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El XI marqués de la Motilla deja a Sevilla sin uno de sus cuadros de El Greco: enfado político y la otra guerra con su hijo mayor

El XI marqués de la Motilla deja a Sevilla sin uno de sus cuadros de El Greco: enfado político y la otra guerra con su hijo mayor
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Miguel Ángel Solís y Martínez-Campos, exmarido de Carmen Tello, ha cedido un Cristo de El Greco a la colección Casacuberta-Marsans de Barcelona. Más información: Cayetano Martínez de Irujo inaugura el Centenario de la duquesa de Alba con dos marcadas ausencias familiares

El XI marqués de la Motilla en un fotomontaje de EL ESPAÑOL.

Famosos MALESTAR PICTÓRICO El XI marqués de la Motilla deja a Sevilla sin uno de sus cuadros de El Greco: enfado político y la otra guerra con su hijo mayor

Miguel Ángel Solís y Martínez-Campos, exmarido de Carmen Tello, ha cedido un Cristo de El Greco a la colección Casacuberta-Marsans de Barcelona.

Más información: Cayetano Martínez de Irujo inaugura el Centenario de la duquesa de Alba con dos marcadas ausencias familiares

Publicada 31 marzo 2026 01:45h

Sevilla se ha rebelado contra Miguel Ángel de Solís y Martínez Campos (78 años), XI marqués de la Motilla, después de una decisión, un tanto inesperada, que éste ha tomado: vender uno de los dos cuadros de El Greco -el que le pertenece- que estaba expuesto en la ciudad hispalense. 

El marqués ha determinado deshacerse así de una de estas dos obras pictóricas, como avanza Loc. El exmarido de Carmen Tello(70) se ha desprendido, en concreto, de un Cristo en la Cruz, fechado en 1590, adquirido por la colección Casacuberta-Marsans.

El cuadro ha salido de Sevilla para recalar en Cataluña. Un extremo que ha molestado a algunas instituciones que no entienden por qué no se ha valorado antes la compraventa ni al Ayuntamiento ni a la Junta de Andalucía, ni al museo de Bellas Artes de Sevilla.

Esta transacción, pues, ha reabierto en Sevilla un viejo debate sobre el patrimonio: hasta dónde llega el derecho de un propietario privado y dónde empieza la responsabilidad con la ciudad y su historia.

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Miguel Ángel de Solís y Martínez Campos, en una imagen de archivo. Gtres

El reproche no se centra sólo en la venta, totalmente legal, sino en la forma: el marqués no ofreció previamente la posibilidad de compra a las mencionadas instituciones, rompiendo una práctica no escrita cuando se trata de piezas de relevancia excepcional.

El detonante se ha producido después de que La Vanguardia haya presumido de que Cataluña suma ya su octavo Greco y anuncia que el lienzo, una de las crucifixiones más tempranas del cretense, puede verse en el Hospital de Sant Sever de Barcelona.

Pronto la prensa local de Sevilla ha alzado la voz, denunciando que el Cristo en la cruz -un óleo de 178 x 104 centímetros procedente de la colección del II conde del Águila- ha salido sin que las instituciones andaluzas hayan tenido opción de retenerlo.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento habla de "nueva pérdida irreparable para el patrimonio histórico y artístico", acusa al Alcalde y a la Junta de "pasividad" y habla sin ambages de otros "expolios" vividos, de Murillo y Velázquez.

Fernando Solís, hijo mayor del marqués, junto a su mujer. Gtres

El valor del cuadro del Greco no es sólo afectivo. Ya a comienzos del siglo XX, el historiador Manuel B. Cossío lo describió como "el superior, sin ninguna duda" entre las crucifixiones de El Greco, mientras que el crítico Julius Meier‑Graefe lo definió en 1911 como una obra "colosal".

Su historia, además, tiene algo de novela: durante años, el lienzo permaneció olvidado bajo una capa de polvo, en un rincón oscuro de la capilla de los marqueses de la Motilla.

Los miembros que conforman este ilustre apellido, según relatan fuentes de época, no terminaban de entender que ese Cristo "con la cabeza tan chiquitilla y el cuerpo tan largo" pudiera valer tanto.

Restaurado en 1904 y colocado después sobre el reclinatorio familiar, el cuadro ha vivido más de un siglo a resguardo en el palacio sevillano de La Motilla, saliendo muy pocas veces al exterior.

En concreto, ha visto la luz apenas a través de dos préstamos para exposiciones del Año Greco en Toledo y Budapest, y, más recientemente, una muestra organizada en Sevilla por la Fundación Focus.

En los últimos años, pues, sobre la obra han pesado dos importantes quejas. Por un lado, que una obra tan importante haya estado tanto tiempo sustraída al disfrute público. Y, por otro, que, justo cuando se abría tímidamente al gran público, haya abandonado la ciudad.

Desde el entorno de la Administración andaluza se insiste en que la Junta no fue informada de la operación y que no hubo dejadez, sino un vacío legal.

Es importante matizar, en la línea del limbo legal, que el cuadro no estaba declarado Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que gozaba de libre circulación dentro del territorio español.

