Nacieron en un foro de internet, han saltado al cine y ahora copan conversaciones en la calle. ¿Sabes qué son? Hasta tú tienes alguna más cerca de lo que crees
Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock)Miriam Guadilla
15/07/2026 Actualizado a las 16:54h.Como en vacaciones también nos gusta pasarlo mal mientras lo pasamos bien, todos los veranos tienen su terror de moda, y este no iba a ... ser menos. El puesto, tradicionalmente ocupado por casas embrujadas, zombis y tipos con máscaras de hockey que no acaban de morirse nunca, lo ocupa algo tan absurdamente cotidiano como un local desangelado o una tienda de muebles desierta a medianoche.
En Hollywood llevan años recurriendo a secuelas, 'remakes' y franquicias que parecen resistirse a desaparecer. Si una historia funciona, casi siempre hay una segunda parte o una precuela esperando su turno. Por eso llama la atención este caso. No adapta una novela superventas ni un cómic. Tampoco nace del escritorio de un guionista. Su origen hay que buscarlo en un foro anónimo de internet donde, hace apenas seis años, alguien publicó una fotografía de un pasillo vacío sin imaginar que acabaría llenando salas de cine.
Todo empezó en 2019 en 4chan, una página de foros anónimos conocida por haber visto nacer algunos de los fenómenos virales más influyentes de internet. Allí, un usuario compartió la imagen de una oficina desierta acompañada de un breve texto. En él describía un lugar al que cualquiera podía llegar por un fallo de la realidad: un laberinto infinito de habitaciones amarillas iluminadas por fluorescentes, con olor a moqueta húmeda y un silencio roto únicamente por el zumbido de las luces. El mensaje terminaba con una advertencia inquietante: «Si oyes algo deambulando cerca, puedes estar seguro de que eso ya te ha oído a ti».
El encanto de lo liminal
Aquellas pocas líneas fueron suficientes para poner en marcha la imaginación colectiva de internet. Las 'backrooms' nacieron dentro del mismo ecosistema que popularizó las llamadas 'creepypastas', relatos de terror que se copiaban, compartían y ampliaban de un usuario a otro. Igual que ocurrió años antes con 'Slender Man' o 'Jeff the Killer', la historia dejó de pertenecer a quien la escribió. Miles de personas empezaron a inventar nuevos escenarios, criaturas y niveles. Lo que comenzó como una simple fotografía acabó convirtiéndose en un universo compartido.
El dato
1,6
millones
de euros ha recaudado la película de Kane Parsons solo en su primera semana en los cines españoles.
Buena parte de su éxito reside en una idea sencilla. A diferencia de otras historias de terror, las 'backrooms' no transcurren en castillos encantados ni en casas abandonadas. Sus escenarios son oficinas, hoteles, pasillos, almacenes o centros comerciales. Lugares completamente cotidianos que vacíos generan una sensación de inquietud difícil de explicar. Es lo que se conoce como espacios liminales: lugares de paso que normalmente están llenos de gente y que, al quedarse desiertos, resultan extrañamente inquietantes.
Con el paso del tiempo, la comunidad fue ampliando aquel universo. El pasillo amarillo original pasó a conocerse como el Nivel 0 y aparecieron decenas de nuevos escenarios: piscinas infinitas, túneles industriales, edificios interminables o complejos subterráneos. También llegaron las entidades, criaturas que acechan entre los pasillos. Sin embargo, muchos seguidores siguen defendiendo que el verdadero terror nunca estuvo en esos monstruos, sino en la sensación de quedarse atrapado para siempre en un lugar del que parece imposible escapar.
El salto a Hollywood
Buena parte de los vídeos sobre las 'backrooms' publicados en YouTube y TikTok comenzaron a usar 'It's Just a Burning Memory', del proyecto musical The Caretaker, una melodía que acabó convirtiéndose en la banda sonora no oficial del fenómeno. La pieza pertenece a 'Everywhere at the End of Time', una serie de seis álbumes que recrea el deterioro progresivo de la memoria provocado por el alzhéimer mediante canciones que se van deformando poco a poco. Esa mezcla terminó encajando con la esencia de las 'backrooms': espacios cotidianos que parecen normales hasta que dejan de serlo.
Uno de los adolescentes que descubrió aquella historia fue Kane Parsons. Tenía 17 años cuando decidió recrear los espacios con programas de modelado y efectos visuales. Sin un estudio detrás y desde su habitación, publicó en YouTube un cortometraje de nueve minutos que se hizo viral y ha dado el salto a la gran pantalla. Y de la cultura pop ha saltado a la calle. Seguro que en las próximas semanas hasta tú descubres tu propia 'backroom'.
De videojuegos a tazas y camisetas
Antes incluso de que Kane Parsons las llevara al cine, las 'backrooms' ya se habían convertido en una pequeña industria. En plataformas como Steam se acumulan decenas de videojuegos basados en este universo. Títulos como 'Escape the Backrooms', 'Inside the Backrooms' o las innumerables versiones creadas en Roblox permiten recorrer los interminables pasillos amarillos mientras los jugadores buscan una salida o intentan escapar de las entidades que acechan en la oscuridad. Algunos pueden jugarse en solitario y otros convierten la huida en una experiencia cooperativa.
El fenómeno tampoco tardó en dar el salto al mundo físico. Hoy es fácil encontrar camisetas, sudaderas, tazas, pósteres, figuras o alfombrillas con el característico pasillo amarillo como protagonista. También existen novelas, juegos de mesa y todo tipo de artículos nacidos de una historia que, paradójicamente, nunca tuvo un autor único.
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