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El 'show' de Trump a través de sus gestos, imitando y riéndose de los que ve más débiles: "Está exultante, habla para los suyos"

El 'show' de Trump a través de sus gestos, imitando y riéndose de los que ve más débiles: "Está exultante, habla para los suyos"
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Dos expertos en lenguaje no verbal analizan su exagerado histrionismo durante su discurso ante el Comité Nacional Republicano, en el que se burló y realizó gestos que mostraron a un Donald Trump "multiplicado por diez". Más información: 150 aeronaves de EEUU participaron en la operación “Resolución Absoluta” para capturar a Nicolás Maduro

Donald Trump, durante su intervención ante el Comité Nacional Republicano. E.E.

Reportajes El 'show' de Trump a través de sus gestos, imitando y riéndose de los que ve más débiles: "Está exultante, habla para los suyos"

Dos expertos en lenguaje no verbal analizan su exagerado histrionismo durante su discurso ante el Comité Nacional Republicano, en el que se burló y realizó gestos que mostraron a un Donald Trump "multiplicado por diez".

Más información: 150 aeronaves de EEUU participaron en la operación “Resolución Absoluta” para capturar a Nicolás Maduro

Publicada 8 enero 2026 03:27h

Donald Trump reapareció triunfal ante el Comité Nacional Republicano tras la 'Operación Resolución Absoluta'. Su discurso sirvió para dar cuenta de la captura de Nicolás Maduro en su propia casa por parte de los Delta Force estadounidenses.

Sirvió para eso, pero no solo. Fue su lenguaje no verbal el que más llamó la atención: gestos exagerados, imitaciones burlescas y una intensidad emocional que desborda el marco habitual de la política institucional. Casi inmediatamente, su histrionismo se hizo viral.

Esta escena, interpretada para EL ESPAÑOL por expertos en comunicación no verbal y en psicología estratégica, dibuja a un líder que no solo quiere mandar con sus decisiones, sino también con su cuerpo, su teatro gestual y la manera en que organiza emocionalmente a su audiencia.

Con sus gestos, "Trump no busca convencer a quien duda. Busca confirmar emocionalmente a quien ya pertenece", indica Jorge López Vallejo, psicólogo, psicopedagogo y experto en Terapia Breve Estratégica (TBE).

​La "hazaña militar" y el ego

El contexto no es menor. Trump calificó la reciente intervención militar como una "hazaña militar increíble", subrayando la extrema complejidad de la operación y destacando que "muchos murieron, la mayoría cubanos".

La acción permitió una ventaja táctica decisiva que el presidente de los Estados Unidos resumió con la frase "los cogimos por sorpresa" ante los miembros republicanos de la Cámara de Representantes, reforzando la idea de astucia y superioridad estratégica.

El episodio que marca la atmósfera emocional es la operación en Venezuela que culmina con la captura de Nicolás Maduro, sin bajas estadounidenses, y la imagen del líder venezolano entrando esposado a declarar.

150 aeronaves de EEUU participaron en la operación “Resolución Absoluta” para capturar a Nicolás Maduro

Para los analistas consultados, ese éxito militar se convierte en gasolina para el ego de Trump y explica en parte por qué su puesta en escena ha sido mucho más extrema que en otras ocasiones.

Quien mejor conoce esa evolución en la comunicación no verbal de Donald Trump es José Luis Martín Ovejero. Autor de tres libros sobre comunicación no verbal, es máster y experto en comportamiento no verbal por la Universidad Camilo José Cela y abogado especializado en retórica y argumentación jurídica por la Universidad Complutense.

Ovejero ha analizado "infinidad de veces" la comunicación no verbal de Trump, desde sus debates con Hillary Clinton hasta las etapas en las que su presencia parecía más apagada, con la cabeza baja y menos expresividad emocional.

"En este último discurso ha sido una cosa muy diferente y exagerada", resume, al comparar esta intervención con las anteriores, que incluyen sus intervenciones contra Joe Biden, "sin duda la persona a la que más ha ridiculizado".

