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El tercer capítulo de Málaga

El tercer capítulo de Málaga
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Málaga ya demostró que sabe construir hacia dentro. Y demostró que sabe abrirse al mundo. Ahora le toca demostrar que puede hacer las dos cosas a la vez

LA TRIBUNA

El tercer capítulo de Málaga

Málaga ya demostró que sabe construir hacia dentro. Y demostró que sabe abrirse al mundo. Ahora le toca demostrar que puede hacer las dos cosas a la vez

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Mariano Ruiz Araujo

Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Málaga

08/06/2026 a las 02:00h.

Hay ciudades que se entienden mejor si se miran como un libro extenso, escrito por muchas manos y a lo largo de muchos años. Málaga ... es una de ellas. Y quien aspire a gobernarla debería empezar por reconocer algo sencillo: no la empezó él. La ciudad que hoy habitamos es el resultado de dos grandes etapas, con múltiples actores, distintas y complementarias. Conviene mirarlas con honestidad porque las dos, cada una a su manera, construyeron lo que ahora somos.

La segunda etapa fue la del salto al mundo. Una ciudad que decidió que merecía mirar de frente a las grandes ciudades europeas y que lo consiguió. Llegaron los museos, se peatonalizó el centro y la calle Larios se llenó de gente paseando. Llegó el tren rápido que nos acercó a Madrid. Se afianzó un parque tecnológico que hoy reúne a más de 700 empresas y 29.000 trabajadores, y que factura cerca de cinco mil millones de euros al año. Málaga se volvió admirada. Aparece en los rankings, protagoniza reportajes y atrae talento e inversión. Y eso también es un logro de la ciudad, conseguido con esfuerzo y con ambición de muchas personas y de administraciones de todos los colores. Sería injusto no reconocerlo, y yo lo reconozco.

Los precios del alquiler han subido casi un 50% en apenas seis años. Hay más de 13.000 pisos turísticos, la mayor concentración de toda España

Las dos etapas hicieron bien su trabajo. La primera nos dio una ciudad habitable. La segunda, una ciudad reconocida. Y, sin embargo, hoy notamos que falta algo. Porque una ciudad puede tener los museos llenos y, a la vez, vecinos que no pueden quedarse en ella. Los números lo dicen: los precios del alquiler han subido casi un 50% en apenas seis años. Hay más de 13.000 pisos turísticos, la mayor concentración de toda España. Y en algunos barrios del centro, donde no hace tanto el metro cuadrado costaba menos de nueve euros, hoy alcanza los veinte. Hemos llegado a una situación extraña. Nunca habíamos tenido una ciudad tan admirada y nunca habíamos escuchado a tanta gente preguntarse si podrá seguir viviendo en ella dentro de unos años.

Ha llegado el momento de abrir una tercera etapa, de escribir un tercer capítulo. No para renunciar a lo conseguido, sino para completarlo. La etapa de la ciudad recíproca. Una ciudad que no solo sea sostenida por su gente, sino que también sostenga a su gente. Porque hasta ahora hemos pensado mucho en quién viene y demasiado poco en quién se queda.

Pensemos en una peluquería de barrio, una academia o un dentista de toda la vida. Todos comparten algo: viven de la confianza construida durante años con sus vecinos. No suelen aparecer en los titulares, pero son la economía real de una ciudad, la que funciona porque la gente se queda, vuelve y sigue confiando. Cuando un barrio se vacía de vecinos, no se va solo la gente. Se va con ella la peluquera, el profesor particular, el dentista, el comercio donde te conocen desde hace años. Se va el tejido invisible que hace que un barrio sea un barrio y no un decorado.

La ciudad recíproca es, sencillamente, la que protege ese tejido. La que entiende que para seguir siendo un gran destino, admirado y visitado, hay que cuidar primero la vida cotidiana que lo hace posible.

Málaga ya demostró que sabe construir hacia dentro. Y demostró que sabe abrirse al mundo. Ahora le toca lo más difícil y lo más bonito: demostrar que puede hacer las dos cosas a la vez. Abrirse sin expulsar. Brillar sin olvidar. Crecer sin dejar atrás a quienes la sostienen cada día.

Esa es la ciudad que quiero. Una Málaga que devuelva a su gente parte de lo mucho que su gente le da cada día. Porque una ciudad no es solamente lo que se enseña en una postal. Es, sobre todo, lo que se vive.

Y Málaga merece seguir siendo hogar para quienes la hacen posible.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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