Elena Valenciano recibe a EL ESPAÑOL en su refugio mediterráneo. Iván Villarejo.
Política Elena Valenciano: "Es un despropósito que Peinado retire el pasaporte a Begoña Gómez, es evidente que no va a fugarse""He conocido a un Zapatero austero, nada interesado por el dinero, una persona cabal y honesta. Todo lo que leo me parece inverosímil".
"Con Sánchez hay poco espacio para la crítica en el partido, ahora la discrepancia se considera una gran deslealtad".
"Leire Díez me citó para hablar del caso ERE, me pareció poco sólido. Aún no existían el 'caso Ábalos' ni el 'caso Cerdán'".
Rubén Fernández Publicada 21 junio 2026 03:14h Las clavesLas claves Generado con IA
Lejos del oleaje de la primera línea, Elena Valenciano (Madrid, 1960) vive hoy a caballo entre el sosiego de las casitas encaladas de Altea y las reuniones solemnes del Consejo de Estado en Madrid.
Peina canas y veteranía en un carné del PSOE en el que pronto se leerán 50 años de militancia; se afilió cuando en la radio sonaba Jarcha y ver a un socialista en La Moncloa parecía ciencia ficción.
Atiende a EL ESPAÑOL a orillas del Mediterráneo justo cuando se cumplen doce años de la abdicación de Juan Carlos I. En aquel convulso 2014, Valenciano pilotaba el partido como vicesecretaria general tras haber encabezado la lista de unas elecciones europeas que lo dinamitaron todo.
Aquella cita alumbró la irrupción de Podemos que, como un vendaval, amenazaba con revolucionar todo. Fueron también el primer intento —y fallido— de un partido que parecía condenado al fracaso tras estos comicios y que se llamaba Vox.
Los resultados provocaron un terremoto en el PSOE con la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, de la que Valenciano siempre fue una de sus principales discípulas. Aquel adiós era el de una generación que decía dar un paso atrás.
Fue el kilómetro cero de una nueva era; el momento exacto en el que un jovencísimo y desconocido Pedro Sánchez decidió dar un paso al frente para asaltar el trono de Ferraz.
¿Qué le parece que el juez Peinado haya resuelto este sábado enviar a juicio a Begoña Gómez, retirarle el pasaporte y prohibirle salir de España?
Me parece exagerado. Casi fuera de lugar, es un despropósito. Creo que no hay absolutamente ningún indicio que justifique retirar el pasaporte a Begoña Gómez, ni que deba presentarse en el juzgado cada 15 días. Es evidente que ella no va a fugarse, lo ve todo el mundo menos el juez Peinado.
Usted era una de las pocas personas que conocía la decisión del Rey de abdicar. Se lo había transmitido Alfredo Pérez Rubalcaba para que aplazara a julio el Congreso extraordinario del PSOE. ¿Cómo vivió esos días?
Con mucha, mucha tensión. Porque había que manejar lo más importante, que era la abdicación, por supuesto; pero hay que tener en cuenta que en ese momento el PSOE ya estaba en una crisis bastante profunda.
Habíamos sacado un mal resultado en las elecciones europeas —aunque bueno, visto con el tiempo, no tan malo—.
Fue la primera irrupción de Podemos en el Parlamento Europeo y el Partido Socialista estaba un poco presionado por esa nueva izquierda que, digamos, surgía como gran alternativa al viejo socialismo.
Había mucha preocupación dentro del PSOE, pero también dejándose arrastrar un poco por los cantos de sirena de Podemos.
En ese momento todo estaba muy revuelto en el Partido Socialista. En esa situación, y habiendo anunciado ya Alfredo que se iba, había que aguantar el timón para que la abdicación se produjera lo mejor posible, sin que hubiera estridencias dentro del grupo parlamentario que algunas se empezaban a manifestar.
Por ejemplo Odón Elorza.
Sí, pero no fue el único. Hubo una reunión con el grupo parlamentario muy larga y muy difícil de Alfredo y mía, junto a la dirección del grupo, para explicar que se trataba exclusivamente de una ley para la abdicación. Que no estábamos hablando de otras cosas.