A su juicio, el Trump que se ha visto ahora es una versión "multiplicada por diez": más gestos, más burla, más énfasis, más coherencia entre lo que dice y lo que su cuerpo transmite.

Lo llamativo para Martín Ovejero es que esa exageración no parece teatro forzado, sino una coherencia total entre mensaje verbal y no verbal.

"Ridiculizaba con gestos y con contenido verbal; no era una teatralización vacía, salían a la vez o incluso se adelantaba la expresión corporal a la verbal". Es decir, el cuerpo no acompaña después de pensar el chiste, sino que se adelanta.

Inteligente, hábil… y sin frenos

El analista subraya que Trump es un político "muy inteligente" y un negociador "muy hábil" que aplica estrategias bien conocidas en el campo de la persuasión y la negociación.

Entre ellas, "la del mal menor", consistente en ofrecer primero nada, "o algo muy negativo" para que cualquier concesión posterior que otorgue parezca un gran logro de su oponente.

"Ese tipo de maniobra funciona especialmente bien cuando se actúa desde una posición clara de poder", precisa Martín Ovejero, algo que no se limita solo a la figura personal de Trump, sino también al peso internacional de Estados Unidos, "que lo tiene".

El problema, apunta, es que en esta última intervención, a Donald Trump "se le fue la mano". "Se comportó como quien, tras ganar confianza, cruza todos los límites de lo adecuado". Y que lo hiciera, "por ejemplo, en una cena de empresa".

La impresión de Martín Ovejero es que Trump se percibe a sí mismo "cada vez con más poder" y que ese sentimiento se traduce en una comunicación más sobreactuada, más expansiva y más agresiva.

Otro de los gestos de Donald Trump durante su discurso. E.E.

El experto señala otro punto "que no sé si es positivo o negativo, y es que la gente después de esto lo cree capaz de todo, de cualquier cosa... con lo que no se sabe si va de farol o no". Además, enfatiza en que se empeñó a fondo, con su lenguaje no verbal, en ridiculizar.

"Trump no tiene frenos. Lo que hemos visto en la última hora ha sido espectacular, ha perdido el control de su propia comunicación". Esto, en una mesa de negociaciones, "es peligrosísimo porque no se sabe hasta dónde puede llegar".

También señala que durante su intervención "estaba siendo sincero". Porque, sostiene, "el día que amenazó a Corea del Norte diciendo que iba a desatar el día del fuego de la furia, iba de farol".

Principalmente, "porque después visitó ese país, pero cuando dijo esa frase, su cuerpo se echaba hacia atrás, bajaba los brazos... Ayer estaba hablando echado hacia adelante. Estaba en su salsa, está crecido y se ha venido arriba".

Pregunta.- También llamó la atención los ojos entrecerrados, como ranuras, cuando hablaba.

Respuesta.- Es que el cerebro actúa sobre unos músculos que se llaman orbicular oculis. Es una pista de que en ese momento estaba sintiendo con intensidad.

Desde otra perspectiva complementaria, la Terapia Breve Estratégica (TBE), el psicólogo Jorge López Vallejo aporta una lectura clínica-estratégica de este estilo de comunicación.

Para esta corriente, el lenguaje no verbal funciona como un "índice conductual" de significados profundos: no solo expresa emociones, sino que revela intenciones estratégicas y modos de influir en los demás.

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López Vallejo describe el perfil comunicativo de Trump como "manipulador polarizante, orientado al control perceptivo de los demás, con baja tolerancia a la ambigüedad, altamente eficaz en contextos de conflicto y poco orientado al consenso o la integración".

En una frase, lo resume: "Trump no comunica para explicar la realidad, sino para organizar emocionalmente a quienes le miran". Ese enfoque ayuda a entender por qué el cuerpo parece ocupar tanto espacio en sus apariciones.

Cuando el discurso verbal presenta frases simples, menos diversidad léxica y desvíos temáticos, el cuerpo "compensa" con gestos amplificados, posturas intensas y una presencia física dominante para mantener la atención y la sensación de seguridad entre sus seguidores.

