Pude escapar junto a los tenistas en el avión que fletó la ATP desde Omán hasta Milán, con parada en Hurgada
Joan Solsona y el trayecto recorrido.- JOAN SOLSONA Omán
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Yo siempre había pensado que el viaje más largo que haría como profesional de la información sería a Australia. Las 20 horas de hoy en día suenan a mucho, pero yo ya estoy acostumbrado. Lo vengo haciendo desde el año 2000. A lo que no estoy tan acostumbrado es a protagonizar una fuga como las que de pequeño veía en las películas. Un total de 24 horas duró el viaje que me llevó el jueves de Fujairah a Omán, después a Hurgada y con Milán como destino final la mañana del viernes.
No había otra. La compañía aérea Fly Emirates había cancelado mi segunda tentativa de salir de Dubái. Fue entonces cuando, en medio de la desesperación, la ATP me ofreció la posibilidad de viajar de forma gratuita con los jugadores que se habían quedado tirados en el torneo de Fujairah.
Yo estaba en Dubái cubriendo el Open 500 que había terminado el pasado sábado. Cogí el primer coche y tardé una hora en llegar a mi primer destino.
En la mochila ya tenía experiencias que serán difíciles de olvidar como la reunión que tuve con los jugadores y el jefe de seguridad del circuito masculino en la que se nos habló de un plan de huida por Omán y otro por Riad, y el riesgo que eso conllevaba si se hacía por carretera.
Pocas horas después, el riesgo se convirtió en una necesidad. En la sala estaban Tallon Griekspoor, el que menos prisa tenía en salir porque se había borrado de Indian Wells por lesión, y los doblistas Mate Pavic, Marcelo Arévalo, Harri Heliovaara y Henry Patten. Los técnicos de Daniil Medvedev (Thomas Johansson), Andrey Rublev (Loglo) y Karen Khachanov (Vedran Martic) asistieron en representación de sus pupilos.
Medvedev, Rublev y Khachanov se marcharon horas después en un avión privado desde Omán a Estambul y desde allí vuelo directo a Los Ángeles.
Yo seguía en Dubái sin ver nada clara mi salida hasta que me marché la tarde del miércoles a Fujairah. La única información que tenía es que el coordinador se llamaba Jiri y que la aventura en autobús empezaba el jueves a las siete de la mañana.
Pasaron lista como en el cole. No podía faltar nadie. Nos dieron a cada uno una bolsa con el desayuno preparado. Era como estar en una excursión aunque con un riesgo mucho más elevado.
Imanol López, al lado de la frontera que separa Emiratos Árabes y Omán.Ante lo desconocido me junté con Imanol López, el único español presente en el cuadro del challenger. Él ya había hablado con mi compañero Fernando (Carreño) sobre sus miedos al ver pasar cazas. Imanol los veía más de cerca que otros porque estaba en la décima planta del hotel oficial.
El tatuaje del guerrero
Me promete que si salimos de esta se tatuará toda la espalda con el Burj Khalifa, el símbolo de Dubái, y un guerrero. Me enseña el tatuaje, muy currado con inteligencia artificial. Ahora lo tiene que negociar con su novia, que vive en Berlín. El tenista español ya tiene mucha tinta en el cuerpo.
A Imanol le sale todo al revés en el viaje. Reservó el viernes un vuelo de Milán a Berlín que posteriormente perdió porque aterrizamos en la ciudad italiana con seis horas de retraso. Pagó una habitación de hotel en el aeropuerto de Malpensa que no hubiera necesitado y al entrar se encontró a otros inquilinos.
En el grupo de unas 50 personas, repartido en tres autobuses, había una amplia representación de la geografía mundial. Españoles, franceses, italianos, alemanes, checos, portugueses, estadounidenses, británicos... Todos, como es habitual, hacían sus corrillos por nacionalidades.
Jeremy Paisan, técnico francés de la Rafa Nadal Academy que habla perfectamente castellano, hace cuatro años que lleva las riendas de Ivan Ivanov, una estrella en Bulgaria a sus 17 años.
No en vano es el vigente campeón de Wimbledon y US Open como junior. Ivanov habla poco y come mucho. Lo quema todo. Vamos juntos todo el camino y también en la cola para hacer el check-in.
El cartel al salir de los Emiratos Árabes.Después de 10 horas de trayecto en bus, con dos fronteras pasadas, la de Emiratos Árabes y la de Omán, pensamos que está todo hecho al llegar al aeropuerto de Muscat.
Al salir del territorio de Emiratos Árabes nos encontramos un cartel bastante revelador de nuestra situación y donde se puede leer: 'que la paz vaya contigo'.
Tardamos seis horas más para embarcar. Imanol se marcha al McDonalds y le ponen una salsa que luego resulta ser la más picante del planeta.
Le cobran el menú tres veces. La comida rápida es la opción preferencial de los presentes. Ivanov busca noodles, sin suerte. Habla con su entrenador sobre el nuevo calendario de torneos: Tarragona, Reus y Madrid.
Ivan no duda en apuntarse a entrenar en pistas de tierra ya este domingo. Es un chaval que lo tiene claro. Cuando habla de tenis se le iluminan los ojos.
Madrugada en Hurgada
Aterrizamos de madrugada en Egipto y nos quedamos 45 minutos dentro del avión mientras reponen el combustible. La aeronave había llegado para la ocasión de Bratislava a Omán para el rescate.
Yo voy mirando de vez en cuando por la ventana por si veo algo raro. Los vídeos de los misiles cercanos a aviones comerciales están muy presentes en mi cabeza. La mayoría duerme gracias a haberse tomado una pastilla de melatonina. Lo habíamos logrado: 24 horas después estábamos en Milán.
Nuestro aterrizaje coincide con un nuevo mensaje de alerta de las autoridades de los Emiratos Árabes y la opción de volver a ser atacados por Irán. Qué bien se está en Europa.
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