Tal vez la misión de León XIV no sea devolver la fe a los creyentes. Tal vez sea recordar a los incrédulos que una sociedad necesita algo más que dinero, consumo y algoritmos para seguir existiendo
Regala esta noticia Añádenos en Google El Papa León XIV saluda durante un acto a su paso por Madrid. (Ricardo Rubio / EP) 10/06/2026 a las 00:04h.Cuando León XIV pisó Madrid, pensé en mi padre. No porque mi padre fuera religioso. No lo era. O lo era a su manera, como ... eran religiosos los españoles de una generación que seguía entrando en las iglesias para despedir a los amigos muertos. Pensé en él porque los papas son una forma de medir el tiempo. Hay personas que recuerdan su vida por los mundiales de fútbol. Otras por los gobiernos. Yo empiezo a creer que los papas también sirven para contar los años. Juan Pablo II fue la juventud del mundo. Benedicto XVI fue el cansancio de Europa. Francisco fue un quiero y no puedo. Y León XIV llega cuando Occidente parece un hombre que ha perdido las llaves de su propia casa.
Vivimos rodeados de tecnologías milagrosas y, sin embargo, cada vez parece más difícil creer en el futuro. La palabra futuro se ha vuelto sospechosa. Mis padres creían en el futuro. Yo creo en la memoria. Los jóvenes creen en las pantallas. Y en medio de esa transición aparece un hombre vestido de blanco hablando de paz. Es una imagen antigua y, al mismo tiempo, radicalmente nueva.
Me gusta este Papa. No sé por qué, pero me gusta. Me parece que este Papa sí tiene que ver con Dios. Tal vez la misión de León XIV no sea devolver la fe a los creyentes. Tal vez sea recordar a los incrédulos que una sociedad necesita algo más que dinero, consumo y algoritmos para seguir existiendo.
No sé cómo será el pontificado de León XIV. Pero es americano. Y los americanos son nuevos, quiero decir que no están gastados por la historia y la ideología como lo estamos los europeos. Quizá dentro de veinte años recordemos este comienzo como un instante más de la historia. O quizá no. Quizá recordemos simplemente la imagen de un hombre vestido de blanco asomándose a un balcón mientras millones de personas levantaban la vista. A mí me habría gustado conocerle, conocerle como escritor, que es lo que soy, pero se ha ido a cenar con los reyes y con los poderosos, como siempre. No lo conoceré jamás. Tiene otra agenda. Nunca estoy en la agenda de los poderosos de este mundo. Tal vez sí esté mi nombre en la agenda de Jesús de Nazaret. Pero esa agenda no existe.
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