Los agentes antidopaje acudieron al hotel del equipo alemán alrededor de las 22.00 horas
- NACHO LABARGA Annecy
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Los controles antidopaje fuera de los horarios habituales continúan marcando la tercera semana del Tour de Francia. Después de las polémicas visitas a Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar durante la madrugada, esta vez les tocó a Remco Evenepoel y al Red Bull-BORA-hansgrohe recibir a los conocidos como ‘vampiros’.
Los agentes se presentaron en el hotel del conjunto alemán alrededor de las 22.00 horas del lunes, al término de la segunda jornada de descanso y en vísperas de la contrarreloj individual entre Évian-les-Bains y Thonon-les-Bains. Una visita especialmente inoportuna para los corredores, que trataban de adelantar su descanso antes de una de las citas decisivas de la carrera.
“Algunos ciclistas ya estaban acostados”, reconoció Ralph Denk, máximo responsable de la formación. El dirigente alemán confirmó el control a la televisión pública ZDF y admitió que el procedimiento alteró los planes de recuperación del equipo: “Esto perturba la recuperación”.
“Esto perturba la recuperación
Ralph Denk (director del Red Bull-BORA-hansgrohe)
Según las informaciones publicadas en Bélgica, Remco Evenepoel fue uno de los corredores requeridos por los agentes. También se señaló a Florian Lipowitz entre los integrantes del equipo afectados por una actuación que obligó a despertar a varios miembros de la escuadra. Evenepoel y el alemán son las dos principales referencias del Red Bull en la lucha por la clasificación general.
Pese a reconocer las molestias causadas, Denk evitó cargar contra los responsables del control o cuestionar su horario. Su postura contrasta con las duras críticas realizadas durante los últimos días por corredores y responsables de otros equipos. El jefe del Red Bull defendió la necesidad de efectuar controles exigentes para proteger la credibilidad del ciclismo, aunque reconoció que una visita tan tardía influye inevitablemente en el descanso.
Evenepoel ya había cambiado sus planes
La circunstancia resulta todavía más llamativa porque Evenepoel había hablado unas horas antes sobre la controversia generada por los controles a Pogacar y Vingegaard. El belga explicó en una comparecencia telemática que tenía previsto acostarse antes de lo habitual por si los agentes aparecían durante la madrugada o a primera hora de la mañana.
“Los controles de Pogacar y Vingegaard han sido un recordatorio de la realidad. Eso te obliga a prestar todavía más atención y a acostarte pronto para estar preparado si te despiertan muy temprano”, había señalado.
El campeón belga terminó recibiendo la visita aquella misma noche, aunque a una hora sensiblemente menos extrema que sus rivales. Vingegaard fue despertado alrededor de las 2.00 horas y Pogacar tuvo que atender a los agentes aproximadamente a las 5.00, unas horas antes de la jornada que terminó con el abandono del danés tras una caída.
Los controles nocturnos de ambos corredores fueron autorizados por un juez de París después de una solicitud de la Agencia Internacional de Controles. La normativa permite realizar pruebas entre las 23.00 y las 6.00 horas en circunstancias excepcionales, aunque la forma de aplicarlas ha abierto una profunda discusión dentro del pelotón.
Evenepoel fue uno de los más críticos tras conocer lo ocurrido. El belga calificó estas intervenciones de “inhumanas” y reclamó que la Asociación de Ciclistas Profesionales actuara para proteger el sueño y la recuperación de los corredores. Ahora ha comprobado directamente las consecuencias de recibir una visita antidopaje cuando una parte del equipo ya había apagado las luces.
En vísperas de su gran objetivo
El momento elegido añade aún más tensión. Evenepoel afrontaba este martes la contrarreloj de 26,1 kilómetros como uno de los grandes favoritos. Una prueba con salida en Évian-les-Bains, llegada en Thonon-les-Bains y un recorrido alrededor del lago Lemán en el que el belga esperaba consolidar su posición en el podio.
El descanso, la alimentación y cada detalle de la recuperación estaban medidos al milímetro. Por eso, aunque el control se produjo antes de las 23.00 y no puede compararse directamente con los efectuados a las dos o las cinco de la mañana, su llegada alteró una rutina cuidadosamente diseñada.
El caso del Red Bull confirma, además, que las actuaciones no se están limitando exclusivamente al maillot amarillo y a su principal adversario. Otros aspirantes a la general también están siendo sometidos a pruebas fuera del contexto habitual de las llegadas, donde el ganador de la etapa y determinados corredores seleccionados deben acudir de manera rutinaria al control.
El Tour entra así en su tramo decisivo con el debate antidopaje instalado en el centro del pelotón. Los corredores aceptan la obligación de someterse a las pruebas, pero reclaman que la lucha contra el dopaje sea compatible con su derecho a descansar. Los responsables de los controles, por su parte, defienden que la imprevisibilidad es fundamental para combatir métodos como la microdosificación, mucho más difíciles de localizar mediante actuaciones programadas.
Después de Pogacar y Vingegaard, los ‘vampiros’ llamaron a la puerta de Evenepoel. Esta vez no fue de madrugada, pero sí cuando algunos de sus compañeros ya dormían y a pocas horas de que el belga afrontara una de las jornadas más importantes de su Tour.
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