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El sobón

El sobón
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Con el caso de Julio Iglesias, a los truhanes se les puede acabar la juerga

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Julio Iglesias, durante un concierto EP

Elena Moreno Scheredre

Viernes, 23 de enero 2026, 00:32

... ibérico y un montón de calificativos que usábamos las mujeres para definir al hombre que había que evitar que se sentara a tu lado. Era como una cuota que debíamos aceptar, una molestia que venía en el paquete social, un pecado venial del género masculino, un individuo al que se le iba la mano como si tuviera un destino predeterminado y que padecía una urgencia en la entrepierna que no podía remediar. El sobón era relativamente controlable mientras crecías, estabas al tanto y se mantuviera al lado del rebaño. Lo malo era cuando cumplía años y comprobabas que te habías quedado a solas con ese tipejo al que le centelleaban las pupilas y la puerta estaba demasiado lejos.

Esta crónica la firmarían centenares de miles de mujeres que mientras dan el biberón al nieto escuchan que a Julio Iglesias le han denunciado dos mujeres empleadas en su casa. El artista nunca fue santo de mi devoción, pero eso no quita para que la noticia me haya impactado, no por sorprendente, sino por el hastío que me produce la marejada de comentarios que despierta una revelación de la realidad. Mi hija llama señoros a esa procesión de poderosos que dan repelús sin saber exactamente por qué. Yo sigo llamándolos babosos o sobones y no me canso de celebrar que salgan del armario social y se expongan a las miradas de los que les rieron las gracias.

Este es el tejido social en el que hemos crecido y que afortunadamente está desapareciendo. Luz y taquígrafos para los aceptados perversos sociales que hacen que nuestras hijas sigan llamándonos mientras atraviesan una calle difícil en cualquier lugar del planeta. Ya lo dirán los jueces, pero mientras tanto volvamos a recordar a los sobones, que a los truhanes de antaño, también se les puede acabar la juerga. Y ya lo sabéis, chicas, lo que no vuela, a la cazuela, aunque denunciar a un poderoso sea una costosa penitencia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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