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El problema de la experimentación animal no es la falta de ética, es que la ciencia todavía no tiene un plan B

El problema de la experimentación animal no es la falta de ética, es que la ciencia todavía no tiene un plan B
Artículo Completo 1,054 palabras
La investigación científica es muy necesaria para que una sociedad avance con nuevos tratamientos para paliar enfermedades, por ejemplo. Pero hay un gran problema detrás que todavía se arrastra y que para mucha gente puede ser incomprensible: el uso de animales de laboratorio para hacer las pruebas de estos nuevos avances antes de hacerlas en los humanos. Y es que, como reconoce la comunidad científica española: "usaríamos métodos alternativos si pudiéramos".  Una paradoja. Pese a que vivimos una época en la que la inteligencia artificial y la bioingeniería dominan el paradigma actual de la sociedad, seguimos dependiendo de un marco diseñado en 1959 para validar si un fármaco es seguro o no. Este pasa por el uso de la experimentación animal, que lleva siendo durante años un gran conflicto ético dentro de la ciencia.  El problema es que pese a todos los avances que existen, el uso, por ejemplo, de un ratón de laboratorio no se puede sustituir por la falta de una alternativa que sean tan completa como esta.  En Xataka Los nacidos entre 1950 y 1970 tienen una ventaja psicológica sobre las demás generaciones: están entrando en su "peak" El problema. El marco regulatorio que ahora mismo hay sobre la mesa se centra en el principio de las 3R propuesto por Rusell y Burch hace más de 60 años: Reemplazo, Reducción y Refinamiento. Una teoría que a priori parece bastante noble, ya que en pocas palabras se puede resumir en: si puedes no usar animales, no los uses; si tienes que usarlos, usa los menos posibles; y si los usas, hazles el menor daño posible. Sin embargo, tal y como ha analizado la propia ciencia, este marco se ha convertido en algo 'procedimental'. Es decir, se ha vuelto una lista de tareas burocráticas que legitima el uso de los animales bajo el pretexto de que es un mal necesario que debemos asumir si o si para seguir avanzando como sociedad.  La ética. Los análisis bioéticos que se hacen sobre esta materia ponen el foco sobre el tipo de estudios que se aprueban para usar animales. Y es que no se analiza en este punto si va a aportar mucho o poco al conocimiento científico, sino cómo está diseñado el experimento que se propone.  De esta manera, si un experimento está bien diseñado, se aprueba para que use animales. Todo ello pese a que su aportación al conocimiento sea marginal o insignificante. Algo que crea un "agujero ético": seguimos asumiendo un daño animal certero a cambio de un beneficio humano incierto o difuso.  La gran promesa. Si la ética nos empuja a cambiar, la tecnología debería darnos la herramienta para ello. Aquí es donde entran en juego los NAMs (New Approach Methods) que se centran en simulaciones de organismos por IA, órganos en un chip u organoides.  De esta manera, podemos entender este avance como el cultivo de minicerebros o riñones humanos en el laboratorio para trabajar con ellos. Algo que sobre el papel parece una gran idea, puesto que estaríamos probando fármacos con células humanas directamente eliminando el problema que supone hacer pruebas en una especie diferente.  El problema. Cuando se baja al detalle técnico, nos encontramos un gran muro de frente. Tal y como explican los expertos, estas tecnologías cubren nichos concretos, como por ejemplo el daño que puede hacer en el hígado un fármaco, pero no pueden replicar la película completa. Porque un organismo no es solo el efecto en un órgano, sino cómo influyen todos los sistemas que tenemos interconectados. Los problemas que se encuentran principalmente se pueden resumir en varios puntos:  No hay posibilidad de crear un sistema sanguíneo que vaya limpiando el tejido y lo nutra como ocurre en el organismo real. No hay sistema inmunológico ni nervioso que pueda reaccionar ante el fármaco o generar dolor en un órgano. En un chip con un 'órgano' dentro no se puede simular el efecto del fármaco a varios años vista.  Zonas prohibidas. Con todos estos puntos, hay campos tan importantes como el de las enfermedades autoinmunes (cuando el organismo ataca a sus propias células) donde estos modelos son irremplazables. Todo ello porque se necesita ver la interacción simultánea de todos los órganos en un ser vivo.  En Xataka Nos enseñaron que la sangre era A, B u O. Un análisis a medio millón de personas acaba de encontrar una excepción "híbrida" Regulación. En la actualidad hay diferentes organizaciones que tratan de evitar que un medicamento pueda matar a una persona, como son la FDA en Estados Unidos y la EMA en Europa. Ambas agencias para aprobar un ensayo de un medicamento en humanos exigen datos de seguridad masivos que se cogen de los propios animales.  De esta manera, las alternativas no se usan masivamente porque no están validadas por estos organismos que exigen en sus normas el uso de modelos animales. Una actitud que perpetúa el sistema, que para muchos es una auténtica locura, puesto que la ciencia depende de los animales si es que quiere seguir desarrollando fármacos que mejoren la vida de los ciudadanos. Todo ello porque ningún comité da más valor a la vida de un ratón que a la de un humano.  El futuro. A corto plazo no veremos un gran cambio en este aspecto. Los organoides y la IA no parece que vayan a sustituir de golpe a los modelos animales, sino que actuarán como sistemas complementarios para reducir el número que se usan en los laboratorios.  Imágenes | Matthew Mejia  En Xataka | Unos investigadores quitaron Instagram y TikTok a 300 jóvenes para ver si su ansiedad bajaba. Los resultados hablan solos - La noticia El problema de la experimentación animal no es la falta de ética, es que la ciencia todavía no tiene un plan B fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
El problema de la experimentación animal no es la falta de ética, es que la ciencia todavía no tiene un plan B

La experimentación con ratones sigue siendo uno de los grandes quebraderos de la ciencia 

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José A. Lizana

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José A. Lizana

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La investigación científica es muy necesaria para que una sociedad avance con nuevos tratamientos para paliar enfermedades, por ejemplo. Pero hay un gran problema detrás que todavía se arrastra y que para mucha gente puede ser incomprensible: el uso de animales de laboratorio para hacer las pruebas de estos nuevos avances antes de hacerlas en los humanos. Y es que, como reconoce la comunidad científica española: "usaríamos métodos alternativos si pudiéramos". 

