Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros, analiza las claves de un deporte donde la unión hace la fuerza
Foto tomada antes de partir hacia Chile en el aeropuerto de Carrasco, 1972.- SUSANNA NASSER HEIKKILÄ
- Compartir en Facebook
- Compartir en Twitter
- Compartir en Telegram
- Compartir en Whatsapp
- Compartir por Mail
"Empezaron a organizarse desde el minuto uno porque ya estaban organizados antes de estrellarse". Así explica Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros la tragedia de octubre de 1972. En mitad de los Andes, un accidente de avión deja a un grupo de jóvenes aislados del mundo. Rodeados de nieve y enfrentados a condiciones extremas, descubren que sobrevivir ya no depende de ninguno de ellos por separado. Muchos son jugadores del Old Christians Club, un equipo de rugby uruguayo que se dirigía hacia Chile para disputar un partido. Están acostumbrados a avanzar juntos, a confiar en el compañero y a entender que, cuando uno cae, otro ocupa su lugar. Fuera del campo, aquella idea adquirió una dimensión inimaginable: el equipo como supervivencia.
Más de medio siglo después y a miles de kilómetros de la cordillera andina, el rugby sigue construyéndose alrededor de la palabra equipo. Aquella tragedia llevó hasta el extremo unos valores que forman parte de la esencia de este deporte. Para Antonio de Castro, la explicación de lo ocurrido en los Andes comienza precisamente antes del accidente. Antes del frío, del hambre y de los 72 días atrapados en la montaña. Comienza cuando aquellos jóvenes todavía eran simplemente compañeros de rugby. "Para mí, la clave de por qué pudieron sobrevivir es que eran un equipo y, segundo que eran un equipo de rugby".
Hoy, lejos de aquel escenario límite, la psicología ha pedido paso para ocupar un lugar cada vez más importante dentro y fuera del terreno de juego.
Cuando el 'yo' se convierte en 'nosotros'
En medio de una situación en la que cualquier estructura conocida había desaparecido, ellos conservaron una: la del equipo. Repartieron funciones, asumieron responsabilidades y redujeron un problema gigantesco a pequeños objetivos. Conseguir agua. Acondicionar el fuselaje. Atender a los heridos. Preparar una expedición. Sobrevivir una noche más. Antonio lo explica con un concepto muy visual: “Funcionaron como una mente colmena”.
Según relata el psicólogo, apenas necesitaron tres minutos para comenzar a organizarse tras el impacto. Roberto Canessa y Gustavo Zerbino, estudiantes de Medicina, comenzaron a atender a los heridos; Marcelo Pérez del Castillo, capitán del equipo, asumió la organización del grupo. “Empezaron a organizarse desde el minuto uno porque ya estaban organizados antes de estrellarse”, explica.
El Cisneros durante la temporada pasada.CisnerosAhí encuentra una de las particularidades del rugby. En otros deportes, las grandes estrellas pueden terminar convirtiéndose en la principal referencia del equipo. En rugby, sostiene Antonio, la individualidad pierde sentido cuando deja de estar al servicio del colectivo. "Cuando el yo se convierte en nosotros", resume recurriendo a una frase de Gustavo Zerbino.
"El rugby es uno de los pocos deportes en los que, si de verdad no eres un equipo, no tienes nada que hacer
Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros
"El rugby es uno de los pocos deportes en los que, si de verdad no eres un equipo, no tienes nada que hacer. Aquí no valen ni las individualidades ni los egos", asegura el psicólogo del Cisneros.
Esa filosofía sigue presente en los vestuarios actuales. El escenario es incomparable, pero algunos de los mecanismos psicológicos utilizados para enfrentarse a la incertidumbre tiene un punto de encuentro: reducir lo incontrolable, repartir responsabilidades y concentrarse en aquello sobre lo que todavía se puede actuar.
Más allá de un deporte
Quince jugadores avanzan hacia el mismo objetivo y cada uno depende de lo que haga quien tiene al lado. El esfuerzo individual pierde buena parte de su sentido si no repercute sobre el colectivo. Y esa interdependencia termina creando vínculos que, según Antonio, trascienden incluso el compañerismo: "Aquí te sacrificas y te rompes los cuernos por tu compañero. Eso derriba una barrera que va más allá del compañerismo. Hablamos de fraternidad, de amistad e incluso de familia".
Hay que destruir el ego y pensar en quien tienes al lado.
Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros
Convertir un grupo de buenos deportistas en un verdadero equipo implica precisamente abandonar parte de esa individualidad. "Hay que destruir el ego y pensar en quien tienes al lado. Lo que haces, lo haces también por él, porque si tú fallas, el perjudicado es tu compañero y todos los que te rodean", relata.
Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros.CisnerosEl compromiso, por tanto, no empieza cuando el árbitro señala el inicio del partido. Descansar, entrenar, alimentarse o llegar preparado también afecta al compañero. La exigencia deja de ser exclusivamente personal para convertirse en una responsabilidad colectiva. "La clave de un verdadero equipo llega cuando no tienes que esperar a que nadie venga a exigirte más. Sabes que tu exigencia se transformará en valor para el equipo y que la falta de ella también terminará perjudicándolo".
Cada temporada, Antonio pide a sus jugadores de Cisneros que escriban de forma anónima cuál será su compromiso con el equipo. Entre aquellos papeles conserva uno: "Me comprometo a poner mi cuerpo a disposición del equipo". Quizá pocas frases expliquen mejor un deporte construido alrededor del compañero.
80 partidos de un minuto
La psicología deportiva trabaja precisamente sobre muchos de esos mecanismos. No como una herramienta a la que acudir únicamente cuando aparece un problema, sino como una capacidad más que puede entrenarse.
Para Antonio es fundamental "cambiar el enfoque. En lugar de tratar de resolver un déficit que tienen los jugadores, lo que hacemos es potenciar sus habilidades. Igual que entrenamos el físico, tenemos que entrenar la concentración, la gestión de la frustración y el lenguaje con el que nos hablamos".
Y para hacerlo, Antonio intenta reducir aquello que un deportista no puede controlar. Un jugador le regaló una definición que desde entonces utiliza en su trabajo: "Antonio, un partido de rugby no es un partido de 80 minutos; son 80 partidos de un minuto".
Reducimos todo lo abstracto de un partido completo y empezamos a controlar aquello que tenemos delante
Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros
El principio es sencillo. No pensar en todo lo que queda. Ni siquiera en todo lo que acaba de ocurrir. Solo en aquello que viene inmediatamente después. "Nos centramos en el siguiente minuto, después en el siguiente y luego en el siguiente. Reducimos todo lo abstracto de un partido completo y empezamos a controlar aquello que tenemos delante".
También se entrena lo inesperado. Antonio lo llama entrenar la incertidumbre. En ocasiones, cuando los jugadores creen haber terminado una sesión, acuerda con los preparadores físicos añadir una tarea más. No importa tanto ese esfuerzo añadido como la respuesta ante un escenario que no estaba previsto.
"Trabajamos qué hacer cuando las cosas se tuercen. Así se acostumbran a que el valor y el rendimiento no los decida un número y a seguir dando un poco más incluso cuando parece que todo está perdido", explica.
Hace dos años, Cisneros perdía por 14 puntos a falta de siete minutos en unos cuartos de final disputados en Burgos. Terminó ganando por uno. Para Antonio, aquella remontada tuvo mucho que ver con haber aprendido previamente a seguir compitiendo cuando el resultado invitaba a pensar lo contrario.
El Cisneros y sus éxitos
La llegada de Antonio de Castro al Cisneros se produjo casi por una coincidencia de necesidades. Por aquel entonces, Tobías Cagigal y Daniel Vinuesa buscaban incorporar a un psicólogo deportivo al club, mientras él trataba de encontrar un equipo en el que comenzar a desarrollar esa faceta profesional. Su currículum llegó a sus manos y decidieron apostar por él pese a que, hasta entonces, su experiencia se había limitado al trabajo individual con deportistas y nunca había formado parte de la estructura de un equipo. Una oportunidad que De Castro agradece especialmente; "Sabemos que es un riesgo para todos, pero queremos confiar en ti", recuerda que le dijeron.
Y ahí aparece otra de las ideas sobre las que construye su trabajo. El éxito de la psicología deportiva no puede medirse únicamente mirando un marcador. "Yo me centro en objetivos de proceso, no de resultados. El resultado es blanco o negro: ganas o no ganas. El proceso, en cambio, tiene escalas de grises. Incluso sin ganar puedes haber conseguido cosas. Mi objetivo es conseguir deportistas competitivos, no ganadores", señala.