Algunas personas querían abrir un debate más profundo sobre la República. Fueron días complicados, de mucha tensión, pero la verdad es que teniendo a Alfredo dirigiendo todo el trabajo, las cosas eran relativamente fáciles.
¿Usted se sorprendió cuando se lo dijo Rubalcaba, eso de que el rey iba a abdicar y que había que pilotar este proceso?
No me sorprendió nada, porque en realidad era algo que ya habíamos comentado muchas veces.
Paradójicamente, Rubalcaba, que era republicano de corazón, hizo su último servicio facilitando la abdicación de Juan Carlos I. Usted comenta esas elecciones en las que, por primera vez, el bipartidismo no llega al 50%. ¿Se podría haber hecho esta abdicación después de la marcha de Rubalcaba?
Yo creo que tal y como se hizo, y se hizo bien, no.
El Rey y sus consejeros en la Casa Real tuvieron muy en cuenta que Alfredo se iba y que era muy importante tener al frente del PSOE a un hombre de Estado como él.
Por eso creo que el hecho de que Alfredo se fuera se tuvo en cuenta para ese calendario, porque después no sabíamos lo que iba a pasar en el PSOE.
Elena Valenciano posa para EL ESPAÑOL Iván Villarejo
En esos días el PSOE estaba revuelto. Surgía un diputado desconocido, Pedro Sánchez, que se enfrentaba a Eduardo Madina. Usted tenía entonces buena relación con Sánchez, incluso fue invitada a su boda con Begoña Gómez. ¿Cómo recuerda al joven Sánchez?
Excelente relación. Pedro Sánchez era una persona de nuestro equipo, muy directa. A lo mejor era desconocido para el gran público, pero para nosotros no; trabajaba con nosotros cotidianamente.
Era uno de los economistas del partido, estaba en todos los comités electorales que montamos en las campañas... Fue quien, junto a María González Veracruz, encabezó la defensa de la Conferencia Política que coordinó Ramón Jáuregui.
Era una persona de nuestro equipo y un muy buen amigo mío. Así lo recuerdo: como un diputado puntero, alguien con una excelente formación económica, que hablaba muy bien, con un trato excelente con los medios.
De hecho, yo promoví mucho que fuera él quien defendiera la Conferencia Política porque me parecía un gran cuadro político.
Y antes de las primarias, ¿le pidió consejo para presentarse?
No, él me lo anunció.
Y le dijo que era muy prematuro presentarse.
Sí. Le dije que era un poco pronto, porque es lo que pensaba, y a los amigos hay que decirles lo que uno piensa. Le dije que era un poco prematuro. Bueno, me equivoqué y él tenía razón, está claro (risas).
Lo cierto es que tras las primarias, y después de esta opinión, acabó su carrera política. Pasó de ser vicesecretaria general y eurodiputada a ser excluida de la ejecutiva y de las listas.
No sé si fue por eso o porque yo realmente apoyé a Madina, no lo sé.
Es verdad que pasé de ser vicesecretaria general a nada. De vicepresidenta del Grupo Socialista Europeo a nada. Eso es así.
Tal vez simplemente él quiso hacer equipos distintos. Cuando uno está ahí dentro, tiene que saberlo: no puedes creerte que estás ahí por ti misma, sino porque alguien confía en ti. En su caso, simplemente no confiaba en mí y ya está.
Es extraño que una persona que encabeza la lista en 2014 desaparezca completamente de la lista siguiente, es raro, pero es legítimo.
¿Y por qué apoyó a Madina frente a Sánchez? Aunque fue bastante discreta y no hizo un gran pronunciamiento público.
Estaba en la dirección del partido, pero todo el mundo sabía que yo era amiga de Eduardo Madina desde hacía mucho tiempo y que creía que era el mejor candidato.
¿Por qué? Porque Madina tenía un perfil político distinto a lo conocido: era un político moderno, muy vinculado a los movimientos culturales y sociales de su época, pero a la vez con una raíz muy sólida en el Partido Socialista. Un tipo súper preparado.
