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El Yacente de la Paz y la Unidad en su urna y con la ciudad iluminada de fondo. Juan Miguel Salvador El vía crucis de antorchas, un canto al valor de lo auténticoLa Hermandad del Monte Calvario ha celebrado, como cada primer sábado de cuaresma, este ejercicio, presidido por el Cristo Yacente de la Paz y la Unidad
Málaga
Domingo, 22 de febrero 2026, 07:55
... se impone y oculta las verdaderas esencias. Sin embargo, el Monte Calvario es una hermandad que, desde su nacimiento, dejó trazada una línea y, pese a que le ha costado ser a veces comprendida, ha sabido mantener su carácter en su modo de actuar, de comportarse y en su óptica de ver las cosas, esencias que, de forma clara, se perciben en su ermita, en sus cultos y, por supuesto, en sus puesta en escena.La Cuaresma acaba de comenzar. Los vía crucis se erigen protagonistas de estos primeros días. El Nazareno de Viñeros, en el ejercicio promovido por la Agrupación de Cofradías en la Catedral, el Cristo de Medinaceli de Santiago y la nueva Virgen de la Salvación del Santo Ángel presidieron el rezo este viernes. El Cristo de la Columna, de la Hermandad de los Gitanos, también iba a protagonizar el rezo de las 14 estaciones por séptimo año, pero en su caso, este primer sábado cuaresmal, por las naves de la parroquia de los Santos Mártires, aunque, finalmente, hubo de suspenderse por el fallecimiento, este mismo sábado, del párroco de este templo y de San Juan, y director espiritual de la corporación, Manuel Ángel Santiago. Sí lo hizo, en cambio, el Crucificado de la parroquia Santa María Madre de Dios para recorrer su feligresía, en el distrito Carretera de Cádiz. Pero si hay un vía crucis que ha conseguido mantenerse en el tiempo con un sello inconfundible, auténtico y sin necesidad de experimentar nuevas fórmulas para dinamizarlo, ese es el denominado 'de antorchas', de la Hermandad del Monte Calvario, un ejercicio de culto externo que, cercano ya a las cuatro décadas, mantiene intacta su esencia de sobriedad, silencio y hondura espiritual.
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El Cristo de la Hermandad del Monte Calvario con la plaza del Santuario repleta de devotos. Juan Miguel SalvadorEran las 21 horas cuando las puertas del santuario de la Victoria se abrieron de par en par para dejar pasar a la comitiva que encabezaba el muñidor, esquila doble en mano y pidiendo silencio con el tañer de las campanillas que originaban ese sonido singular. Dos hermanas con antorchas y acólitos turiferarios, que levantaban nubes de incienso para perfumar la noche fría, avanzaban con el muñidor para dar paso a la cruz guía relicario que acoge una astilla del santo 'lignum crucis' y una reliquia de san Francisco de Paula. El hermano que portaba el madero, revestido de acólito, lo hacía con paño humeral, como es preceptivo, mientras que dos faroles le daban escolta. El quinario dedicado al Cristo Yacente de la Paz y la Unidad ya había concluido y había que regresar a la ermita del Calvario. Un centenar de hermanos con cirios color tiniebla ofrecían esa luz temblorosa característica de la cera y que tanto gusta al cofrade. Javier González de Lara, presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga, de la Confederación de Empresarios de Andalucía y vicepresidente de la patronal española CEOE, además de pregonero de la Semana Santa de Málaga 2022 y hermano del Monte Calvario, formaba parte del séquito. El ambiente era de absoluto respeto con una plaza del Santuario repleta de devotos, como nunca se había visto, prueba evidente de que este vía crucis no solo se mantiene, sino que también crece en interés y participación. Silencio sepulcral y expectación máxima ante la inminente aparición del Yacente de Antonio Eslava y Juan Manuel Miñarro.
A continuación, el cuerpo de acólitos y la capilla musical Caeli a la que se añadió la escolanía Pueri Cantores, coro de voces angelicales, dirigido por Antonio del Pino, que, por primera vez, se sumaba a este ejercicio y suponía un plus al de por sí cuidado vía crucis. Y cerrando filas, el guion corporativo y la presidencia, encabezada por el hermano mayor, Arturo Fernández, ocho hermanos con antorchas, entre los que se encontraban el máximo mandatario de la Hermandad del Rescate, Daniel Gil, además del lector y el cuerpo de acólitos, cuyos miembros, revestidos con dalmática morada, anticipaban la llegada del Señor.
