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El precio de la luz, el frío y el miedo a un apagón han devuelto a Londres un empleo del siglo XIX: los deshollinadores

El precio de la luz, el frío y el miedo a un apagón han devuelto a Londres un empleo del siglo XIX: los deshollinadores
Artículo Completo 1,109 palabras
Cuando uno oye hablar de deshollinadores la imagen que le viene a la mente es la de hombres (o niños) de finales del XIX con las caras tiznadas, la camisa llena de hollín y un gran escobón al hombro. Ese es el tópico. Las fotografías que muestra Google cuando buscamos la palabra y la que ilustra su entrada en Wikipedia. Hoy la realidad es bien distinta. En pleno 2026 no solo sigue habiendo profesionales dedicados al oficio, sino que usan tecnología punta y en ciudades como Londres están experimentando un resurgimiento gracias al precio de la energía. Su aspecto no se parece en nada al del famoso Bert de 'Mary Poppins', pero siguen desempeñando una labor clave… y sobre todo están solicitados. ¿Deshollinadores en 2026? Exacto. Y al menos en Londres no son un colectivo extemporáneo y en decadencia, el recuerdo de una época pretérita. Al contrario. Como contaba hace unos días The New York Times la profesión sigue allí muy viva, ha sabido adaptarse a las necesidades (y recursos) del siglo XXI y sobre todo está viviendo un resurgimiento gracias al coste de la energía. La prueba más clara la deja la Asociación Nacional de Deshollinadores (NACS, por sus siglas en inglés): en 2021 sumaba 590 miembros, hoy su base de socios ronda ya los 750. El gremio incluye a decenas de mujeres y algunos negocios aseguran que en invierno llegan a recibir entre 70 y 80 llamadas al día. ¿A qué se dedican? En esencia a lo mismo que sus antecesores de los siglos XIX y XX, aunque en un contexto y con unos recursos muy distintos. Para retirar el hollín de las chimeneas siguen usando cepillos que reconocería perfectamente el Bert de 'Mary Popins', pero eso es solo parte de una arsenal en el que también se incluyen cámaras digitales, aspiradoras industriales y equipos de detección de humo. "Casi como técnicos de chimeneas", señala Martin Glynn, de NACS. Las empresas incluso utilizan drones para escanear tejados. Nada que ver con los hábitos que en otros tiempos hicieron tristemente famoso al oficio, como emplear a huérfanos para trepar a chimeneas y limpiar conductos. Suena a ciencia ficción terrorífica, pero esa práctica estuvo al orden del día en los siglos XVIII y XIX. De hecho en 1875 la muerte de un crío que quedó atascado en Fulbourn generó tal revuelo que el Gobierno aprobó una ley que prohibió los "niños trepadores". ¿Sigue habiendo chimeneas? Sí. Los deshollinadores británicos no fueron inmunes a cambios clave, como la popularización de las calefacciones centrales en la segunda mitad del XX o la Clean Air Act ('Ley de Aire Limpio') de 1956, pero el gremio ha sabido aguantar y hoy vive una época mucho más amable, incluso de reivindicación. Lo contaba hace justo un año en The Telegraph Steven Pearce, descendiente de una larga estirpe de deshollinadores que empezó en el oficio hace décadas convencido de que la profesión tenía los días contados. "Al principio solo lo acepté como un trabajo de fin de semana porque pensábamos que el oficio desaparecería con la ley de 1956, cuando el Gobierno otorgó a las autoridades locales la facultad de controlar la quema de carbón y los humos de las calderas", relata Pearce. "Pero eso no ocurrió, de hecho los últimos cinco años han ido mejor que nunca en el negocio. Es la época de mayor actividad que he visto en 45 años". No es el único que constata el renacer de la profesión. En Xataka Siempre hemos creído que Londres es muy lluvioso y que Barcelona no. El único problema es que es mentira ¿Cuál es la razón? En 2026 los hogares ingleses quizás no dependan del carbón y la leña para calentarse, pero siguen encendiendo sus chimeneas. Y no solo por la popularización de las estufas. La propia NACS admite que la demanda de sus servicios se ha visto impulsada por dos factores: el encarecimiento de la energía de los últimos años y un contexto internacional convulso, en el que el suministro eléctrico parece un flanco vulnerable a ataques de enemigos.  Desde el colectivo recuerdan también que a la gente sencillamente "le gusta sentarse frente a una chimenea" para leer, tomarse una copa de vino, ver una película y desconectar. Por si eso no fuera suficiente, un buen fuego ayuda también a reducir la dependencia y el gasto de las calefacciones centrales. ¿Qué dice la normativa? Por supuesto hay restricciones sobre el uso doméstico de carbón, pero The New York Times recuerda que incluso en zonas como Londres se permite la quema de combustibles autorizados que emiten muy poco humo visible. Lo que sí generan es hollín, lo que explica que el Gobierno aconseje que las chimeneas se limpien cada año con ayuda profesional. "La gente piensa: 'Vamos a tener un plan B, una chimenea, una estufa por si se va la luz'", añade Glynn, presidente de NACS. "Si tienes la opción de quemar leña o combustible sin humo puedes seguir cocinando y tener algo de calefacción. Hay un gran aumento de demanda, la gente está volviendo a encender chimeneas".  ¿Cómo pinta el futuro? Steven Pearce asegura que sus clientes siguen comprando estufas y reconoce que le cuesta creer que la gente vaya a prescindir de las instalaciones, aunque se prohíban. "No me imagino a quienes han gastado de 3.000 a 5.000 libras en instalarlas dejando de usarlas". De hecho sostiene que en los últimos años ha visto "un gran resurgimiento en la compra de chimeneas y estufas multicombustible, que queman leña, carbón y materiales sin humo". No todo son ventajas: su ‘factura’ es la emisión de PM2.5, partículas invisibles a simple vista pero que sí suponen un "contaminante atmosférico" dañino.   Imágenes | Wikipedia, Jorbasa Fotografie (Flickr) y NACS En Xataka | Mientras todo el mundo mira al petróleo, el verdadero tesoro de Venezuela se esconde en los sótanos de Londres: su oro - La noticia El precio de la luz, el frío y el miedo a un apagón han devuelto a Londres un empleo del siglo XIX: los deshollinadores fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
El precio de la luz, el frío y el miedo a un apagón han devuelto a Londres un empleo del siglo XIX: los deshollinadores

