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El sombrero mágico de Pepe Sacristán

El sombrero mágico de Pepe Sacristán
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El actor resume su «memoria sentimental» en los objetos que depositó en La Caja de las Letras del Instituto Cervantes
El sombrero mágico de Pepe Sacristán

El actor resume su «memoria sentimental» en los objetos que depositó en La Caja de las Letras del Instituto Cervantes

Regala esta noticia Añádenos en Google Pepe Sacristán. (EP)

Miguel Lorenci

17/06/2026 Actualizado a las 15:04h.

«Cada vez que me ponía el sombrero de mi abuelo, que era mulero, sentía que era otro: D' Artagnan, Robín de los bosques o ... El cisne negro», dice el actor José Sacristán Turiégano (Chinchón, 1937). Ese mágico sombrero negro que abrió a un chico de pueblo al mundo de la fantasía y los sueños, luego poliédrico y genial actor, es uno de los muchos objetos que depositó este miércoles en la caja 1.324 de la Caja de las Letras de Instituto Cervantes.

«Emocionado y agradecido», dejó parte de ese rico caudal un genio de mil caras que ha hecho reír, llorar y pensar a varias generaciones. «Soy ese que hacía reír en las películas antiguas, como me dijo un jovenzuelo», aseguró irónico. «También soy aquel optimista melancólico de Chinchón que iba para mecánico», agregó antes de dejar «buena parte de mi vida y de los míos: a mi padre, mi madre, mis abuelos y mis tíos» en la caja de caudales.

De niño subía al desván de la casa paterna, se calzaba el transformador sombrero del abuelo materno, «al que no conocí», y que era para él «la lámpara de Aladino, o la alfombra mágica». «Me convertían en otro y me alejaba de los sabañones, el frío y el hambre», recordó. «Yo quería ser Tyrone Power», resumió quien ha sido el rostro y la voz del cine y el teatro español durante más de seis décadas.

«Con 88 años cumplidos me llevo muy poco con aquel niño», reiteró Sacristán al dejar los primeros programas de cine de su pueblo, al que se colaba. También sus álbumes de cromos, las novelas del tío Francisco, los poemas copiados por su padre, Venancio, rojo encarcelado en Ocaña, y que aún hoy su hijo recita de memoria. Como el 'Quijote' de 1941 que su progenitor consiguió a cambio de tabaco en la cárcel y que Sacristán leyó con denuedo.

Dejó, además, un rudimentario proyector del cine 'Nic', los programas de su primeras funciones teatrales, los guiones y el visor que utilizó en las tres películas que ha dirigido, o grabaciones de su musicales con Concha Velasco y 'El hombre de la Mancha' o programas de radio.

Método

«Jugar a que el otro se crea que soy el que no soy me ilusiona ahora como aquel niño del sombrero», afirmó. «Soy mitad Stanislavski, al que no entendía, y mitad Niña de los Peines, para quien el verdadero cante flamenco empieza donde acaban las facultades», dijo para explicar el «método Sacristán». Aclaró que es «una tonadillera frustrada que soñaba ser Juanita Reina».

La actriz, académica y esposa del homenajeado, Amparo Pascual, fue testigo de honor de la entrega, junto al director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.

En una conversación posterior recorrió su trayectoria vital y profesional plagada de altibajos y jalonada de divertidísimas anécdotas con Natalia Menéndez, directora de escena y dramaturga, y David Trueba, escritor y cineasta.

«He tenido suerte y nunca me faltó trabajo: pasé del cine al musical y la tele cuando venían mal dadas», dijo Sacristán que debutó en el teatro en 1960. Desde entonces, a las órdenes de directores como Berlanga, Fernán Gómez, Garci, Gonzalo Suárez, Mario Camus y un inacabable etcétera, ha compaginado el cine con la escena, la tele, la radio y la música en una extensa carrera.

Atesora un Goya, dos Conchas de Plata del Festival de San Sebastián, el Premio Feroz de Honor a toda una carrera en 2014, la medalla de honor del Círculo de Escritores Cinematográficos en 2020 o el Premio Nacional de Cinematografía en el año 2021.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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