Martes, 13 de enero de 2026 Mar 13/01/2026
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Economía

El viejo PSOE no regresará

El viejo PSOE no regresará
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Sánchez tiene atada, y bien atada, tanto a la disidencia como su autosucesión. Leer
Radar MóvilEl viejo PSOE no regresará 13 ENE. 2026 - 21:16El delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín; el ministro de Presidencia, Félix Bolaños; el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez; y el ministro de Transformación Digital, Óscar López, durante el acto de demolición de un edificio del acuartelamiento de Campamento, este lunes en Madrid.Alberto OrtegaEuropa Press

Sánchez tiene atada, y bien atada, tanto a la disidencia como su autosucesión.

El bienintencionado e higiénico manifiesto presentado por el exministro Jordi Sevilla proponiendo reconducir la deriva autodestructiva del PSOE está condenado al fracaso. Y no porque lo suscriban pocos militantes del partido. Tampoco porque Moncloa y Ferraz hayan presionado a los descontentos con el sanchismo para que no lo suscriban. Lo está porque no hay camino de regreso para el PSOE del páramo ético al que Sánchez ha conducido a la formación que más tiempo ha gobernado España en democracia.

Un viaje que la mayoría de los afiliados han hecho con sorprendente seguidismo y mínima resistencia. Por eso, no se podrán borrar la mancha de haber apoyado la normalización de los pactos con Bildu, que heló el corazón a las familias de los socialistas asesinados por ETA; ni haber defendido la autoamnistía ilegal de Puigdemont y el resto de los cabecillas del golpe separatista en Cataluña como precio justo por los siete votos de Junts que necesitaba Sánchez para seguir en Moncloa; ni la renuncia a los postulados clásicos de la socialdemocracia para hacer propio el populismo económico de la izquierda radical.

El viejo PSOE que añoran los protagonistas de la Transición no regresará porque, desde su victoria en las primarias de 2017 ahora bajo sospecha de fraude, Sánchez ha ejecutado su particular venganza contra el aparato del partido que le descabalgó de la secretaría general. Primero Ábalos y después Cerdán, a quienes el presidente del Gobierno sostiene que no conocía en profundidad, ejecutaron su encargo de dinamitar cualquier puente con el socialismo constitucionalista. Sánchez tiene atada, y bien atada, tanto a la disidencia como su autosucesión al frente del partido.

El sanchismo heredará al sanchismo.No será una anécdota ni una época oscura en la historia del PSOE. Prueba de ello es la escasa contestación tras conocerse las maniobras de Ferraz para silenciar las denuncias de mujeres sobre presuntos abusos por parte de altos cargos del partido y del Gobierno, a las que TVE no ha dedicado durante semanas ni un ápice de todo el espacio informativo reservado ayer a las denuncias contra Julio Iglesias, o ante la forma en que la dirección socialista ha ignorado la petición de las militantes que habían propuesto celebrar una conferencia del partido para reorientar las políticas feministas y alejarse de la demagogia de Podemos y Sumar.

Es en este punto en el que falla el diagnóstico de Sevilla: la mayoría de quienes en privado ansían un cambio de rumbo del partido no darán un paso al frente porque les resulta más cómodo repetir como cacatúas el argumentario de Moncloa, aunque piensen lo contrario, y mantener mientras sea posible las canonjías de los puestos que les ha otorgado Sánchez. Así lo certifica la reveladora imagen de los hasta 20 altos cargos -entre otros, los ministros de Presidencia y de Transformación Digital, que como bien es sabido entre sus responsabilidades tienen el fomento de la vivienda- que dedicaron buena parte de la mañana de este lunes a algo tan trascendente como acompañar al presidente hasta la zona de Campamento, en Madrid, para presenciar junto a él cómo una grúa derribaba un edificio del antiguo complejo militar en el que, desde hace nada menos que 37 años, los sucesivos gobiernos vienen prometiendo levantar 10.000 nuevos pisos de protección oficial.

Lo más cómico es que Zapatero, el gran ausente desde la incursión de Estados Unidos en Venezuela para detener a su amigo, el dictador Nicolás Maduro, ya hizo en 2006 un paripé similar en el mismo sitio y con idéntico fin propagandístico, probando una vez más que la historia que se repite siempre acaba siendo una farsa.

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Fuente original: Leer en Expansión
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