Su labor se parece a la de sus tatarabuelos. El contexto en el que trabajan y las herramientas que usan, no

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Carlos Prego

Editor - Magnet

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Cuando uno oye hablar de deshollinadores la imagen que le viene a la mente es la de hombres (o niños) de finales del XIX con las caras tiznadas, la camisa llena de hollín y un gran escobón al hombro. Ese es el tópico. Las fotografías que muestra Google cuando buscamos la palabra y la que ilustra su entrada en Wikipedia. Hoy la realidad es bien distinta. En pleno 2026 no solo sigue habiendo profesionales dedicados al oficio, sino que usan tecnología punta y en ciudades como Londres están experimentando un resurgimiento gracias al precio de la energía.

Su aspecto no se parece en nada al del famoso Bert de 'Mary Poppins', pero siguen desempeñando una labor clave… y sobre todo están solicitados.

¿Deshollinadores en 2026? Exacto. Y al menos en Londres no son un colectivo extemporáneo y en decadencia, el recuerdo de una época pretérita. Al contrario. Como contaba hace unos díasThe New York Times la profesión sigue allí muy viva, ha sabido adaptarse a las necesidades (y recursos) del siglo XXI y sobre todo está viviendo un resurgimiento gracias al coste de la energía.

La prueba más clara la deja la Asociación Nacional de Deshollinadores (NACS, por sus siglas en inglés): en 2021 sumaba 590 miembros, hoy su base de socios ronda ya los 750. El gremio incluye a decenas de mujeres y algunos negocios aseguran que en invierno llegan a recibir entre 70 y 80 llamadas al día.

¿A qué se dedican? En esencia a lo mismo que sus antecesores de los siglos XIX y XX, aunque en un contexto y con unos recursos muy distintos. Para retirar el hollín de las chimeneas siguen usando cepillos que reconocería perfectamente el Bert de 'Mary Popins', pero eso es solo parte de una arsenal en el que también se incluyen cámaras digitales, aspiradoras industriales y equipos de detección de humo. "Casi como técnicos de chimeneas", señala Martin Glynn, de NACS.

