España acoge a partir del próximo fin de semana uno de esos acontecimientos que nos ponen a prueba como país. Las cifras que se manejan para la visita del Papa León XIV son desconcertantes por su magnitud: más de medio millón de jóvenes en la Vigilia de la Plaza de Lima de Madrid, más de un millón de personas en la misa en Cibeles la mañana siguiente, miles de personas registradas ya para los eventos de Barcelona... Una señal de que lo que viene es apabullante. España será durante siete días el epicentro espiritual del catolicismo en un momento clave para la Iglesia, para su papel en un mundo en pleno proceso de cambio y para las personas que la componen.
León XIV acaba de cumplir un año de pontificado y su protagonismo no ha dejado de aumentar. Su defensa de la paz le ha situado como una némesis involuntaria del vendaval trumpiano, y su solidaridad con los necesitados y los marginados, que en este siglo XXI no son otros sino los inmigrantes, le ha granjeado enemigos de más, también en nuestro país. Pero el Papa no se esconde. En este año ha dado muestras sobradas de no querer dar la espalda ni a uno solo de los grandes debates de la sociedad actual. Los espirituales, por supuesto, pero también los culturales, los políticos, los sociales, los estratégicos y los económicos. Que su primera encíclica haya abordado la Inteligencia Artificial no es más que la prueba de que León XIV quiere a la Iglesia en un papel protagonista en las preocupaciones de nuestro tiempo. El Papa habla a los católicos, sí, pero al mismo tiempo nos habla a todos nosotros.
Todo ello lo traerá en su viaje apostólico a España. En su doble carácter, pastoral y de Estado, la visita tendrá tres ejes principales: la paz, la inmigración y la política. Temas separados y unidos al mismo tiempo, el punto álgido pretende ser la visita al Congreso , donde pronunciará un discurso al que la Conferencia Episcopal da la máxima importancia. Su presidente, Luis Argüello, que ha utilizado el concepto de "crisis espiritual de las democracias", expresa en la entrevista que ha concedido a Jorge Bustos con motivo del viaje su esperanza de que "esta visita inaugure una nueva etapa que busque la manera de revitalizar el prestigio de las Cortes y la salud de nuestra democracia". No hace falta dar más pistas de lo que habla.
Esa será la parte oficial del viaje, pero las fotos que quedarán en la memoria es seguro que las dejará la parte popular. Dice Aldo Cazzullo en el artículo que ha escrito en EL MUNDO para este despliegue especial por el viaje que "incluso en España se aprecian indicios de un despertar espiritual". El "giro católico" que muchos pronostican, la búsqueda espiritual de muchos jóvenes en un momento de incertidumbre y falta de referentes. Se verá, con seguridad, en las calles en los próximos días. En Madrid y en la Sagrada Familia; en el Bernabéu y en Montserrat; en los centros de inmigrantes de Las Palmas y Tenerife; en las instalaciones de Cáritas del barrio madrileño de Lucero y en la cárcel de Brians... En la realidad de este país, que es la de tantos otros. Bienvenido, León XIV.