Además, estábamos compitiendo con Podemos, y para mí ese era el gran problema: el famoso sorpasso.
Me parecía que Madina podía conectar muy bien con una parte del electorado que estaba más a la izquierda del PSOE. Era un tipo muy de izquierdas, muy coherente, con una historia casi épica desde su atentado —cosa que nunca explotó, pero que todos sabíamos que estaba ahí—. Me parecía el mejor, simplemente.
No porque me pareciera malo Pedro Sánchez. Yo no hice nada en la campaña de Madina ni hice pronunciamientos públicos, pero supongo que Pedro sabía perfectamente que yo prefería a Eduardo, y ya está. Eso, en principio, no debería ser ningún problema.
Siguió siendo miembro del Comité Federal hasta 2017. Hace unos meses vimos las imágenes de aquella tensa asamblea de octubre de 2016. ¿Cómo recuerda aquel episodio?
Pues horriblemente mal. Fue horrible por dentro, pero también por fuera, y esto no se ha contado mucho. Cuando llegamos al Comité Federal, la calle estaba tomada por personas que nos insultaban a los que defendíamos una posición distinta a la de la dirección.
Yo entré justo detrás de Eduardo Madina, al que llamaban "fascista" en la calle. No se podía salir a la calle.
Se había montado lo que los argentinos llaman una "patota". Así empezó el ambiente. Yo ya estaba enferma de ver eso, porque eso no había pasado nunca en el PSOE.
Fue un momento en el que perdimos credibilidad a espuertas, unos y otros, donde se le hizo muchísimo daño al partido.
Yo era consciente en todo momento del daño que estábamos haciendo y eso me dolía. Me quedé en shock. Tengo una relación con el PSOE que trasciende con mucho la política; es una relación afectiva con esas siglas.
Está a punto de cumplir 50 años de militancia. En 1977 se afilia a Juventudes Socialistas y luego ya entra en el Partido Socialista. ¿Cómo ve el PSOE actual?
Cuando entré jamás imaginamos que íbamos a gobernar España. Todo ha cambiado mucho.
No podemos ver las cosas con las gafas de hace 50 años. Entonces el PSOE era un partido muy de izquierdas, casi revolucionario —así se definían las Juventudes—, en una España que estaba por construir.
El de hoy no se parece en nada. Yo he seguido en el PSOE siempre, aunque no tuve cargo orgánico ni público hasta el año 99, cuando fui en las listas al Parlamento Europeo. Desde el 77 hasta el 99 no tuve responsabilidades.
Lo único que creo que tiene valor para el análisis es que nosotros no entramos en un partido de poder político, entramos en un movimiento que buscaba la democracia, la libertad y la justicia social.
Luego, la gente ya entra en un PSOE que es un sistema de poder. Creo que hay un cierto sesgo entre los que entramos entonces y los que entran después. No porque sea mejor ni peor, sino porque es diferente.
Elena Valenciano en su casa alicantina. Iván Villarejo.
También conoció de cerca a José Luis Rodríguez Zapatero, fue secretaria en su Ejecutiva. ¿Le ha sorprendido su caso? ¿Qué le ha parecido su declaración ante el juez Calama?
Su caso me ha sorprendido muchísimo desde el primer momento. Yo todavía soy bastante incrédula. El Zapatero que yo conozco, y al que le tengo un grandísimo afecto, no encaja en absoluto con el Zapatero que describe el auto del juez ni con lo que están diciendo los medios de comunicación.
Quiero ser extremadamente prudente porque a mí no me encaja.
He conocido a un Zapatero austero, nada interesado por el dinero, una persona cabal y honesta.
Por lo tanto, todo lo que leo me parece inverosímil. Voy a esperar a ver si da explicaciones sólidas para todo lo que se le imputa.
Es verdad que una cosa es la justicia y otra la política; sus tiempos son completamente distintos. La política, los medios y la opinión pública querrían que Zapatero saliera, lo explicara todo y quedara claro, pero eso no va a ser así.
