya muy enfermo, con un desenlace inminente, cogió un velero y se hizo Alicante-Cuba. Y a una le duele la espalda y está sentada en un sillón quejándose, ¿sabes?», cuenta.
Lo que ha vivido en su casa, unido a la experiencia de la edad, le ha hecho tener claro «lo que tiene importancia en la vida»: «estar en paz, rodearte de buenas personas, ocupar tu tiempo libre». «Yo antes pensaba. ¿para qué voy a pintar si ya no voy a ser pintora?, ¿para qué voy a hacer ganchillo si no voy a hacer una línea de ropa? Parecía que todo el tiempo tenía que ser productiva. Ahora no. Ahora hago las cosas por el simple hecho de disfrutarlas, sin necesidad de que tengan ningún tipo de salida más que mi disfrute personal en el momento», señala.
Y ahí entra su afición al ganchillo. «Es una terapia. Con el ganchillo, hasta en los momentos más feos, tus manos crean algo bonito. Y cuando tú te das cuenta de que en esa situación en la que pensabas que nada podía ir peor, has sido capaz de crear algo, eso te da equilibrio», relata. Un vistazo rápido a su perfil de Instagram revela su pericia tejiendo desde vestidos hasta toquillas. Recuerda cómo su abuela María le pedía que pusiera las dos manitas para ir girando sobre ellas los hilos y componer la madeja. «Pero he sido autodidacta. Igual que con el bricolaje, yo hago la mayoría de las reformas, reformas fáciles», puntualiza entre risas.
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