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Mario Samper en la estación de tren de Huelva. Alberto Díaz El primer viajero del Alvia que llegó al Iryo: «El agente gritó ¡compañeros, hay otro tren!»Mario Samper viajaba en el vagón 4 del convoy Madrid-Huelva y fue quien caminó 800 metros por las vías a oscuras para avisar a los servicios de emergencia de que había un segundo tren descarrilado
Héctor Corpa
Huelva
Sábado, 24 de enero 2026, 18:34
... que su vida estaba a punto de cambiar para siempre, pero él todavía no sabía que esa noche no solo tendría que sobrevivir, sino también cargar con la responsabilidad de ser quien alertara al mundo de que había un segundo tren invisible en la oscuridad. Porque Mario fue el pasajero que casi una hora después del accidente, caminó 800 metros por las vías a oscuras para avisar a una Guardia Civil atónita de que allí, a menos de un kilómetro de donde trabajaban todos los equipos de emergencia, había otro tren destrozado con decenas de heridos esperando ayuda.Ese instante vino seguido de otro momento, confiesa Mario, de una gran angustia personal. El agente le pidió que esperara allí mismo mientras él corría hacia el tren para verificar la situación. «Me dejaron en mitad de la noche, rodeado de cadáveres que había en la vía, en pánico», confiesa Mario. Fueron diez minutos eternos hasta que vio regresar las linternas con el grupo de supervivientes que podía caminar.
Pero antes de ese momento, Mario ya había vivido su propio infierno. Tras el impacto inicial que le sacó de su letargo, pensó que estaban cayendo por un puente de Despeñaperros. «Mi imagen era que nos íbamos a caer, como en las películas». Lo que siguió fue una eternidad comprimida en 20 segundos de sacudidas violentas, con el tren circulando fuera de los raíles, chocando contra las traviesas. «Estuvimos volando hasta que aquello paró. Volando, literalmente, chocándonos unos contra otros, con un montón de maletas también volando y golpeándonos». Él se agarró con fuerza al asiento. Otros no tuvieron tanta suerte.
Cuando el tren se detuvo, el vagón era una ratonera oscura y llena de polvo, por eso alguien gritó: «¡hay fuego!», al confundirlo con humo. El pánico amenazaba con bloquear la salida, pero Mario reaccionó. Cogió el martillo de emergencia, rompió el cristal de una ventana y tomó el mando: «Empecé a darle gritos a la gente: tranquilos, no pasa nada, vamos a reorganizar, vamos a salir, pero con calma». Este liderazgo improvisado funcionó y lograron evacuar el vagón saltando los más de dos metros que les separaban del suelo. «Fue precioso ver cómo la gente se ayudaba, se sonreían incluso en medio del desastre para darse ánimos», recuerda emocionado.
Terror en el vagón dos
Ya fuera, mientras decidía caminar hacia las luces porque nadie venía a rescatarles, Mario se enfrentó a lo peor de la noche. Se desplazó al vagón dos para ayudar. Allí la situación era dantesca. Y entonces apareció un niño de unos nueve años. «Se abrazó a mí diciéndome que no se quería morir, que no quería morir. Se agarró con una fuerza... estaba super asustado. Le digo: ¿Estás solo? ¿Y tus padres? Me dijo: no, mi abuela está muerta y mis hermanos están atrapados». El pequeño estaba ileso físicamente, pero realmente traumatizado. «El recuerdo de esa imagen me ha hecho llorar varias veces», confiesa Mario, que también se vio impotente ante los gritos de personas atrapadas a las que no pudieron sacar.
Hoy, Mario arrastra secuelas físicas —latigazo cervical, fisura en el esternón, cortes y contusiones—, pero sobre todo la carga de saber que hubo un fallo garrafal en la comunicación. Como profesional del sector industrial habituado a protocolos de seguridad, no se explica cómo Renfe no detectó que había dos trenes siniestrados. «Alguien tuvo que decir eso. Y por lo que he escuchado, nadie lo sabía». Pese a todo, distingue claramente entre el error de gestión y la labor sobre el terreno: «La humanidad y profesionalidad de los guardias, bomberos y sanitarios fue asombrosa, nos trataron de forma impecable». Ahora impulsa una plataforma de afectados para buscar respuestas y apoyo mutuo, porque sabe mejor que nadie lo que es sentirse solo en medio de la oscuridad esperando una ayuda que no llegará si no vas a buscarla.
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