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En 2007, una pareja de Florida compró un pantano inmenso para evitar la urbanización. La naturaleza les ha devuelto el favor con creces

En 2007, una pareja de Florida compró un pantano inmenso para evitar la urbanización. La naturaleza les ha devuelto el favor con creces
Artículo Completo 1,052 palabras
En 2007, Jim Stevenson y Tara Tanaka tomaron una decisión poco habitual con el terreno que se extendía junto a su casa, a las afueras de Tallahassee, Florida. Compraron 45 acres (unos 180.000 m²) de pantano de cipreses para impedir que aquel humedal terminara bajo las manos de la especulación inmobiliaria. Quince años después, el U.S. Fish and Wildlife Service contabilizaba una sorprendente colección de fauna que convive con la pareja. Comprar un pantano para que nadie construya. Stevenson y Tanaka llevaban años viviendo junto al humedal cuando comenzaron a preocuparse por su futuro. Él era biólogo de parques estatales y conocía el valor de aquel ecosistema, mientras que ella acabaría convirtiéndose en una premiada fotógrafa y videógrafa de naturaleza.  En 2007 decidieron comprar las 45 acres contiguas a su vivienda para protegerlas de una posible urbanización y gestionarlas como santuario de fauna. No era un terreno vacío esperando un uso mejor: era un pantano de cipreses del que ya dependían numerosas especies y que ellos querían conservar precisamente así. En Xataka En 1580, Felipe II quería gestionar mejor el agua de la provincia de Alicante: así nació el embalse más antiguo de Europa Comprar fue solo el principio. Porque la pareja no se limitó a cerrar la puerta y dejar actuar a la naturaleza. Incluso antes de comprar el terreno, Stevenson se internaba en canoa para arrancar a mano árboles de sebo chino, una especie invasora que podía cerrar las zonas de aguas abiertas donde las aves buscaban alimento.  Después llegaron las quemas prescritas, la retirada mecánica de vegetación cuando las islas flotantes amenazaban con cubrir el agua y un manejo continuo de las condiciones del humedal. La paradoja es que mantener un pantano aparentemente salvaje exigía intervenir constantemente para conservar el equilibrio que muchas de sus especies necesitaban. Hasta construyeron una isla para los caimanes. Una de las decisiones más llamativas de Stevenson fue crear una pequeña isla donde los caimanes pudieran salir del agua y tomar el sol. Tenerlos cerca de cientos de aves puede parecer contraproducente, pero cumplen una función inesperada: ayudan a mantener alejados a mapaches y otros animales capaces de trepar hasta los nidos y devorar huevos y polluelos.  Las cigüeñas de bosque suelen construir precisamente sus colonias en árboles rodeados de agua, aprovechando esa barrera natural contra los depredadores terrestres. En aquel santuario, hasta los caimanes terminaron formando parte de la estrategia para proteger a las aves. Quince años después había 275 cigüeñas anidando allí. El resultado se hizo especialmente visible con una especie que unas décadas antes parecía encaminada a desaparecer de Estados Unidos. La población reproductora de cigüeña de bosque había pasado de unas 20.000 parejas en los Everglades durante la década de 1930 a menos de 5.000 en los años setenta, lo que llevó a incluirla en 1984 en la lista federal de especies en peligro.  En 2022, el U.S. Fish and Wildlife Service señalaba que solo el santuario privado de Stevenson y Tanaka albergaba 275 ejemplares anidando y que la colonia había ido creciendo lentamente con los años. Tanaka llegó incluso a reconocer individuos concretos cuando regresaban y a observar desde la ventana de su despacho cómo recogían ramas en el jardín para construir sus nidos. Y las cigüeñas no llegaron solas. El antiguo terreno susceptible de desaparecer bajo el desarrollo urbano acabó convertido en refugio para una biodiversidad asombrosa. Allí anidan garzas azuladas, garcetas grandes, garzas verdes, anhingas, gallinetas, patos joyuyos y yaguasas de pico negro, incluso también aparecen espátulas rosadas.  Por tierra se mueven linces rojos, mapaches, zorros rojos y grises, nutrias, castores, coyotes y conejos de pantano, mientras los caimanes ocupan el agua. Lo que la pareja había comprado para conservar un humedal terminó funcionando como una pequeña isla de vida junto a una zona urbana en crecimiento. En 2016 se aseguraron de que nadie pudiera deshacerlo. Nueve años después de comprar el pantano, Stevenson y Tanaka dieron un paso que iba más allá de protegerlo mientras estuviera en sus manos. En 2016, el Apalachee Land Conservancy estableció sobre la propiedad una servidumbre de conservación perpetua, un instrumento legal que restringe su desarrollo futuro aunque cambie de propietario.  Las condiciones son particularmente estrictas: allí no se puede cazar ni pescar y, como resumió Tanaka, hasta las ranas están protegidas. Aquella compra de 2007 dejó así de depender únicamente de la voluntad de una pareja y se convirtió en un compromiso pensado para sobrevivirles. En Xataka Más de 600 presas fueron derrumbadas en Europa sólo el año pasado. La orgullosa responsable es la Unión Europea La especie salvada. La historia del pequeño pantano de Tallahassee ha terminado coincidiendo con otra mucho mayor. Tras décadas de restauración de humedales y aparición de nuevas colonias por el sureste del país, las cigüeñas de bosque pasaron de menos de 5.000 parejas reproductoras a unas 10.000-14.000 repartidas por alrededor de un centenar de colonias.  En febrero de 2026, el U.S. Fish and Wildlife Service anunció que su recuperación permitía retirarlas por fin de la lista federal de especies amenazadas y en peligro. Por supuesto, Stevenson y Tanaka no salvaron solos a la especie, pero sus aproximadamente 25 campos de fútbol cuentan a pequeña escala la historia de esa recuperación: compraron un inmenso pantano para impedir que desapareciera y, quince años después, 275 cigüeñas y decenas de especies habían elegido precisamente aquel lugar para quedarse.  Imagen | Tara Tanaka  En Xataka | Asumíamos que Cantabria o País Vasco tenían agua por castigo: este verano dependen de camiones de agua para abastecerse En Xataka | República Checa llevaba años retrasando la construcción de una presa carísima. Así que unos castores la hicieron por ella - La noticia En 2007, una pareja de Florida compró un pantano inmenso para evitar la urbanización. La naturaleza les ha devuelto el favor con creces fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
En 2007, una pareja de Florida compró un pantano inmenso para evitar la urbanización. La naturaleza les ha devuelto el favor con creces