Carmen Tello en una imagen de archivo. Gtres

Solo si hubiera tenido esa protección o si la venta implicara su salida al extranjero habría sido obligatorio comunicar la transacción y se habría podido ejercer el derecho de tanteo.

El procedimiento, recuerdan, es conocido: una obra se declara BIC cuando se detecta riesgo de salida o cuando un ciudadano o experto lo solicita formalmente, como ocurrió con Las lágrimas de San Pedro, de Murillo, cuyo expediente se impulsó desde la propia comunidad académica.

En este caso, ese paso nunca se dio a tiempo. El catedrático Benito Navarrete, una de las voces más respetadas en historia del arte andaluz, ha expresado su decepción por no haber activado la protección del Greco antes de que cambiara de manos.

Eleva Navarrete la responsabilidad hasta el Ministerio de Cultura, al que reprocha falta de reflejos en la defensa del patrimonio.

Al mismo tiempo, lanza una crítica directa al marqués de la Motilla, al considerar que no ha mostrado interés real en que su legado artístico permaneciera en Andalucía.

Es ahí donde la figura de Miguel Ángel de Solís se convierte en objeto de debate público: para unos, ejerce simplemente su derecho como propietario de un bien no protegido.

Enrique Solís, en un evento público hace unos meses. Gtres

Para otros, traiciona una forma de compromiso moral con la ciudad que le ha dado título, historia y prestigio. El precio de la operación se mueve, según estimaciones de expertos, en una horquilla amplia, entre uno y hasta ocho millones de euros.

La colección Casacuberta‑Marsans, por su parte, defiende la "pertinencia" de incorporar la obra a su conjunto, donde conviven tablas y esculturas medievales de la Corona de Aragón con pinturas de finales del XIX y principios del XX.

Ese discurso, legítimo desde el punto de vista coleccionista, choca con la sensación en Sevilla de que la ciudad pierde un elemento identitario irrecuperable.

Guerra con su primogénito

La polémica por el Greco llega, además, en un momento especialmente delicado para la imagen del marqués de la Motilla, que en los últimos años ya había sido protagonista de otra tormenta familiar y mediática: el litigio con su hijo mayor, Fernando.

Un litigio, huelga recordar, a propósito de la venta del palacio sevillano de La Motilla. Aquella operación supuso desprenderse de la gran casa señorial que había sido emblema del linaje y escenario de buena parte de la vida social de la familia.

Fernando de Solís se había instalado allí en 2013, al casarse con su mujer, Eva Morejón, con la que tiene tres hijos, y la venta fue vivida por él como un golpe especialmente duro y supuso -entonces- una grieta emocional en el ámbito paternofilial.

De la noche a la mañana, la residencia heredada pasó a manos de un nuevo propietario: el empresario cordobés Mario López Magdaleno, que se hizo con las llaves del histórico inmueble.

Los motivos esgrimidos por el marqués para justificar la enajenación del palacio apuntan a una realidad muy común en las grandes casas nobiliarias: los enormes gastos de mantenimiento, difíciles de asumir incluso con un patrimonio notable.

El coste de conservar el edificio, mantenerlo en condiciones y hacer frente a impuestos y reparaciones habría resultado insostenible, obligando a tomar la decisión de vender.

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Lo cierto es que Miguel Ángel de Solís‑Beaumont siempre había cultivado una imagen de gran discreción.

Licenciado en Derecho y dedicado a la administración de las actividades agrícolas y financieras del clan, había conseguido mantener su vida privada razonablemente al margen del foco mediático.

Más allá, claro está, de los inevitables ecos que su extensa familia -y su anterior matrimonio con Carmen Tello-, generaba en la crónica social.

Miguel y Carmen: su historia de amor

El romance entre Miguel Ángel y Carmen Tello unió dos mundos muy visibles en la alta sociedad sevillana: el de una de las sagas nobiliarias más antiguas de Andalucía y el de una mujer que, con el tiempo, se convertiría en una figura muy cercana a la Casa de Alba.

Su relación se enmarcó en ese universo de cacerías, actos benéficos, cofradías, ferias y vida social sevillana de alto nivel, donde ambos formaban un matrimonio elegante, discreto y muy integrado en los círculos aristocráticos y culturales.

En ese contexto nacieron sus hijos y se consolidó una familia que, durante años, fue referencia de ese estilo de vida clásico de la aristocracia andaluza. Con el paso del tiempo, el vínculo se rompió y el matrimonio terminó en separación.

Del matrimonio de Carmen Tello con el marqués de Valencina nacieron cuatro hijos: Fernando, María del Carmen, Miguel Ángel y Enrique. El más mediático es Enrique Solís, que mantuvo una relación con Tamara Falcó (44).

Desde muy joven se ha movido en el ámbito empresarial, especialmente en el sector hotelero: puso en marcha su primera compañía con solo 21 años, mientras cursaba International Business entre Madrid y Nueva York.

Junto a sus hermanos impulsó One Shot, una cadena de hoteles de diseño con presencia en varias ciudades españolas; además, desde hace cinco años preside The Seëlk, una firma de complementos masculinos que abrió su primera tienda en Salamanca en 2021.

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