Acción del Alcobendas - CisnerosLos resultados de Cisneros desde su llegada han acompañado ese proceso: una final de División de Honor en 2025 después de décadas sin alcanzarla, una final de Copa del Rey, una cuarta posición liguera y un tercer puesto en Seven.
Pero Antonio invierte la relación causa-efecto. "Creo que el trabajo está bien hecho, no por el resultado, sino por lo que se ha conseguido en los jugadores, porque eso es lo que después les ha llevado a esos resultados". La fortaleza mental tampoco significa eliminar la frustración, el miedo o la incomodidad. Significa aprender a competir también cuando aparecen. Antonio no deja de aprender de sus compañeros, entre ellos nombra a Gastón, uno de los entrenadores del equipo que dice: "Hay que aprender a estar cómodos en la incomodidad".
La lesión en el deportista
Esa preparación adquiere otra dimensión cuando el problema deja de ser un resultado y aparece una lesión. Entonces el deportista puede enfrentarse no solo a la imposibilidad de competir, sino a algo más profundo: descubrir cuánto de su identidad había construido alrededor del deporte.
Si tu único sol es el deporte y un día se apaga por una lesión, toda tu vida se desmorona
Antonio de Castro, psicólogo deportivo del Cisneros
Antonio recurre a una metáfora. "Muchas veces el deportista tiene toda su vida estructurada alrededor del deporte. Es como un sistema solar: tienes un sol y todos los planetas giran a su alrededor. Si tu único sol es el deporte y un día se apaga por una lesión, toda tu vida se desmorona. Lo que intentamos es construir nuevos soles para que, cuando uno se apague, puedas seguir obteniendo energía de otros",
Por eso distingue poco entre la psicología destinada al rendimiento y la relacionada con el bienestar del deportista. Una termina repercutiendo inevitablemente sobre la otra. "Si ofrecemos herramientas para mejorar la estabilidad emocional, la toma de decisiones o la gestión emocional fuera del campo, eso se va a ver reflejado dentro. Y ocurre también al revés".
En Cisneros, además, su trabajo no queda reservado al primer equipo. Antonio interviene de manera transversal en la estructura: con quien solicita su ayuda, pero también con aquellos jugadores en los que detecta que puede resultar necesaria. Porque cuando todos ellos se encuentran, explica, ocurre algo particular. Uno puede ser matemático; otro, ingeniero; otro, analista financiero; otro, profesor. Durante unas horas esas identidades individuales conviven con otra que pertenece a todos.
"Cuando todos se juntan, todo aquello adquiere una identidad nueva", asegura. Y quizá esa sea también la mejor manera de regresar al lugar donde comenzó esta historia.
Fin del círculo
Antonio tenía 12 años cuando su madre le habló por primera vez de ¡Viven! y vio la película sobre la tragedia de los Andes. Algo de aquella historia se quedó con él. "No podía dejar de verla. Sentía la necesidad de leer más, de saber más, de profundizar más", recuerda.
Durante años estudió lo sucedido. Leyó sobre sus protagonistas y, mucho después, acabó conociendo a algunos de quienes habían regresado de aquella montaña. En ese camino apareció Pablo Vierci, escritor uruguayo y autor de La sociedad de la nieve, con quien entabló una estrecha amistad. Vierci terminó abriéndole la puerta que durante años había observado desde lejos: la de los supervivientes.
Y entonces apareció Roberto Canessa. El mismo joven que había sobrevivido en los Andes y que, junto a Fernando Parrado, atravesó la cordillera en busca de ayuda supo años después que aquel niño fascinado por su historia se había convertido en psicólogo deportivo. Canessa puso a Antonio en contacto con Tomás Fonseca, entrenador del Old Christians, para colaborar en la preparación psicológica del equipo.
El mismo club del que procedían muchos de los jóvenes que viajaban en aquel avión en octubre de 1972. Hoy, desde Madrid, Antonio trabaja telemáticamente con el conjunto uruguayo.
Durante años estudió aquella historia desde los libros. Después conoció a quienes consiguieron regresar de la montaña. Más de medio siglo después del accidente, trabaja con el club alrededor del cual comenzó todo. El rugby volvió a unir los dos extremos de la historia. "Para mí, el círculo se acaba de cerrar".
Rugby Tiblisi Cup y Toyota Challenge, calendario para unos Iberians 'ampliados'Rugby La Rivalidad All Black-Springboks o el rugby como coto privado, una vez másRugby Los All Blacks barren a Sharks en Durban Ver enlaces de interés