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Elvira Mínguez: «Nunca me he podido callar ante las injusticias»

Elvira Mínguez: «Nunca me he podido callar ante las injusticias»
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«El miedo es la mejor forma de manipulación», afirma la actriz y escritora ganadora del Premio Primavera de Novela

Vermú de domingo

Elvira Mínguez: «Nunca me he podido callar ante las injusticias»

«El miedo es la mejor forma de manipulación», afirma la actriz y escritora ganadora del Premio Primavera de Novela

Regala esta noticia Mínguez ha ganado este año el Premio Primavera de Novela. (Hugo G. Pecellín)

Rosa Palo

03/05/2026 a las 00:05h.

Con cinco nominaciones a los Goya, de las que obtuvo uno por 'Tapas', Elvira Mínguez, actriz de fuerza incontestable, se ha revelado, además, como una ... escritora de voz potente. En su segunda novela, 'La educación del monstruo' (Espasa), recorre tres escenarios y tres tiempos distintos para enfrentarnos tanto a los monstruos ajenos como a los propios. Lo paradójico es que, mientras escribe acerca de miedos, silencios y crímenes que dejan al lector con un nudo en el estómago, sobre su mesa de trabajo descansa una cita de Tomás Moro: «Felices aquellos que pueden reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse». Tras la charla, la aparente contradicción queda resuelta, porque se palpa que Mínguez ha disfrutado relatando el viaje hacia la oscuridad de Matilde, la protagonista de su novela: «Mi sueño sería ir escribiendo historias para poder dirigirlas y, mientras tanto, continuar con la interpretación».

-Yo soy de Valladolid, y allí el aperitivo es una cosa sagrada. Pero no me lo he tomado como el premio merece porque no he podido. Lo tengo pendiente.

-«La literatura es mi amante y el cine mi marido», dijo. ¿Qué le da uno que no le dé el otro?

-La principal diferencia es la libertad que siento en la literatura. Cuando interpretas estás supeditado a un guion, a la historia que quiere contar el director, por lo que el actor, según mi criterio, es solo una herramienta para contar esa historia. Pero al escribir eres tú quien cuenta la historia y decide sobre los personajes.

-Abre con una frase de Elias Canetti: «Jamás hay nada que haya pasado». Eso significa que, aunque los hechos ya hayan ocurrido, siguen teniendo presencia en nosotros.

-Yo creo que sí. Igual el cerebro no mantiene el recuerdo completo, con pelos y señales, pero sí que, de repente, hay una serie de farolitos rojos que se encienden y nos llevan a elaborar el recuerdo entero.

-¿Y qué recuerdo suyo ha desencadenado 'La educación del monstruo'?

-Pues fue un momento en que nuestro hijo, que estaba jugando con la pelota, salió fuera de casa. Yo le seguí hecha una bestia diciéndole que no volviera a hacer eso porque podía venir alguien y pillarlo y no sé qué. Lo que hice, en definitiva, fue meterle miedo. La novela surge al ver la carita de terror con la que me estaba mirando y darme cuenta de que me había convertido en un monstruo. La sobreprotección es uno de los monstruos de padres y madres, y 'La educación del monstruo' es una novela negra en la que la protagonista comienza una investigación debido a uno de esos recuerdos involuntarios.

-Pero es muy difícil cuidar a nuestros hijos sin sobreprotegerlos.

-Estoy totalmente de acuerdo. La colocación de los límites me parece una de las cosas más complicadas para los padres. Fíjate que el hombre del saco, el sacamantecas y todas estas figuras nos acompañan desde el siglo X como una forma de manipular a los niños para conseguir que hagan lo que queremos. El miedo es la mejor forma de manipulación, y es muy complicado enseñar a los niños sin necesidad de acogotarlos.

-¿Todos tenemos un monstruo dentro?

-Yo creo que sí. No necesariamente tiene que ser el mismo, creo que podemos tener uno o más de uno, y cada uno los suyos. Lo que la novela cuenta es si somos capaces de sacarlos, de gestionarlos.

-Inconscientemente, podemos provocar esos monstruos en nuestros hijos.

-Leí una vez que, cuando se tiene un hijo, la responsabilidad no es con el hijo, sino con uno mismo. Y es cierto: yo soy mucho más responsable de mis actos y de mi manera de pensar desde que soy madre. Porque los monstruos se heredan, y el monstruo del miedo lo pasamos muy fácilmente con este tipo de comportamientos.

-¿Usted se enfrenta a sus miedos?

-Cada día, cuando me levanto. En mi caso, me levanto con uno por encima de todos, que es el miedo a la muerte. Yo creo que en el momento en el que el ser humano se da cuenta de que es finito, se empieza a complicar la cosa.

-También es una novela sobre el silencio. ¿Ha roto muchos silencios en su vida?

-Lo intento en beneficio propio y en beneficio de los que están alrededor, pero no es más que lo que hacen otros muchos a diario. Por ejemplo, lo hacen las tres mujeres protagonistas de la novela al ponerse en contra de su propio sistema.

-Usted también es una mujer combativa. Cuando recogió el Goya en 2006, ya reivindicó papeles para mujeres de más de 40 años. Ha abierto camino.

-Uy, eso me parecen palabras muy gordas. Pero, mira, me has recordado una cosa: en el colegio nos daban unas hojas rojas que tenían cuadraditos en los que pintabas en colorines la nota que te habían dado, y detrás ponían anotaciones las profesoras. Recuerdo una que decía: «Tiene muy desarrollado el sentido de la justicia». Una vez, a mí y a una compañera nos castigaron con los brazos en cruz y los libros, siendo yo quien había liado el asunto. Y yo lloraba y pedía que le quitaran el castigo, que había sido yo, que no era justo. Lloré y lloré, y me castigaban más por llorar, pero yo seguía intentándolo. Nunca me he podido callar ante las cosas que me parecen injustas, no puedo evitarlo. No hay ninguna pretensión de nada, hago lo que me sale del corazón.

-¿Y por hacer lo que le sale del corazón ha pagado algún precio?

-Sí, se paga un precio a nivel de relaciones personales. Pero, con 60 años, te das cuenta de que quien no está a tu lado es que no tiene que estar.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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