Visualmente, Trump se presenta "con una postura erguida y gestos amplios", que en principio transmiten confianza y control.

"Las manos se mueven mucho, las señalizaciones son contundentes, los brazos se abren para abarcar la escena, y el cuerpo se inclina hacia adelante cuando quiere enfatizar una idea, lo que intensifica la percepción de ataque o desafío", explica.

El gesto de apuntar hacia la audiencia o hacia "enemigos" concretos funciona como un mapa rápido de la realidad: quién está dentro, quién está fuera, quién es de los nuestros y quién es de los otros.

Las expresiones faciales acompañan esta lógica. La reducción de sonrisas genuinas y la tendencia a mantener miradas intensas o párpados entrecerrados encajan con un estereotipo de "rasgo dominante/amenazante", más útil para activar indignación o alerta que para generar empatía o cercanía.

Burla y caricatura

Uno de los puntos más delicados es la burla. Cuando Trump imita a Emmanuel Macron o a deportistas trans, no se limita a reproducir palabras. "Exagera posturas, afina la entonación, introduce gestos caricaturescos y reduce al otro a un personaje".

Jorge López Vallejo sostiene que "no está citando, está encarnando una versión degradada del rival". Subraya el experto que este recurso cumple varias funciones simultáneas.

En primer lugar, desacraliza al otro, que deja de ser un líder legítimo para convertirse "en objeto de risa". En segundo, coloca a Trump en el rol activo, mientras el otro queda reducido a figura representada.

En tercer lugar, libera emocionalmente al grupo, que se cohesiona mediante la risa compartida. En lugar de abrir un debate o confrontar argumentos, la caricatura reorganiza la jerarquía: uno arriba, el otro abajo.

En el caso de las personas trans en el deporte, la exageración motora y los movimientos incongruentes simplifican un asunto complejo en una sensación inmediata de extrañeza o rechazo. Porque la burla "indica al público cómo debe emocionarse, no qué debe reflexionar".

Tanto en la imitación que hace del presidente francés, Emmanuel Macron, como en la de las deportistas trans, López Vallejo detecta el mismo patrón estratégico.

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Primero se externaliza al otro, después se convierte en caricatura y luego se activa una emoción primaria (risa, rechazo, y alivio grupal) y finalmente se cierra el campo cognitivo. Es decir, "la burla no abre un debate, lo clausura".

A corto plazo, esta estrategia en su conjunto supone "aumentar la polarización".

En cuanto a si esa comunicación no verbal denota algún rasgo de carácter, José Luis Martín Ovejero cree que "transmite una manera de ser que da prioridad a sus ideas y pensamientos respecto a los ajenos. Que parece importarle poco las opiniones ajenas".

Para Jorge López Vallejo, la comunicación de Trump denota un perfil "manipulador polarizante, orientado al control perceptivo de los demás, con baja tolerancia a la ambigüedad, altamente eficaz en contextos de conflicto, dependiente de la activación emocional colectiva y poco orientado al consenso o a la integración".

En una frase clínica-estratégica, Trump, también con su lenguaje no verbal, "no comunica para explicar la realidad, sino para organizar emocionalmente a quienes le miran".

La combinación de los análisis de Martín Ovejero y de Jorge López Vallejo dibuja un retrato certero. Por un lado, un Trump que se percibe más poderoso, más auténtico y más libre para exagerar; por otro, un estilo no verbal que resulta altamente eficaz para movilizar, cohesionar y polarizar.

En un contexto internacional ya tenso, la imagen de un presidente que "no tiene frenos" con sus gestos, que con ellos ridiculiza a aliados y adversarios y que se considera capaz de todo, introduce una incertidumbre permanente.

La desliza Martin Ovejero. "Nadie sabe si está exagerando, si va de farol o si realmente está dispuesto a ir más lejos". Ese es, quizá, su mensaje más potente: que el límite de Donald Trump no está claro, ni para sus rivales, ni para sus seguidores.

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