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El terremoto político británico

El terremoto político británico
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Los partidos conservador y laborista están siendo desplazados en Reino Unido por la extrema derecha y la extrema izquierda. Leer
Ensayos liberalesEl terremoto político británico
  • TOM BURNS MARAÑÓN
1 MAR. 2026 - 23:54Hannah Spencer, diputada por los Verdes de la circunscripción de Gorton & Denton, en Mánchester.EFE

Los partidos conservador y laborista están siendo desplazados en Reino Unido por la extrema derecha y la extrema izquierda.

Los ciclos políticos van y vienen, su duración varía, las huellas que dejan son más o menos hondas y el por qué se suceden da para largas conversaciones. El diálogo suele ser penoso en estos tiempos populistas de polarización y de posverdades. Los son, casa vez más, en mi otro país que es Reino Unido.

La elección parcial el jueves de la semana pasada en una circunscripción parlamentaria en la ciudad de Mánchester ha provocado lo que como demasiada frecuencia, y ligereza, se llama un terremoto político. Esta vez puede que se haya producido un seísmo con todas las de la ley.

Lo que están diciendo muchos hasta ahora flemáticos ingleses que saben de lo que hablan es que ahí, en esa "joya grabada en un mar plateado" que decía Shakespeare, donde no se levanta la voz y se premia la moderación y el fair play, la copa rebosa de frustración y de desencanto. El juicio de que se acabó una vieja política y de que se está en el umbral de una nueva está en boca de muchos.

La coyuntura inquieta una barbaridad a mis otros paisanos. Sobre todo a los del establishment que están con el alma en un hilo porque son muy respetuosos con su historia y sus tradiciones. El relato del excepcionalismo político británico es que dos partidos de toda la vida se alternan caballerosamente en el poder. Esto, que era tan sólido en unas prósperas islas de comerciantes que protegía una poderosa fuerza naval, ya no lo es.

Cuando el sistema parlamentario, que sería el escaparate de las democracias liberales, hizo su primera aparición en la Inglaterra de comienzos del siglo XVIII, los miembros de la Cámara de los Comunes en el londinense palacio de Westminster lucían pelucas al igual que los pocos que tenían derecho a elegirlos. El sufragio universal tardaría doscientos años en llegar pero el formato del sistema -filas de bancadas enfrentadas- sería para siempre el mismo y las formas -mucho griterío, pero unos consensos básicos que todos aceptaban- también.

Puede que en apariencia nada haya cambiado en el lugar que presume de ser la madre de todos los parlamentos porque el bipartidismo sigue en pie. Pero en lo esencial todo es distinto.

Aquellos dos partidos de toda la vida están en trance de desaparecer porque el protagonismo político ha pasado a manos de dos formaciones insurgentes, una de extrema izquierda y otra de la ultraderecha.

Los tácitos acuerdos han volado por los ventanales del Palacio de Westminster y se los ha llevado el río Támesis que fluye con fuerza junto a su fachada meridional. Esta es la lectura de la elección parcial que el pasado jueves se celebró en uno de los distritos parlamentarios de Mánchester. Al igual que tantas otras, la circunscripción tiene una fuerte implantación de inmigrantes y en este caso el 25% del censo es paquistaní. El voto étnico se ha hecho presente en la política británica.

El tiempos de las pelucas estaba el partido Whig, literalmente "peluca", y el partido Tory, un término que viene del gaélico irlandés y quiere decir ladrón. Los tories eran acusados de ser cripto católicos y partidarios de la dinastía Estuardo lo cual era más bien falso pero servía para mantenerles en la oposición. En el fondo todos los parlamentarios eran oligarcas, cien por cien ingleses, que gestionaban sus redes clientelares en la City de Londres o en la Inglaterra rural y a todos, más mercantilistas unos, más librecambistas otros, les interesaba la primacía parlamentaria, el orden y el progreso económico.

Con el tiempo los tories pasaron a ser el Partido Conservador y los whigs el Partido Liberal. Entrado el siglo XX, el primero se convirtió en una muy bien engrasada máquina de ganar elecciones en beneficio de una amplia y acomodada clase media y, con la conquista de "un hombre un voto", el segundo fue reemplazado por el Partido Laborista que estaba estrechamente vinculado a los sindicatos que fue creando un creciente movimiento obrero.

El acuerdo tácito era que el Partido Conservador cuidaba las cuentas públicas y el Laborista se dedicaba a aumentar el gasto social. Entrado el siglo XXI ni el uno ni el otro podía cumplir este papel. De eso se encargó la crisis financiera, la pandemia y, de manera singular, el Brexit y un muy fuerte flujo inmigratorio. La consecuencia es la frustración, el desencanto y mucho pensamiento desordenado.

El nuevo ciclo lo expuso con nitidez la elección parcial en las afueras de Mánchester. El jueves fue elegida diputada la candidata del partido Verde que encabeza las manifestaciones islamistas de Free Palestine y en segundo lugar el de Reform, el partido antiinmigración. El Partido Laborista, que desde hace un siglo representaba al distrito, quedó tercero a mucha distancia y el Conservador apenas obtuvo setecientos votos.

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Fuente original: Leer en Expansión
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