El club blanco quiso fichar al delantero para el Castilla hace dos años, cuando era juvenil, y el Levante se negó
- FERNANDO ÁLVAREZ
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Carlos Espí ha pasado en un año de recibir ofertas para salir cedido a Segunda división a fichar por el Real Madrid y convertirse en la mayor venta de un futbolista formado en la cantera del Levante. El club blanco cerró el fichaje en una operación relámpago para llevarse al delantero revelación (11 goles y dos asistencias en 1.300 minutos) de la temporada 2025-26. El club granota tenía bien atado al jugador, pero sabía que la cláusula de 25 millones no iba a impedir que uno de los grandes se llevara a un jugador que hace once meses había decidido quedarse en el equipo recién ascendido a Primera, a pesar de que sabía que no iba a tener muchas oportunidades. Fue la llegada de Luís Castro al banquillo la que le cambió su rol en el equipo y también la que le cambió la suerte a un equipo que en enero parecía condenado a Segunda.
En marzo de 2024, cuando Carlos Espí todavía era un delantero juvenil que apenas asomaba por el fútbol profesional, el Real Madrid llamó a la puerta del Levante con una oferta para incorporarlo al Castilla. “No la aceptamos porque veíamos que tenía un potencial enorme”, recordaba en MARCA Felipe Miñambres, entonces director deportivo granota. Dos años después, la llamada se repitió, pero en otros términos. Ya no se trata de una promesa que despertaba curiosidad en Valdebebas, sino de un jugador con un potencial descomunal.
Carlos Espí celebra su gol ante el MallorcaLa historia de Espí empezó mucho antes de que los grandes clubes se fijaran en él. En Tavernes de la Valldigna (a 78 kilómetros al sur de Valencia), donde desde la ventana de su casa se veía el campo de fútbol y donde pasar la tarde significaba bajar a dar patadas a un balón. Allí, cuando apenas tenía seis años, llamó la atención de Javi Tur, el entrenador que lo conocía desde que llevaba pañales. “Los niños a esa edad suelen tener miedo de dar al balón con la cabeza y él iba con todo. No se lo pensaba”.
Sin embargo, la diferencia no la marcó ni la fuerza ni el talento, sino una ambición calmada, casi silenciosa. Durante la pandemia pegó el estirón definitivo. Cuando el Alzira llamó para incorporarlo, la familia no veía necesario cambiar de entorno por el trastorno de los traslados a los entrenamientos y partidos. Carlos sí. “Es que yo quiero jugar contra los mejores”, respondió entonces. “Carlos ve un escalón y lo sube; y después, continúa subiendo”, describe su padre, Juanjo Espí.
Carlos Espí se queda a las puertas del Mundial y así reaccionóEn el club ribereño, un técnico cuestionado por los malos resultados llamó a Espí para el partido del ultimátum. El delantero marcó dos goles y llamó la atención de algunos ojeadores que se habían dejado caer por el campo. “Ahí fue donde empezó todo”, recordaba su padre. Al día siguiente . Luego volvieron a sonar más. Pero la familia decidió que el buen criterio de Pepe Serer como agente le beneficiaría en el futuro.
Carlos Espí, con sus padres, el día del ascenso a Primera división.Aquel adolescente desgarbado de casi 1,90 también necesitaba aprender a convivir con un cuerpo en plena transformación. Su tío Sergio Palomares asumió parte de esa tarea. Llegaron sesiones físicas específicas, pérdida de peso, trabajo de fuerza y coordinación. “Con 15 o 16 años es cuando lo moldean”, explicaba su padre.
El Alavés tenía monitorizado al futbolista, pero el Levante igualó la propuesta del club vasco y Carlos decidió quedarse en Valencia. Y fue en la ciudad deportiva de Buñol -su padre sabe cuántos kilómetros ha hecho para llevarlo y traerlo de los entrenamientos- donde terminó de forjarse un gladiador del área que ha mejorado mucho con el balón en los pies.
Debutó en Segunda todavía con la ‘L’ en el coche que necesitaba también para ir a la facultad donde estudia, con muy buenos resultados académicos, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Marcó su primer gol profesional siendo prácticamente un desconocido. Después llegaron los cánticos [Calero, saca Espí] de una afición que reclamaba más minutos para él, la explosión durante el ascenso y, finalmente, la irrupción que lo convirtió en una de las revelaciones de Primera.
Espí posa con el trofeo al jugador de LaLiga del mes de marzo con sus compañeros.LALIGAHubo un momento que resume mejor que cualquier estadística cómo es Carlos Espí. Antes de un partido decisivo por la permanencia pidió a todos sus compañeros que aparecieran junto a él en la fotografía del premio al mejor jugador del mes de marzo de LaLiga. “Les dije que vinieran porque es de todos”.
La frase retrata a un futbolista que nunca ha vivido los éxitos como algo exclusivamente suyo. El mismo jugador que, semanas después, convenció a sus dos abuelas para que acudieran al Ciutat de València en una final por la salvación. Allí marcó. Después subió las escaleras de la grada para abrazarlas. Ahora les pilla algo más lejos, pero esa imagen seguro que quiere repetirla en el Bernabéu.
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