Albert Spaggiari pasó a la historia como el cerebro del golpe más célebre de la historia criminal francesa. Un mérito que no le correspondía del todo. Cinco décadas después del atraco al banco Société Générale de Niza, te contamos la verdadera historia de este delincuente irrepetible.
Efectivos de la Policía comprueban la boca del alcantarillado por la que, el 16 de julio de 1976, los atracadores accedieron al banco Société Générale de Niza. Regala esta noticia Añádenos en GoogleLourdes Gómez
10/07/2026 Actualizado a las 12:44h.En 1976, Albert Spaggiari, que entonces tenía 44 años, era un respetable fotógrafo de Niza. Captaba momentos memorables de sus ciudadanos, cubría bodas, actos relevantes... ... Era bueno en su trabajo. Su estudio fotográfico, Los Gansos Salvajes, había prosperado hasta el punto de convertirlo en el fotógrafo oficial del ayuntamiento; se movía con soltura entre concejales y empresarios locales, y le gustaba pasearse por el puerto con trajes caros, gafas de sol y un puro en la boca.
Poco después del 'incidente' del diamante, el joven Spaggiari se alistó en la Legión Extranjera y fue enviado a Indochina, donde combatió como paracaidista. Allí alternó episodios de valentía reconocida con otros bastante menos heroicos. En 1953 participó en el asalto al Milk Bar de Hanói, un burdel que frecuentaba con regularidad. El propietario lo reconoció enseguida. La carrera criminal de Spaggiari tuvo desde el principio un componente casi cómico. Condenado y encarcelado, regresó a Francia tras la derrota francesa en Indochina decidido a rehacer su vida.
Para una mente fantasiosa e inclinada al delito, aquello era una tentación irresistible. Spaggiari se informó sobre la red de alcantarillado de la ciudad. Las galerías subterráneas, descubrió, pasaban justo por debajo del banco y había una alcantarilla de acceso a unos diez metros del mismo. Solo había que cavar un túnel hasta la cámara. Aunque, claro, el plan requería algo más que audacia. Necesitaba mano de obra, especialistas y hombres dispuestos a pasar meses bajo tierra, porque excavar era casi un trabajo de orfebrería, avanzaban apenas unos centímetros al día. Spaggiari recurrió a sus contactos del hampa marsellesa con ciertas cualificaciones: soldadores, albañiles, herreros e incluso un joyero capaz de identificar rápidamente las piezas más valiosas una vez que estuvieran dentro. En total, involucró a una veintena de hombres.
Saltó por la ventana del despacho del juez. Creyendo que se iba a suicidar, su abogado gritó: «¡No lo hagas, Albert!». Abajo lo esperaba una motocicleta. Empezaba así una fuga que duraría doce años
Durante casi tres meses descendieron cada noche a las alcantarillas disfrazados de trabajadores municipales. Transportaban herramientas de más de 50 kilos y excavaron pacientemente un túnel de ocho metros hasta la cámara acorazada. La operación exigía una disciplina casi militar.
El golpe se ejecutó el fin de semana del Día de la Bastilla, el 16 de julio de 1976. Los ladrones irrumpieron en la cámara acorazada desde abajo. Durante 36 horas trabajaron con tranquilidad, abriendo cajas de seguridad. Vaciaron 371 de las cuatro mil existentes. El botín alcanzó una cifra que hoy equivaldría a unos 40 millones de euros. Salieron de allí la madrugada del domingo 18 de julio.
Marcelle Audi, la esposa de Spaggiari, en los juzgados cuando el ladrón, a quien siempre apoyó, ya había sido detenido. Spaggiari se casó con ella en 1959, en Dakar. Abajo: en el día de su boda. A la derecha: Emilia de Sacco, con quien Spaggiari inició una relación durante su fuga. Ella fue quien lo acompañó todos los años que permaneció huido..En esa huida, ya en un apartamento en París, conoció a una admiradora, Emilia de Sacco, que lo seguiría durante sus 12 años de huida (hay quien asegura que ya eran amantes antes del atraco). La fuga los llevó por Estados Unidos, Argentina, Paraguay, Chile, Italia... Spaggiari mantuvo relaciones con círculos de extrema derecha latinoamericanos, concedió entrevistas, publicó libros y cultivó su propia mitología. Incluso envió dinero al propietario del automóvil cuyo techo había destrozado al caer del juzgado, en otro de esos gestos tan populistas que la prensa devoraba.
Vivía de esos trucos publicitarios y de sus libros y las películas que se hicieron inspirados en ellos, porque no está claro cuánto le duró el dinero del botín, que nunca se recuperó. Se cuenta incluso que fue extorsionado por fascistas chilenos a los que tuvo que darles una buena parte del mismo.
La sombra pasa por España
En mayo de 1978, un año después de su fuga, Spaggiari reapareció en Madrid, donde ofreció una rueda de prensa disfrazado con peluca, barba postiza y gafas. En realidad no vivía en España, sino en Argentina. Pero dejó cierta aprensión en nuestro país, que tuvo consecuencias unos años después. El 27 de diciembre de 1982 se produjo en Marbella un robo al Banco de Andalucía cuyo modus operandi recordaba el de los ladrones de Niza, y la prensa no tardó en señalar a Spaggiari y asegurar que se lo había visto en la Costa del Sol. Los responsables del atraco marbellí entraron por un edificio en construcción contiguo al banco. El 24 de diciembre derribaron el muro, penetraron n la entidad y desac-tivaron las alarmas. Permanecieron dentro todo el fin de semana, lo que les permitió vaciar 186 cajas de seguridad. Se llevaron objetos y dinero por unos mil millones de pesetas (6 millones de euros; 28 millones de hoy si se ajusta la inflación acumulada). No fue obra de Spaggiari, sino de otra banda francoitaliana, cuyo líder, Michel Henrion, especialista en butrones, sería detenido seis meses después.
comentarios Reportar un error