Las elecciones del 15 de marzo en Castilla y León suponen la reválida de una estrategia autonómica muy basada en la gestión, en las medidas económicas de apoyo público a los colectivos más frágiles y en las «nueces» frente al «ruido». Así las ha planteado Alfonso Fernández Mañueco, que ha agotado la legislatura, como prometió, y ahora busca mejorar en votos y en escaños. Ésa es su única expectativa.
Pero estas elecciones también suponen el primer examen de la nueva estrategia del PP para con Vox. Sólo tres semanas después de que Alberto Núñez Feijóo lanzase su «documento marco» para las negociaciones con la formación de Santiago Abascal, los populares pondrán a prueba en las urnas su nuevo enfoque de convivencia y conllevanza con Vox.
En ese documento, el PP asume que el centro de gravedad social se ha desplazado hacia la derecha en los grandes temas que enarbola Abascal, como la inmigración o las políticas climáticas, pero también en fiscalidad, vivienda o conciliación.
Lo que está haciendo el PP -y es una estrategia de largo aliento- es tenderle la mano a Vox para los pactos, pero distanciarse claramente de dicha formación en todo lo relativo a la gestión. Empujarla fuera de la ecuación de institucionalidad, para intentar visibilizar mejor al PP como «única» sigla para el voto útil. «Se están fijando las certezas. Nosotros tenemos que ofrecer más y mejor de lo mismo. Insistir en nuestras fortalezas, que son gestión y proyecto de futuro», aseguran en el equipo de Mañueco.
En Génova creen que después del 15-M comienza la hora de la verdad, en la que se comprobará si Vox prioriza ir «contra el PSOE, de la mano de PP», o «él solo contra el PP». «Si Vox empieza a bloquear gobiernos y los ciudadanos perciben que Feijóo ha planteado un marco real para priorizar la gobernabilidad y la estabilidad de los ciudadanos», pero Vox lo torpedea, «eso se trasladará después al ámbito nacional», explica un dirigente de la sala de máquinas de los populares.
«El 15-M va a marcar la reconfiguración del espacio nacional para los próximos años», asegura. De hecho, Feijóo cree que «este domingo va a ser clave para la próxima década». Y en su equipo añaden que lo será también para el conjunto de España, ya que este ciclo electoral tiene que marcar las relaciones futuras en la derecha. «Es hora de retratarse: o con los tacticismos partidistas o con los ciudadanos».
Para el PP, una de las grandes preguntas del 15-M es para qué servirá votar a Vox si no permite formar gobiernos. Por eso en Génova están convencidos de que la formación de Abascal acabará pactando un desbloqueo en Aragón y Extremadura. En Castilla y León, creen que puede optar, incluso, por quedarse fuera del Ejecutivo, tras la mala experiencia de la coalición gubernamental de 2022 a 2024.
Lo que reclaman Mañueco y Feijóo en el esprint final de la campaña es el voto útil de la «gestión» y la «gobernabilidad» frente a un Vox cuyas «tácticas nacionales» favorecen al PSOE, según fuentes del PP. Que añaden que, si los sondeos se materializan en las urnas, Vox deberá «dejar gobernar al PP». Bien con un pacto parlamentario -la opción preferida por Mañueco-, bien desde la Junta, con un peso acorde a su resultado -que puede ser el más cercano de su historia al de los populares, incluso si estos también suben, pero menos-.
Pero la clave no es tanto la distancia entre uno y otro como la voluntad de negociar y pactar. «Castilla y León no puede avalar la estrategia de bloquear», solemnizó ayer Feijóo en su mitin en Ponferrada en el que fue crítico. Mientras el presidente de Castilla y León apela a la madurez del electorado, los dirigentes de Génova completaron la jugada con apelaciones más directas y emocionales a los votantes fronterizos con Vox.
Después, Feijóo fue más duro que nunca contra Vox, en el mitin de cierre de campaña, en Valladolid: «Vox ha pedido el voto para bloquear. ¡Yo esto no lo había visto en mi vida!». «¡No estamos dispuestos a que bloqueen nuestro pueblo!», proclamó, frente a un Vox que quiere «jugar» con los votos regionales para sus cuitas nacionales. «El que se presente para bloquear la alternativa al Gobierno y estafar al ciudadano merece un castigo de la gente», llegó a decir.
Por eso, reclamó «un gobierno libre», que «dependa de la gente» y no de lo que se decida en los despachos de la sede de Vox, en la calle Bambú. «Espero que les vaya mal, porque Castilla y León merece respeto y no merece ser víctima de los juegos de nadie», remató.
«Si estáis enfadados y cabreados, votad al PP. Con nosotros, hay cambio; con ellos, no lo hay», remató.