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David Pareja sostiene un ejemplar de su novela. J.R. LadraDavid Pareja
Cómico «El sistema liga el éxito al poseer cosas»En 'El discípulo', su primera novela, aborda la masculinidad tóxica: «El estereotipo de 'ser un hombre de verdad' nos lleva a la frustración»
Domingo, 29 de marzo 2026, 00:10
... ti? Méale la pierna en la ducha, literalmente» son algunas de las frases reales que, dichas en las redes sociales por gurús de la masculinidad y el éxito, abren los capítulos de 'El discípulo' (Temas de Hoy), la primera novela de David Pareja. Con un humor no exento de ternura, el cómico, actor, guionista y creador de contenido desmonta el supuesto ideal de virilidad y triunfo personal. Lo hace a través de Emilio, un chico de diecisiete años que, intentando convertirse en «un hombre de verdad», se deja arrastrar por discursos de masculinidad tóxica. Entre batidos de proteínas, pesas y promesas de mujeres y riqueza, terminará cayendo en el fracaso y la soledad.-La primera pregunta que tendríamos que hacernos es por qué hay que ser un hombre de verdad. Es un estereotipo que nos han metido en la cabeza y que nos está llevando a la duda, a la confusión, a la frustración. Lo que tenemos que hacer es ser buenas personas, tanto hombres como mujeres.
-¿Por qué triunfan esos discursos tóxicos?
-Porque el sistema potencia un éxito que está ligado al capitalismo, a poseer cosas, incluyendo a las mujeres, que son parte de esos complementos del éxito. Todo el rato están aplaudiendo al que consigue eso, y lo que hacen estos gurús es monetizar ese discurso, ese deseo y esa necesidad de llegar hasta ahí, pero es el sistema el que te vende que eso es lo que te va a hacer feliz.
-Pues van ganando la partida.
-Y con muchísima ventaja: yo tengo más de 300.000 seguidores en redes sociales, pero hago una broma sobre un tipo con 11 millones, así que lo que yo pueda promover es tan insignificante que se diluye por completo.
-También influye que son discursos directos, simples.
-Claro. En cambio, mi discurso tiene mucho de reflexión y de introspección, de mirarte al espejo y decir «Hostia, este soy yo». Pero el otro te está diciendo: «No, tú estás de puta madre, lo que pasa que es que las mujeres son todas putas». Y tú ya te quedas tranquilo porque te dice que lo que haces está bien y que él te va a enseñar cómo conseguir lo que quieres en la vida.
-¿Qué se puede hacer?
-Pues tener empatía con las personas de nuestro entorno, especialmente con los más jóvenes. Hay que darles herramientas, y hablar mucho con ellos. Los adultos creemos que esto no está pasando, o que les pasa a cuatro frikis, pero no es así: me dicen profesores y profesoras que, en estos últimos cinco años, ha habido un cambio radical en los alumnos, y que ahora son mucho más violentos y mucho más machistas con sus compañeras, incluso con las profesoras. Tenemos que saber qué está sucediendo para empezar poner estos temas sobre la mesa.
-A muchos hombres les resulta difícil expresar sus sentimientos: en su novela, hay una evidente falta de comunicación entre padre e hijo.
-Es un reflejo de lo que creo que hemos vivido muchos hombres con nuestros padres. No digo que mi padre se haya comportado exactamente igual, pero eso de no poder llorar o de no poder ser débil son cosas que están ahí todo el rato. El discurso que hay ahora es ese, pero poniendo 'bro' al final de la frase para que parezca moderno.
-Cada vez hay más violencia en las redes sociales.
-Porque se ha puesto de moda: entras en cualquier vídeo, incluso en uno inocente, y el comentario que triunfa es el que dice la barbaridad más grande. Lo llaman humor, pero todo el mundo debería tener claro que es 'bullying'. Sobre todo les pasa a las mujeres y, si encima son jóvenes, ya es una cosa salvaje. Una chavala hace un vídeo con sus amigas y ya están todos usando técnicas con las que saltarse la censura del algoritmo para decirle que es una puta. Y eso es lo más suave.
-¿Usted se ha revisado como hombre?
-Estoy en ello. A medida que pasa el tiempo, vas descubriendo cosas que tú pensabas que eran correctas, lógicas y coherentes cuando, en realidad, eran muy injustas. En mis primeras relaciones hubo situaciones que no supe gestionar, y aún tengo cosas que trabajarme.
-¿De quién es usted discípulo?
-Me cuesta mucho tener ídolos. Nunca he tenido directores favoritos, cantantes favoritos… no, no tengo de eso en mi vida.
-¿De qué sería gurú?
-De nada. Carezco de ese tipo de aspiraciones.
-¿Qué le ha dado la escritura que no le dan la cámara o el escenario?
-Escribir el libro ha sido muy complicado precisamente por eso, porque he tenido que darle muchas vueltas a cómo contar algo con mi humor, que no es un humor de chistes, sino de momentos incómodos, de silencios, un humor de situación. La pregunta era de qué forma podía llevar ese lenguaje al papel, porque ahí no tengo la posibilidad de expresarme poniendo un gesto. Ha habido mucho trabajo hasta encontrar mi propia forma de contar la historia.
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