Una paradoja. Pese a que vivimos una época en la que la inteligencia artificial y la bioingeniería dominan el paradigma actual de la sociedad, seguimos dependiendo de un marco diseñado en 1959 para validar si un fármaco es seguro o no. Este pasa por el uso de la experimentación animal, que lleva siendo durante años un gran conflicto ético dentro de la ciencia. 

El problema es que pese a todos los avances que existen, el uso, por ejemplo, de un ratón de laboratorio no se puede sustituir por la falta de una alternativa que sean tan completa como esta. 

En XatakaLos nacidos entre 1950 y 1970 tienen una ventaja psicológica sobre las demás generaciones: están entrando en su "peak"

El problema. El marco regulatorio que ahora mismo hay sobre la mesa se centra en el principio de las 3R propuesto por Rusell y Burch hace más de 60 años: Reemplazo, Reducción y Refinamiento. Una teoría que a priori parece bastante noble, ya que en pocas palabras se puede resumir en: si puedes no usar animales, no los uses; si tienes que usarlos, usa los menos posibles; y si los usas, hazles el menor daño posible.

Sin embargo, tal y como ha analizado la propia ciencia, este marco se ha convertido en algo 'procedimental'. Es decir, se ha vuelto una lista de tareas burocráticas que legitima el uso de los animales bajo el pretexto de que es un mal necesario que debemos asumir si o si para seguir avanzando como sociedad. 

La ética. Los análisis bioéticos que se hacen sobre esta materia ponen el foco sobre el tipo de estudios que se aprueban para usar animales. Y es que no se analiza en este punto si va a aportar mucho o poco al conocimiento científico, sino cómo está diseñado el experimento que se propone. 

De esta manera, si un experimento está bien diseñado, se aprueba para que use animales. Todo ello pese a que su aportación al conocimiento sea marginal o insignificante. Algo que crea un "agujero ético": seguimos asumiendo un daño animal certero a cambio de un beneficio humano incierto o difuso. 

La gran promesa. Si la ética nos empuja a cambiar, la tecnología debería darnos la herramienta para ello. Aquí es donde entran en juego los NAMs (New Approach Methods) que se centran en simulaciones de organismos por IA, órganos en un chip u organoides. 

De esta manera, podemos entender este avance como el cultivo de minicerebros o riñones humanos en el laboratorio para trabajar con ellos. Algo que sobre el papel parece una gran idea, puesto que estaríamos probando fármacos con células humanas directamente eliminando el problema que supone hacer pruebas en una especie diferente. 

El problema. Cuando se baja al detalle técnico, nos encontramos un gran muro de frente. Tal y como explican los expertos, estas tecnologías cubren nichos concretos, como por ejemplo el daño que puede hacer en el hígado un fármaco, pero no pueden replicar la película completa. Porque un organismo no es solo el efecto en un órgano, sino cómo influyen todos los sistemas que tenemos interconectados. Los problemas que se encuentran principalmente se pueden resumir en varios puntos: 

  • No hay posibilidad de crear un sistema sanguíneo que vaya limpiando el tejido y lo nutra como ocurre en el organismo real. 
  • No hay sistema inmunológico ni nervioso que pueda reaccionar ante el fármaco o generar dolor en un órgano. 
  • En un chip con un 'órgano' dentro no se puede simular el efecto del fármaco a varios años vista. 

Zonas prohibidas. Con todos estos puntos, hay campos tan importantes como el de las enfermedades autoinmunes (cuando el organismo ataca a sus propias células) donde estos modelos son irremplazables. Todo ello porque se necesita ver la interacción simultánea de todos los órganos en un ser vivo. 

En XatakaNos enseñaron que la sangre era A, B u O. Un análisis a medio millón de personas acaba de encontrar una excepción "híbrida"

Regulación. En la actualidad hay diferentes organizaciones que tratan de evitar que un medicamento pueda matar a una persona, como son la FDA en Estados Unidos y la EMA en Europa. Ambas agencias para aprobar un ensayo de un medicamento en humanos exigen datos de seguridad masivos que se cogen de los propios animales. 

De esta manera, las alternativas no se usan masivamente porque no están validadas por estos organismos que exigen en sus normas el uso de modelos animales. Una actitud que perpetúa el sistema, que para muchos es una auténtica locura, puesto que la ciencia depende de los animales si es que quiere seguir desarrollando fármacos que mejoren la vida de los ciudadanos. Todo ello porque ningún comité da más valor a la vida de un ratón que a la de un humano. 

El futuro. A corto plazo no veremos un gran cambio en este aspecto. Los organoides y la IA no parece que vayan a sustituir de golpe a los modelos animales, sino que actuarán como sistemas complementarios para reducir el número que se usan en los laboratorios. 

Imágenes | Matthew Mejia 

En Xataka | Unos investigadores quitaron Instagram y TikTok a 300 jóvenes para ver si su ansiedad bajaba. Los resultados hablan solos

Fuente original: Leer en Xataka
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