Las empresas incluso utilizan drones para escanear tejados. Nada que ver con los hábitos que en otros tiempos hicieron tristemente famoso al oficio, como emplear a huérfanos para trepar a chimeneas y limpiar conductos. Suena a ciencia ficción terrorífica, pero esa práctica estuvo al orden del día en los siglos XVIII y XIX. De hecho en 1875 la muerte de un crío que quedó atascado en Fulbourn generó tal revuelo que el Gobierno aprobó una ley que prohibió los "niños trepadores".

¿Sigue habiendo chimeneas? Sí. Los deshollinadores británicos no fueron inmunes a cambios clave, como la popularización de las calefacciones centrales en la segunda mitad del XX o la Clean Air Act ('Ley de Aire Limpio') de 1956, pero el gremio ha sabido aguantar y hoy vive una época mucho más amable, incluso de reivindicación. Lo contaba hace justo un año en The Telegraph Steven Pearce, descendiente de una larga estirpe de deshollinadores que empezó en el oficio hace décadas convencido de que la profesión tenía los días contados.

"Al principio solo lo acepté como un trabajo de fin de semana porque pensábamos que el oficio desaparecería con la ley de 1956, cuando el Gobierno otorgó a las autoridades locales la facultad de controlar la quema de carbón y los humos de las calderas", relata Pearce. "Pero eso no ocurrió, de hecho los últimos cinco años han ido mejor que nunca en el negocio. Es la época de mayor actividad que he visto en 45 años". No es el único que constata el renacer de la profesión.

En XatakaSiempre hemos creído que Londres es muy lluvioso y que Barcelona no. El único problema es que es mentira

¿Cuál es la razón? En 2026 los hogares ingleses quizás no dependan del carbón y la leña para calentarse, pero siguen encendiendo sus chimeneas. Y no solo por la popularización de las estufas. La propia NACS admite que la demanda de sus servicios se ha visto impulsada por dos factores: el encarecimiento de la energía de los últimos años y un contexto internacional convulso, en el que el suministro eléctrico parece un flanco vulnerable a ataques de enemigos

Desde el colectivo recuerdan también que a la gente sencillamente "le gusta sentarse frente a una chimenea" para leer, tomarse una copa de vino, ver una película y desconectar. Por si eso no fuera suficiente, un buen fuego ayuda también a reducir la dependencia y el gasto de las calefacciones centrales.

¿Qué dice la normativa? Por supuesto hay restricciones sobre el uso doméstico de carbón, pero The New York Times recuerda que incluso en zonas como Londres se permite la quema de combustibles autorizados que emiten muy poco humo visible. Lo que sí generan es hollín, lo que explica que el Gobierno aconseje que las chimeneas se limpien cada año con ayuda profesional.

"La gente piensa: 'Vamos a tener un plan B, una chimenea, una estufa por si se va la luz'", añade Glynn, presidente de NACS. "Si tienes la opción de quemar leña o combustible sin humo puedes seguir cocinando y tener algo de calefacción. Hay un gran aumento de demanda, la gente está volviendo a encender chimeneas". 

¿Cómo pinta el futuro? Steven Pearce asegura que sus clientes siguen comprando estufas y reconoce que le cuesta creer que la gente vaya a prescindir de las instalaciones, aunque se prohíban. "No me imagino a quienes han gastado de 3.000 a 5.000 libras en instalarlas dejando de usarlas". De hecho sostiene que en los últimos años ha visto "un gran resurgimiento en la compra de chimeneas y estufas multicombustible, que queman leña, carbón y materiales sin humo".

No todo son ventajas: su ‘factura’ es la emisión de PM2.5, partículas invisibles a simple vista pero que sí suponen un "contaminante atmosférico" dañino.  

Imágenes | Wikipedia, Jorbasa Fotografie (Flickr) y NACS

En Xataka | Mientras todo el mundo mira al petróleo, el verdadero tesoro de Venezuela se esconde en los sótanos de Londres: su oro

Fuente original: Leer en Xataka
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