Él tiene que pensar en su defensa, por lo que vamos a tener todo el tiempo esta especie de contradicción entre su necesidad de defensa ante los tribunales con su figura pública. Esto va a ser muy largo, estamos en una fase muy embrionaria.
Si me preguntas a mí, me parece increíble, todavía no me lo creo. No sé si la realidad me acabará desengañando, pero de momento quiero seguir confiando en Zapatero.
Pero es sorprendente que después de un mes todavía no se haya aclarado, por ejemplo, de dónde salen esas joyas árabes que estaban en su caja fuerte.
Cuando veamos las pruebas, podremos hablar. Es evidente que hay una cosa muy rara, y es que no fueron declaradas a la Hacienda Pública; eso está claro. Ahora, de dónde vienen y cómo fue, creo que es lo que él va a documentar.
¿Podría haberlo explicado antes? Para su defensa jurídica eso no suele ser bueno y él tiene que pensar en su defensa. Los demás tenemos que tener un poco de paciencia.
Ahora se produce un hecho insólito en Europa: tener a un presidente en ejercicio con familiares directos investigados —esposa, hermano— y también al expresidente. ¿Es sostenible esta situación políticamente?
Desde el punto de vista político es muy difícil, claro, porque la presión política, mediática y de la oposición es enorme. No es fácilmente sostenible.
Creo que el presidente ya abrió un poco el tapón al dejar abierta la puerta a una convocatoria electoral hace unos días.
Sí, este jueves ya dejaba caer que podrían ser antes, febrero o marzo.
Creo que lo que el presidente ha dicho tiene bastante sentido: va a presentar los presupuestos —algo que no se ha hecho en los años anteriores, y eso está mal—.
Va a presentar los presupuestos y, si no los saca, pues convocará elecciones. Ese sería el camino razonable: cumples con tu obligación en el Parlamento y, si no te los aprueban, te vas a elecciones.
Es un calendario completamente razonable que salva un poco la situación de bloqueo político total en la que estamos.
El caso es que mientras todo esto ocurre, se siguen instruyendo otros casos, como el de Santos Cerdán o el de Ábalos. Usted, que fue vicesecretaria general, ¿cómo se explica que fallara la selección de personal al designar a dos secretarios de organización que han terminado así?
Yo creo que eso tiene mucho que ver con que, cuando Pedro Sánchez ganó las primarias, se rodeó de un grupo de gente muy concreto. José Luis Ábalos ya tenía su historial en la Comunidad Valenciana.
¿Era vox populi su historial?
Era vox populi que tenía un historial bien curioso, y poco acorde con lo que un político debe hacer. Aquí sobre Ábalos se decían todo tipo de cosas hace muchos años.
La selección de personal desde luego fue un error. ¿Y por qué se mantuvo? Porque uno de los errores de la etapa de Sánchez es que la dirección ha sido muy vertical.
El poder lo detentan muy pocos internamente, hay poco debate y poco espacio para la crítica.
Al final, las voces discrepantes siempre construyen algo mejor, pero en la estructura actual del PSOE hablar libremente no es fácil.
Por cierto, la próxima semana hay Comité Federal. ¿Qué se puede esperar de él?
Yo estoy completamente fuera de la realidad orgánica. Lo que sé es por lo que leo. ¿Qué ha cambiado? Lo que acabo de decir.
Yo recuerdo comités federales que duraban dos días; la gente de provincias dormía en Madrid.
Y solamente se pedía la palabra para criticar a la dirección, no había intervenciones a favor de la Ejecutiva. Tú criticabas a un secretario y el secretario tomaba la palabra y te respondía.
Hemos pasado de un Comité Federal donde se debatía duro a uno en el que prácticamente no hay voces en contra
-O donde los que piden la palabra, como Óscar Puente, lo hacen para criticar a los que discrepan, como a García-Page.
Es justo lo contrario de la cultura del PSOE en la que yo me crié. Los Comités Federales eran duros para la dirección.
Ahora la posición discrepante es considerada una gran deslealtad.
Esto es un error que empobrece la política en todos los partidos, porque en los últimos años lo que se hace es purgar o arrinconar a aquellos que no están de acuerdo con la dirección. Pasa en Vox, pasaba en Podemos, el PP y pasa en los partidos mayoritarios.
