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El principal "cáncer" del planeta acaba de matar al árbol más viejo de Europa. Y los expertos alertan: “perderemos uno así cada año”

El principal "cáncer" del planeta acaba de matar al árbol más viejo de Europa. Y los expertos alertan: “perderemos uno así cada año”
Artículo Completo 957 palabras
Año 1790, un militar retirado llamado Hayman Rooke se topa con un roble gigantesco en el bosque de Sherwood y lo describe como una “majestuosa ruina” que ya entonces parecía tener cerca de mil años. El árbol acabaría tomando su nombre y sobreviviendo más de dos siglos después de aquel hallazgo.  Hoy, su muerte deja una pregunta incómoda. La caída de un gigante. El Major Oak, el roble monumental de Sherwood vinculado durante siglos a la leyenda de Robin Hood, ha muerto tras más de mil años de vida. Su desaparición no es solo el final de uno de los árboles más antiguos y emblemáticos de Europa y el mundo entero, es también la imagen más visible de cómo algunos de los grandes males modernos han empezado a cobrarse incluso aquello que parecía eterno.  Este año no produjo una sola hoja. El gigante que sobrevivió a guerras, reyes, imperios y revoluciones no pudo superar una cadena de veranos cada vez más secos y abrasadores. El Major Oak en 2006 El gran enemigo invisible. Los expertos señalan varios factores acumulados, pero hay uno que sobresale como el gran “cáncer” que ha acelerado su caída: el calentamiento global. Durante los últimos años, las olas de calor extremas y la sequía prolongada han sometido al árbol a un estrés constante, especialmente tras el histórico verano de 2022, cuando Reino Unido superó por primera vez los 40 grados.  Los robles milenarios están diseñados para resistir siglos, pero no para adaptarse tan rápido a un clima que cambia a una velocidad inédita. La falta de lluvia en los últimos cinco años y las temperaturas récord han sido, según sus cuidadores, un factor decisivo en su colapso. The Major Oak, de Henry Dawson (1844), Museo de Nottingham Cuando salvar también puede dañar. La historia del Major Oak también es la historia de cómo la intervención humana, incluso bienintencionada, puede alterar procesos naturales que llevaban siglos funcionando. A lo largo del tiempo se instalaron cadenas metálicas, soportes, rellenos de hormigón y recubrimientos de plomo y fibra para mantenerlo en pie.  El problema es que los robles antiguos envejecen “hacia dentro”: dejan caer ramas, reducen tamaño y concentran recursos. Forzarlo a mantener su estructura gigante hizo que siguiera enviando agua a ramas que ya debería haber sacrificado. El resultado fue una especie de agotamiento interno que terminó estrangulando su propio sistema vital. Un sistema radicular colapsado. Los análisis subterráneos revelaron un panorama devastador: raíces empobrecidas, asfixiadas y prácticamente desconectadas de su entorno. Décadas de turismo masivo (unos 350.000 visitantes al año) compactaron el suelo hasta hacerlo menos fértil y menos vivo, mientras antiguos cambios en la capa freática por la minería agravaron la situación.  Durante los últimos tres inviernos se intentó airear y regenerar el terreno para devolverle vida microbiana, y los primeros resultados fueron esperanzadores. Pero ya era demasiado tarde. El árbol apenas brotó el año pasado y este año simplemente no despertó. El símbolo de una extinción silenciosa. Lo más inquietante no es que haya muerto el árbol más famoso del mundo, que también, sino lo que representa. Según el Woodland Trust, “perderemos un árbol como este cada año. No tienen ninguna protección legal específica y los estamos perdiendo porque no se les da el valor que merecen”, una frase que cambia por completo la dimensión del problema.  No se trata de una excepción ni de una reliquia aislada: los árboles monumentales están desapareciendo en silencio por abandono, desarrollo urbano, turismo, enfermedades y, para rematarlo, un clima extremo. Son los “rinocerontes blancos” de los bosques británicos, organismos casi irrepetibles que tardan siglos en formarse y pueden desaparecer en apenas una década. En Xataka En 1204, un japonés escribió un hermoso poema. Hoy hemos descubierto algo extraño sobre el Sol gracias a él La muerte que sigue dando vida. Sea como fuere, y aunque el Major Oak está muerto, seguirá en pie. Y eso importa. Su madera muerta continúa siendo un ecosistema fundamental para insectos, hongos, aves y cientos de especies que dependen de este tipo de hábitat en algún momento de su ciclo vital.  De hecho, un cuarto de todas las especies forestales necesitan madera muerta para sobrevivir. Incluso sin hojas, sigue siendo uno de los árboles más grandes de Europa y conserva un valor biológico irreemplazable. En cierto modo, su última lección es precisamente esa: incluso muriendo, todavía sostiene vida, aunque el aviso es claro. Si un coloso de mil años ha caído, muchos otros pueden estar ya siguiendo el mismo camino. Imagen | Nilfanion, Marcin Floryan  En Xataka | Bajar la temperatura de las ciudades es tan sencillo como llenarlas de árboles: justo lo que España no está haciendo En Xataka | Hay gente que planta tomates. Está pareja está plantando sillas, y salen tan bien que las están vendiendo por una fortuna - La noticia El principal "cáncer" del planeta acaba de matar al árbol más viejo de Europa. Y los expertos alertan: “perderemos uno así cada año” fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
El principal "cáncer" del planeta acaba de matar al árbol más viejo de Europa. Y los expertos alertan: “perderemos uno así cada año”

Si un coloso de más de mil años ha caído, muchos otros pueden estar ya siguiendo el mismo camino

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Miguel Jorge

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Miguel Jorge

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Año 1790, un militar retirado llamado Hayman Rooke se topa con un roble gigantesco en el bosque de Sherwood y lo describe como una “majestuosa ruina” que ya entonces parecía tener cerca de mil años. El árbol acabaría tomando su nombre y sobreviviendo más de dos siglos después de aquel hallazgo. 

