Cuando ya teníamos los cinturones de seguridad abrochados, a bordo del avión papal, el retraso fue progresivamente en aumento. El vuelo, que estaba previsto que despegara a las 15.00 hora de Canarias, seguía sin despegar. Lo cierto es que el Papa León XIV todavía no había llegado a la aeronave. Cuando el Pontífice se colocó en la primera fila, en la parte izquierda y en el asiento de pasillo, todo indicaba que el trayecto hacia Roma estaba a punto de iniciarse. A los pocos minutos, el comandante del vuelo de Iberia avisaba de que el avión había registrado una "incidencia" que impedía el despegue.
Los corresponsales en el Vaticano presentes en el vuelo papal vivimos momentos de incertidumbre, no se recordaba algo similar en décadas. Al principio se pensó que el vuelo se retrasaría sin hora prevista, pero al poco tiempo, se conoció que el Papa había bajado del avión, señal de que algo no estaba yendo según lo previsto, más allá de un simple retraso. Dos dudas: qué pasaría con el Santo Padre y qué pasaría con los corresponsales. Mientras tanto, supimos que tras la colocación, nuevamente, de la escalera debajo del avión, el Rey Felipe VI había subido para ir al encuentro de León XIV, quien finalmente bajó con al monarca. Finalmente ambos caminaron de nuevo juntos en la pista del aeropuerto de Tenerife Norte, tras haberse despedido poco antes.
Unos minutos después, con todos los periodistas en pie y enviando sus crónicas para sus respectivos medios de comunicación, se conoció que, en muy poco tiempo, el Rey Felipe había ofrecido su avión Falcon para que el Pontífice pudiera volver con certeza a Roma. Mientras tanto, los corresponsales nos quedamos en la aeronave, ante la información del comandante de que se intentaría un nuevo despegue. Un hecho que no dejó completamente tranquilos a los vaticanistas. Al poco tiempo, el personal de Iberia informaba de que un nuevo avión habría llegado desde Madrid para alcanzar la isla canaria de Tenerife y devolver a los corresponsales del vuelo papal de vuelta a Roma. Por esta razón, recibimos instrucciones de desembarcar del avión.
Al bajar de la aeronave, el clima estaba marcado por un momento que pasaría a la historia por su sorprendente carácter anecdótico. Fue al bajar por la puerta trasera del avión, cuando los periodistas nos acercamos rápidamente en el momento en el que vimos al Santo Padre y al Rey Felipe caminar juntos hacia el Falcon del monarca. En ese momento, sólo se veían móviles grabando y periodistas haciendo directos de televisión y radio. Tras un viaje histórico del Papa León XIV a España, sabíamos ya que la imagen del Pontífice subiendo al Falcon sería parte de nuestra memoria periodística.
No se recordaban anécdotas parecidas en décadas. Valentina Alazraki, corresponsal mexicana y decana de los vaticanistas en Roma, asegura que se vivió una situación parecida en 1986, con Juan Pablo II, después de un viaje a la India. Era el mes de febrero y había mucha nieve en Roma, que impedía el aterrizaje tanto en el aeropuerto de Roma Fiumicino, como el de Roma Ciampino. Finalmente, ante la nieve incipiente del invierno romano, el avión papal terminó aterrizando en la ciudad de Nápoles.
Esta crónica estaba pensada para firmarla con el localizador En el vuelo papal, contando cómo habría sido la tradicional rueda de prensa del Pontífice en el trayecto de vuelta a Roma, contestando a los corresponsales del Vaticano y, por nuestro lado, haciendo el balance del primer viaje apostólico del Papa León XIV a España. Un viaje que, independientemente de lo ocurrido en el último trayecto, será recordado como un evento para el recuerdo de muchos. Pero a veces, como ocurre en el día a día de cada uno, hay imprevistos que hay que aceptar. Y, de ser posible, quedarse con lo bueno. No siempre las cosas van como uno las planea. Pero, si acaban bien, pueden ser incluso más divertidas todavía. Desde luego, lo más original en este viaje era contar que el Papa se ha tenido que ir a Roma en Falcon. Estamos a punto de embarcar.