En 2016, Alfredo Pérez Rubalcaba dijo una frase analizando las alianzas: "Gobernar España exige apoyos parlamentarios sólidos si quieres un buen Gobierno y no chapotear. Cabe la posibilidad de sentarse con ellos y acabar siendo malos, y que no te hagan caso". ¿Qué opina viendo la situación actual?
Bueno, a las pruebas me remito. El socio que ha sido clave para la investidura de Sánchez y para su apoyo parlamentario es Junts per Catalunya, y ahora mismo están pidiendo que se adelanten las elecciones.
Y mire que se han hecho esfuerzos por parte del Gobierno para satisfacer muchas de sus demandas, pero a la hora de la verdad, no es un socio fiable. Alfredo se refería a eso.
La construcción de la democracia en este país exige acuerdos entre los grandes partidos. Eso es así.
Cuando no hay absolutamente ningún acuerdo entre los dos partidos mayoritarios de la Cámara y solo hay insultos, el motor se gripa.
Ahora tenemos a un Partido Popular absolutamente acomplejado y condicionado por un partido de extrema derecha y hemos tenido a un Partido Socialista que se ha visto forzado a acordar cosas que, desde mi punto de vista, están fuera de la identidad del PSOE.
Si las cosas de comer no se acuerdan entre los grandes partidos, el país no funciona bien.
Este Gobierno ha hecho cosas muy buenas, pero al final la dinámica política es de bloqueo total.
Rubalcaba también acuñó en su día el término "Gobierno Frankenstein". ¿Qué cree que diría si pudiera participar en el próximo Comité Federal que se celebrará la próxima semana?
Yo creo que ni iría, estaría muy deprimido en este momento. Él tenía ideas y planes de Estado muy sólidos.
Seguro que diría algo parecido a lo que estoy diciendo yo, pero mucho mejor expresado: que es el momento de pensar qué hacemos con este país y si vamos a seguir bloqueándolo todo.
A la crisis política hay que añadirle los asuntos de corrupción de unos y de otros. Comprendo que a mí me pregunten por el PSOE, pero es que hay unos cuantos casos en el otro lado también.
¿Cómo puede la gente confiar en una clase política que lo único que hace es insultarse y que además está salpicada por la corrupción?
Si la gente no confía en sus representantes, la democracia se oxida.
Necesitamos recuperar el prestigio de la política, porque la inmensa mayoría de la gente necesita de las decisiones políticas para mejorar sus vidas. Si alejamos la política de la gente, pervertimos el sistema democrático.
En los papeles de Leire Díez figura una reunión en 2021 a la que dice que asistió.
A esa persona yo la conocía de antes porque había sido teniente de alcalde en un pueblo del Valle del Pas, en Cantabria.
Había montado un grupo de mujeres y la conocía a través de asuntos de emprendimiento.
Me citó para tomar una Coca-Cola en la Plaza de Olavide porque me tenía que contar algo importante.
En ese momento no existía el caso Ábalos ni el caso Cerdán ni nada de eso.
Lo que ella tenía —que a mí me pareció humo— era supuesta información que creía que podía ser útil para la defensa de los ERE. De eso fue de lo que habló. Yo como ni conocía el expediente ni a las personas de las que hablaba, me pareció todo bastante poco sólido y ya está. Eso fue todo.
Elena Valenciano durante la conversación con EL ESPAÑOL. Iván Villarejo
-¿Cómo explica que esa persona tuviera supuestamente acceso a la Fiscalía o se tomara cafés con la Directora General de la Guardia Civil?
No lo puedo explicar, no tengo ni la más remota idea. Supongo que se conocerían de antes por el partido, pero no puedo emitir una opinión sobre eso.
Cambiando de tema, de cara al futuro político, ¿ve a Feijóo ya como presidente o cree que todavía hay partido?
Partido hay siempre; hasta que no se cierran las urnas hay partido. Sí es verdad que la correlación de fuerzas que traducen las encuestas muestran una tendencia donde podrían tener mayoría el PP y Vox, lo cual para mí sería una gran desgracia.
