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Vinicius gesticula durante el Albacete-Real Madrid de Copa. Pablo Morano (Reuters)Madrid
Jueves, 15 de enero 2026, 14:05
... volver a llevar esta temporada algún título a las vitrinas del Santiago Bernabéu, enterrar a un técnico que estaba llamado a reinventar su libreto y bautizar de la peor manera posible a otro que se ha visto atropellado por los acontecimientos y que no ilusiona a una parroquia harta de tanto despropósito. Ni Xabi Alonso fue el Guardiola de Chamartín ni Arbeloa será Mourinho en tiempos en los que los blancos necesitan un arquitecto que construya en lugar de un pirómano que concentre sus fuerzas en destruir al enemigo. Uno y otro, en cualquier caso, son víctimas de un desconcierto que amenaza con llevar al Real Madrid por el mismo camino que acabó con la era de los Galácticos.Tras sucumbir el pasado domingo en la final de la Supercopa de España a manos de un Barça que se ha convertido en su antítesis en cuanto a orden, compromiso, abanico de recursos, confianza en sus posibilidades y hambre de gloria, el Real Madrid claudicó estrepitosamente el miércoles frente a un Albacete que roza los puestos de descenso en Segunda y no había sido capaz de ganar nunca al acaudalado conjunto de la capital de España, ni siquiera en aquellos años inolvidables de la década de los noventa en los que era conocido como el Queso Mecánico, pero que le tumbó en octavos de final de la Copa del Rey con buena parte de su unidad B sobre el césped, agudizando con ello las miserias de una escuadra sin alma, capacidad para fabricar fútbol ni orgullo.
Los futbolistas y la directiva, en el foco
Xabi Alonso fue cabeza de turco de una crisis que tiene otros culpables, algunos de ellos ya señalados por un Bernabéu que nunca dirigió su ira hacia el preparador guipuzcoano y sí hacia unos futbolistas a los que el club ha dejado sentirse como los reyes del mambo. Esa preeminencia de los caprichos de la caseta sobre las exigencias del entrenador de turno ya hizo saltar por los aires la primera etapa de Florentino Pérez al frente del Real Madrid y está repitiéndose, con consecuencias nefastas en un conjunto que, para más inri, ha perdido toneladas de calidad con el adiós de quienes ejercieron como sus vigas maestras en un ciclo ya agotado y su sustitución por un puñado de jóvenes cuya capacidad para manejar la presión que conlleva jugar para una entidad tan exigente está por contrastar.
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Vinicius, Bellingham, Huijsen, Mastantuono y hasta Valverde están en el foco de una hinchada que volverá a cargar previsiblemente contra los futbolistas en la previa del choque liguero que el Real Madrid disputará este sábado frente al Levante. Todos ellos, como otros muchos otros salvo Courtois y Mbappé, están lejos de las prestaciones que cabe demandarles a los jugadores del Real Madrid y de las que algunos de ellos ofrecieron en tiempos mucho más venturosos. A casi ninguno, salvando a Tchouaméni, logró mejorar Xabi Alonso, pero la autoridad del tolosarra fue menoscabada enseguida por el club, lo que debe ser tenido en cuenta a la hora de emitir cualquier juicio sobre el vasco. Está por ver si Arbeloa, mimado por Florentino Pérez, conseguirá tocar los resortes necesarios, pero la depauperación de la plantilla tiene mucho que ver con su sobreprotección y una estrategia errática en el mercado de fichajes.
Además de en los goles de la celebérrima BBC, la hegemonía europea del Real Madrid entre 2014 y 2022 se sustentó en un magistral centro del campo que Carlo Ancelotti bautizó como el 'Triángulo de las Bermudas'. El triunvirato que conformaron Casemiro, Kroos y Modric comenzó a extinguirse con la salida del brasileño en 2022. Desde esa fecha, el club de Chamartín ha fichado a trece futbolistas y solo uno de esos refuerzos, Tchouaméni, puede considerarse como un centrocampista puro. La sala de máquinas se ha descapitalizado y los efectos son funestos para un equipo que es incapaz de gobernar partido alguno, independientemente de cuál sea el calibre del rival.
De aquellos polvos vienen estos lodos para un club que miró hacia otro lado cuando Xabi Alonso pidió reclutar a un mariscal de campo el pasado verano. En lugar de pujar por Martín Zubimendi, que acabó marchándose a un Arsenal que manda en la Premier y en la Champions, el Real Madrid apostó por reforzarse con tres defensas, Trent, Huijsen y Carreras, de los cuales solo este último está ofreciendo un rendimiento a la altura de lo esperado, y otra promesa en ciernes como Mastantuono que no necesitaba. Es un mal endémico en un club que acostumbra a coleccionar cromos en lugar de edificar equipos. Lesiones al margen, la descompensación del plantel, con tres laterales izquierdos y ningún metrónomo de garantías, es palmaria.
Tanto como la ausencia de colmillo competitivo por parte de un bloque malcriado que no acepta que nadie le lea la cartilla. Xabi Alonso se dio de bruces con la intransigencia de los futbolistas y para revertir las tornas con Arbeloa será necesario que Florentino Pérez baje al barro y ponga firme a la caseta. El presidente se quedó sin escudo al despedir a Xabi Alonso y ahora le tocará remangarse para impedir que la situación sea irreconducible. Quemada la bala del cambio de técnico, y tras los pitos a los futbolistas, el siguiente paso puede ser la pañolada hacia el palco. La última significativa, tras una derrota ante el Barça en 2015, dejó sentenciado a Rafa Benítez. Esta vez ya ha salido Xabi Alonso como chivo expiatorio. La patata caliente ahora es para los futbolistas y la directiva.
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