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El Papa no viste de Prada

El Papa no viste de Prada
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Los últimos pontífices demuestran que el vestuario sigue siendo una poderosa herramienta de comunicación
El Papa no viste de Prada

Los últimos pontífices demuestran que el vestuario sigue siendo una poderosa herramienta de comunicación

Regala esta noticia Añádenos en Google Zapatos rojos de Benedicto XVI. (R.C.)

Gloria Salgado

Madrid

07/06/2026 a las 00:09h.

La historia de los papas también puede contarse desde su vestidor. Uno que, durante siglos, ha funcionado como un sofisticado lenguaje visual donde cada color, ... cada tejido y cada accesorio tiene un significado. Mucho antes de que existieran las pasarelas, la Iglesia ya entendía el poder de la imagen. Y la moda, por supuesto, siempre ha bebido de ese imaginario: los bordados, las capas ceremoniales, las coronas, los símbolos de poder y trascendencia. Por eso resulta tan fascinante observar cómo los últimos pontífices han construido una identidad propia a través de la ropa.

Con Benedicto XVI llegó algo distinto. El teólogo alemán, aparentemente austero, resultó ser uno de los papas con mayor sensibilidad estética de la era contemporánea. Recuperó elementos que habían caído en desuso y devolvió protagonismo a los zapatos rojos, convertidos casi en un asunto de Estado. Tanto que en 2007 el Vaticano tuvo que salir al paso de los rumores que atribuían el calzado a Prada: «El Papa no viste de Prada, viste de Cristo», destacando el significado espiritual del rojo, símbolo de la sangre derramada por los mártires.

Aquella recuperación de la tradición tuvo también nombres propios. Uno de ellos fue Filippo Sorcinelli, artista y diseñador italiano especializado en vestiduras litúrgicas, responsable de algunas de las piezas más reconocibles del pontificado de Benedicto XVI. Contribuyó a devolver protagonismo a tejidos históricos, bordados artesanales y una concepción de la indumentaria religiosa entendida como una forma de arte. En una época dominada por los directores creativos estrella, Sorcinelli demostraba que el Vaticano seguía siendo uno de los lugares donde la ropa conserva intacta su dimensión simbólica.

Francisco eligió el camino opuesto. Desde su primera aparición en el balcón de San Pedro dejó claro que la austeridad sería también una declaración estética. Renunció a muchos de los elementos más ornamentales del cargo, mantuvo sus sencillos zapatos negros y convirtió la sobriedad en una forma de comunicación.

Detrás de estos cambios de estilo también hay artesanos que han visto pasar la historia desde la trastienda. Uno de ellos es Raniero Mancinelli, el sastre romano que ha vestido a Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, y que volvió a preparar las tradicionales sotanas blancas para el cónclave de 2025. Mientras los pontífices cambiaban de lenguaje estético, él seguía cosiendo el uniforme de una institución que lleva dos mil años reinventándose sin dejar de parecer la misma. Fue él quien contó que conoció a Jorge Mario Bergoglio cuando aún era cardenal y que, al saber el precio de una faja que le encargó, reaccionó con una carcajada y una frase que parecía anticipar todo su pontificado: «Vos sos un ladrón».

Y entonces llegó León XIV y sus zapatillas Nike, convertidas en objeto de conversación global. El debate sobre si el Papa llevaba Prada ha pasado a ser sobre qué modelo de Nike calza. Quizá sea una señal de los tiempos. Hoy unas zapatillas pueden generar tanto relato como unos zapatos de cuero rojo hechos a medida.

De hecho, la conversación ya no se limita a las redes sociales. Apenas unos meses después de su elección, Vogue incluyó a León XIV entre las cincuenta personas mejor vestidas de 2025 junto a Timothee Chalamet, Bad Bunny, Rihanna, Miuccia Prada y Michelle Obama. La biblia de la moda destacó la ruptura con los gustos humildes de su predecesor, el papa Francisco, «pero mantuvo su sastre y el legado papal de vestimentas litúrgicas de excelente corte», considerando su mejor estilismo el elegido para su primera aparición como Papa, con una capa de muceta de satén rojo y una estola de color rojo vino bordada en oro.

Que una revista de moda analice el atuendo de un pontífice junto al de actores, músicos o diseñadores muestra que la estética religiosa sigue siendo objeto de fascinación cultural. La moda continúa mirando a la religión en busca de símbolos, teatralidad y significado. No es casualidad que una de las exposiciones más exitosas de la historia reciente del Metropolitan Museum de Nueva York estuviera dedicada precisamente a la influencia del catolicismo en la creación contemporánea.

Entre la muceta roja de Juan Pablo II, los zapatos escarlata de Benedicto XVI, la austeridad de Francisco y las Nike de León XIV hay mucho más que una cuestión de estilo. Hay una historia sobre poder, tradición, comunicación y cambio de época. Porque, al final, quizá el Papa no vista de Prada, pero sigue vistiendo un relato.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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