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El Yacente, por la calle Amargura, ante el azulejo cerámico de la Virgen del Monte Calvario. Juan Miguel SalvadorComo de costumbre, la capilla musical, con la participación de la escolanía, interpretaban el 'Christus Factus Est' todavía en el interior del santuario, adaptación del añorado fundador, el sacerdote Manuel Gámez, convertido ya en himno propio de la hermandad. El reloj marcaba las 21.10 horas cuando el Cristo de la Paz y la Unidad atravesaba el dintel de la basílica de la Patrona de Málaga y ganaba la plazuela del Cristo del Amor.
Detalles
El conjunto procesional presidido por el Yacente ofrecía detalles que no pasaban desapercibidos. Seis penachos con plumas negras coronaban la urna de cristal del Señor dispuesta sobre unas andas a las que no le faltaban nada. Así, las esquinas las ocupaban unos faroles dorados del trono procesional de Yacente y en los laterales, los ángeles pasionistas del imaginero Manuel Carmona, también del sobresaliente trono del Viernes Santo.
Unos 60 portadores, hombres y mujeres, mandados por el mayordomo Fernando Ruiz Narváez, llevaban al Señor de la Paz y la Unidad con un paso ágil, de frente, sin alardes. Las andas presentaban un exorno a base de iris, rosas sangre de toro, espino, signo del pecado, y laurel, símbolo del triunfo de Cristo sobre la muerte. Estos adornos florales se disponían en las anforitas de orfebrería que circundaban las andas y que pertenecen al trono de la Virgen del Monte Calvario, mientras que los fanales acogían la cera color tiniebla.
El Cristo Yacente aparecía tocado con las potencias diseñadas por Fernando Prini y ejecutadas en plata sobredorada por Orfebrería Montenegro, autor también de la urna, donadas por el grupo joven con motivo del cincuentenario de la bendición de la imagen. Y tras el Señor, cerrando el cortejo, la cruz alzada con dos ciriales, monaguillos y el preste, Juan Carlos Millán, hermano de la cofradía.
La primera estación se rezó a las puertas del Santuario. El vicesecretario primero de la corporación, Pablo Mapelli, leyó este primer misterio de la Pasión. Y el segundo, en la curva hacia la calle Amargura, junto a la cruz pétrea que marca el inicio de la vía dolorosa. Previamente, había vuelto a interpretarse el 'Christus Factus Est'.
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El lector del vía crucis, Pablo Mapelli, por la vía dolorosa del Monte Calvario, Juan Miguel SalvadorA partir de ahí, el cortejo emprendió la subida hacia la ermita del Monte Calvario, con la ciudad iluminada como telón de fondo. A lo lejos se oteaba la Catedral, testigo mudo de una estampa que mezclaba la devoción popular con la historia de Málaga.
El rezo se sucedía estación tras estación, leído con voz potente por Mapelli, exdirector del Comedor de Santo Domingo, mientras que la capilla musical y la escolanía intercalaban piezas que subrayaban la solemnidad del momento. No había marchas procesionales ni otro tipo de elementos discordantes que pudieran interferir en lo verdaderamente importante. El Monte Calvario ha sabido preservar, durante casi cuatro décadas, la esencia de este vía crucis de antorchas instaurado cuando aún no existía el oficial de la Agrupación de Cofradías y cuando otros ejercicios cuaresmales languidecían. Hoy, lejos de perder vigencia, crece en convocatoria y en prestancia, sin renunciar a su carácter primigenio, lo que supone el encanto de lo verdadero y la grandeza de lo sencillo en una evocación al pasado.
El reloj superó las once de la noche cuando el cortejo alcanzaba la ermita. En ese momento, el preste entonaba la oración final y bendecía a los hermanos participantes y a todos los que no quisieron perderse esta escena única que ilumina con cirios y antorchas cada Cuaresma.
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