El museo reivindica el arte delicado y metódico de un artista, Premio Nacional de Grabado, que destacó también en el diseño de inventos revolucionarios
Regala esta noticia Añádenos en Google Uno de los dos dibujos de Franquelo que se exponen en Málaga. (Migue Fernández) 12/06/2026 a las 15:03h.Cuando su hijo tenía tres años, le construyó una moto eléctrica en una época en la que ningún niño sabía aún qué era eso. También ... le hizo un teleférico que recorría todo el pasillo y el salón de la casa por donde 'volaban' sus Tortugas Ninja. Y, al mismo tiempo, se encerraba en su cuarto para investigar en los procesos del grabado y la fotografía, y dibujar cuadros de un realismo hipnótico. El Carmen Thyssen rinde homenaje al malagueño Manuel Franquelo, un «hombre del Renacimiento contemporáneo» -en palabras de su directora, Lourdes Moreno- que pintaba lo «insignificante» y construía artilugios revolucionarios.
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En la exposición 'El lenguaje de las cosas', que se podrá ver hasta el 12 de octubre en el Espacio Artesonado, hay ejemplos de todas sus facetas artísticas. Aquí hay 14 grabados de la carpeta con ese mismo título que le valió el Premio Nacional. «Delicados bodegones, sugerentes y metódicos hasta la extenuación de querer representar el polvo que se deposita en las estanterías», apunta Moreno. Están realizados a la fotoaguatinta y punta seca a partir de fotografías tomadas por el propio Franquelo que fueron digitalizadas, manipuladas y transferidas a planchas de cobre mediante grabado al polvo de resina. Además, el artista intervino directamente sobre las planchas con técnicas abrasivas y punta seca. «Estaba absolutamente enamorado y poseído del propio proceso de creación, del proceso que le llevaba a producir esa sensación de absoluta realidad en sus obras, y no de la parte final, que es la que todos luego contemplamos», explica la directora.
De naturaleza inquieta y curiosa, Franquelo investigaba en las fronteras de la producción «transgrediendo las normas» para hacer caer al ojo humano en el equívoco a través de una especie de trampantojo. Los grabados de esa carpeta parecen instantáneas, pero él también hacía fotos que parecían grabados, como las dos estampaciones fotográficas que se exponen en Málaga. Y, de la misma manera, dibujaba paisajes que parecían reproducciones reales captadas con una cámara. Sucede en el dibujo de una zona en expansión de Madrid, en el Ensanche de Vallecas, donde recrea edificios en obras con sus grúas y casetas. Y también en 'In my world I have no pain' ('En mi mundo no tengo dolor'), un impresionante dibujo con lápiz y aguada sobre tabla que reproduce una vista aérea de Madrid con una extrema atención al detalle, una pieza cedida por el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.
Arriba, grabado de 'El lenguaje de las cosas'. Abajo, Lourdes Moreno y la concejala Mariana Pineda junto a la viuda y el hijo de Franquelo. A la derecha, estampación fotográfica.. (Migue Fernández)Casi nunca ponía títulos a sus obras, así que este caso es una excepción. Una rareza que da pie a una reflexión de su hijo Manuel. Cuenta que esa frase procede de un poeta armenio del siglo XVIII que habla sobre cómo el dolor psicológico puede transformarse en un texto, en una composición musical o en un dibujo. «El trabajo de mi padre consistió en investigar esta transfiguración a través de obras en las que sublimó su dolor en los objetos cotidianos que lo acompañaron a lo largo de su vida (...) Es una concesión para que los objetos hablen, disolviendo su propia existencia en ellos», mantiene. En su mundo no siente dolor «porque el dolor se ha transfigurado en objetos que se amontonan para contar su propia existencia». Una pastilla, una cinta, un carrete, un motor, unas pilas... «Y esto es lo bonito, tal vez la obra de mi padre consistió precisamente en eso, en regalar todo su tiempo a las cosas para que puedan hablar su propio lenguaje», resumió.
Su viuda Elena Giner reivindicó al hombre tras el artista, «un ser realmente extraordinario». «Un maestro dando ánimos, a pesar de que él se desanimaba con mucha frecuencia», cuenta. Su carácter introvertido le mantuvo alejado de los círculos artísticos y creaba al margen del mercado. «Lo cierto es que no pertenecía a ningún grupo artístico. Su labor se desarrollaba en solitario», señala su viuda. Estaba representado por la Galería Marlborough y era muy demandado por coleccionistas privados. Se sentía reconocido, pero Elena Giner admite que añoraba estar más presente en instituciones y museos.
'El lenguaje de las cosas' será su primera exposición individual en Málaga, la ciudad de la que se marchó con apenas 19 años para estudiar primero Ingeniería y después Bellas Artes. «Mi padre nos decía, con cierta tristeza, que la ciudad de Málaga no le quería. Hoy me gustaría pensar que estamos queriéndole a través de este gesto afectuoso e importante», dijo su hijo. Un viejo amigo de la niñez que se acercó a la presentación matizó esas palabras: «No es que Málaga no le quiera, es que no le conoce».
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