¿Qué opina sobre cómo está gestionando el PP su relación con Vox?
Son muy torpes. No acaban de decirse. No han tenido una estrategia clara ante Vox.
¿Qué le parece la propuesta de la "prioridad nacional" en las ayudas que plantea Vox?
Bastante lamentable. Primero, es ilegal. Y en segundo lugar, abordar el fenómeno de la inmigración desde una perspectiva xenófoba y nacionalista es un error que genera problemas sociales y está completamente fuera de mis valores.
Acaba de publicar el libro Después del silencio junto a la exdiputada Soraya Rodríguez, donde recogen testimonios de familias rotas por el terrorismo machista. ¿Por qué sigue sin solucionarse esta lacra?
Es un problema que está en el tuétano de todas las sociedades. Está en todo el mundo. En términos históricos, llevamos muy poco tiempo peleando contra la violencia machista. Cambiar las leyes es mucho más fácil que la cultura de una sociedad.
El libro llama la atención porque recogen testimonios de varios hombres que también son víctimas de esta violencia al ver cómo matan a sus hijas o sus madres.
Me interesaba mucho destacar eso. Hasta ahora, cuando hablábamos de violencia machista, casi siempre pensábamos en las mujeres como las únicas víctimas secundarias. Pero los hombres del entorno de la víctima también lo son, sufren de una manera muy profunda y destructiva.
Incluso algunos hombres que antes eran negacionistas de la violencia de género se convierten en víctimas cuando matan a su hija.
Igual también hemos fallado los medios y los políticos a la hora de no dar esta perspectiva.
Completamente. Ha sido un error. Necesitamos que los hombres se sumen de forma activa a esta batalla, porque por un lado son víctimas, como nosotros, y también los verdugos tienen que sumarse a esta batalla.
Lo más llamativo cuando hablábamos con el padre es eso. Primero, que tú como hombre no has sabido defender a un hombre, que es como un mandato masculino también, y segundo ha sido otro hombre el que la ha matado.
¿Qué le parece la regularización extraordinaria de inmigrantes que se debate este mes, donde las cifras reales podrían duplicar el medio millón previsto inicialmente?
Me parece que esa es la realidad de este país: hay que tomar los problemas por los cuernos y gobernar.
Tenemos a un montón de personas haciendo trabajos clave para nuestra sociedad que están en situación irregular.
Cualquier Estado de derecho tiene que ordenar esa situación. Si están aquí, viven aquí y trabajan aquí, lo mínimo es regularizar su situación.
¿Y la preocupación de la oposición sobre la "Ley de Nietos" y el temor a que altere el censo electoral en el exterior?
No. Primero, de todos los que consigan la nacionalidad, habrá que ver cuántos votan realmente; la política española les queda muy lejos de sus vidas cotidianas.
Y segundo, suponer que por venir de América Latina van a votar a la izquierda es mucho suponer. Si miras los últimos resultados electorales en Chile, Argentina o Colombia, el voto exterior se inclina hacia la derecha.
Esa acusación me parece que no tiene ni pies ni cabeza.
Es una ley digna para reparar a familias que salieron de España en malas condiciones, un derecho que existe en muchos países europeos y ya está. Todo lo demás es ruido.
La mayor parte de su carrera la ha pasado en el Parlamento Europeo. Esta semana la Eurocámara ha validado proyectos como los centros de deportación en terceros países (la llamada 'Vía Meloni'). ¿Cómo ve este rumbo de Europa?
Me parece directamente una vergüenza europea; yo la llamaría "la ley de la vergüenza".
La Unión Europea está braceando en un mar muy picado y parece haber perdido el rumbo de sus valores fundacionales.
Estamos obligados a la solidaridad y a defender los derechos humanos. Dentro de nuestras fronteras y fuera de nuestras fronteras. Meter a familias en centros de detención en países terceros subsaharianos, donde no hay ningún control real sobre cómo se trata a las personas, me parece una vergüenza y es inadmisible.
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