Hoy, su muerte deja una pregunta incómoda.

La caída de un gigante. El Major Oak, el roble monumental de Sherwood vinculado durante siglos a la leyenda de Robin Hood, ha muerto tras más de mil años de vida. Su desaparición no es solo el final de uno de los árboles más antiguos y emblemáticos de Europa y el mundo entero, es también la imagen más visible de cómo algunos de los grandes males modernos han empezado a cobrarse incluso aquello que parecía eterno. 

Este año no produjo una sola hoja. El gigante que sobrevivió a guerras, reyes, imperios y revoluciones no pudo superar una cadena de veranos cada vez más secos y abrasadores.

El Major Oak en 2006

El gran enemigo invisible. Los expertos señalan varios factores acumulados, pero hay uno que sobresale como el gran “cáncer” que ha acelerado su caída: el calentamiento global. Durante los últimos años, las olas de calor extremas y la sequía prolongada han sometido al árbol a un estrés constante, especialmente tras el histórico verano de 2022, cuando Reino Unido superó por primera vez los 40 grados

Los robles milenarios están diseñados para resistir siglos, pero no para adaptarse tan rápido a un clima que cambia a una velocidad inédita. La falta de lluvia en los últimos cinco años y las temperaturas récord han sido, según sus cuidadores, un factor decisivo en su colapso.

The Major Oak, de Henry Dawson (1844), Museo de Nottingham

Cuando salvar también puede dañar. La historia del Major Oak también es la historia de cómo la intervención humana, incluso bienintencionada, puede alterar procesos naturales que llevaban siglos funcionando. A lo largo del tiempo se instalaron cadenas metálicas, soportes, rellenos de hormigón y recubrimientos de plomo y fibra para mantenerlo en pie. 

El problema es que los robles antiguos envejecen “hacia dentro”: dejan caer ramas, reducen tamaño y concentran recursos. Forzarlo a mantener su estructura gigante hizo que siguiera enviando agua a ramas que ya debería haber sacrificado. El resultado fue una especie de agotamiento interno que terminó estrangulando su propio sistema vital.

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Un sistema radicular colapsado. Los análisis subterráneos revelaron un panorama devastador: raíces empobrecidas, asfixiadas y prácticamente desconectadas de su entorno. Décadas de turismo masivo (unos 350.000 visitantes al año) compactaron el suelo hasta hacerlo menos fértil y menos vivo, mientras antiguos cambios en la capa freática por la minería agravaron la situación. 

Durante los últimos tres inviernos se intentó airear y regenerar el terreno para devolverle vida microbiana, y los primeros resultados fueron esperanzadores. Pero ya era demasiado tarde. El árbol apenas brotó el año pasado y este año simplemente no despertó.

El símbolo de una extinción silenciosa. Lo más inquietante no es que haya muerto el árbol más famoso del mundo, que también, sino lo que representa. Según el Woodland Trust, “perderemos un árbol como este cada año. No tienen ninguna protección legal específica y los estamos perdiendo porque no se les da el valor que merecen”, una frase que cambia por completo la dimensión del problema. 

No se trata de una excepción ni de una reliquia aislada: los árboles monumentales están desapareciendo en silencio por abandono, desarrollo urbano, turismo, enfermedades y, para rematarlo, un clima extremo. Son los “rinocerontes blancos” de los bosques británicos, organismos casi irrepetibles que tardan siglos en formarse y pueden desaparecer en apenas una década.

En XatakaEn 1204, un japonés escribió un hermoso poema. Hoy hemos descubierto algo extraño sobre el Sol gracias a él

La muerte que sigue dando vida. Sea como fuere, y aunque el Major Oak está muerto, seguirá en pie. Y eso importa. Su madera muerta continúa siendo un ecosistema fundamental para insectos, hongos, aves y cientos de especies que dependen de este tipo de hábitat en algún momento de su ciclo vital. 

De hecho, un cuarto de todas las especies forestales necesitan madera muerta para sobrevivir. Incluso sin hojas, sigue siendo uno de los árboles más grandes de Europa y conserva un valor biológico irreemplazable. En cierto modo, su última lección es precisamente esa: incluso muriendo, todavía sostiene vida, aunque el aviso es claro. Si un coloso de mil años ha caído, muchos otros pueden estar ya siguiendo el mismo camino.

Imagen | Nilfanion, Marcin Floryan 

En Xataka | Bajar la temperatura de las ciudades es tan sencillo como llenarlas de árboles: justo lo que España no está haciendo

En Xataka | Hay gente que planta tomates. Está pareja está plantando sillas, y salen tan bien que las están vendiendo por una fortuna

Fuente original: Leer en Xataka
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