Incluso una especie en peligro acaba de salir de la lista 

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Miguel Jorge

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En 2007, Jim Stevenson y Tara Tanaka tomaron una decisión poco habitual con el terreno que se extendía junto a su casa, a las afueras de Tallahassee, Florida. Compraron 45 acres (unos 180.000 m²) de pantano de cipreses para impedir que aquel humedal terminara bajo las manos de la especulación inmobiliaria. Quince años después, el U.S. Fish and Wildlife Service contabilizaba una sorprendente colección de fauna que convive con la pareja.

Comprar un pantano para que nadie construya. Stevenson y Tanaka llevaban años viviendo junto al humedal cuando comenzaron a preocuparse por su futuro. Él era biólogo de parques estatales y conocía el valor de aquel ecosistema, mientras que ella acabaría convirtiéndose en una premiada fotógrafa y videógrafa de naturaleza. 

En 2007 decidieron comprar las 45 acres contiguas a su vivienda para protegerlas de una posible urbanización y gestionarlas como santuario de fauna. No era un terreno vacío esperando un uso mejor: era un pantano de cipreses del que ya dependían numerosas especies y que ellos querían conservar precisamente así.

En XatakaEn 1580, Felipe II quería gestionar mejor el agua de la provincia de Alicante: así nació el embalse más antiguo de Europa

Comprar fue solo el principio. Porque la pareja no se limitó a cerrar la puerta y dejar actuar a la naturaleza. Incluso antes de comprar el terreno, Stevenson se internaba en canoa para arrancar a mano árboles de sebo chino, una especie invasora que podía cerrar las zonas de aguas abiertas donde las aves buscaban alimento. 

Después llegaron las quemas prescritas, la retirada mecánica de vegetación cuando las islas flotantes amenazaban con cubrir el agua y un manejo continuo de las condiciones del humedal. La paradoja es que mantener un pantano aparentemente salvaje exigía intervenir constantemente para conservar el equilibrio que muchas de sus especies necesitaban.

Hasta construyeron una isla para los caimanes. Una de las decisiones más llamativas de Stevenson fue crear una pequeña isla donde los caimanes pudieran salir del agua y tomar el sol. Tenerlos cerca de cientos de aves puede parecer contraproducente, pero cumplen una función inesperada: ayudan a mantener alejados a mapaches y otros animales capaces de trepar hasta los nidos y devorar huevos y polluelos. 

Las cigüeñas de bosque suelen construir precisamente sus colonias en árboles rodeados de agua, aprovechando esa barrera natural contra los depredadores terrestres. En aquel santuario, hasta los caimanes terminaron formando parte de la estrategia para proteger a las aves.

Quince años después había 275 cigüeñas anidando allí. El resultado se hizo especialmente visible con una especie que unas décadas antes parecía encaminada a desaparecer de Estados Unidos. La población reproductora de cigüeña de bosque había pasado de unas 20.000 parejas en los Everglades durante la década de 1930 a menos de 5.000 en los años setenta, lo que llevó a incluirla en 1984 en la lista federal de especies en peligro

En 2022, el U.S. Fish and Wildlife Service señalaba que solo el santuario privado de Stevenson y Tanaka albergaba 275 ejemplares anidando y que la colonia había ido creciendo lentamente con los años. Tanaka llegó incluso a reconocer individuos concretos cuando regresaban y a observar desde la ventana de su despacho cómo recogían ramas en el jardín para construir sus nidos.

Y las cigüeñas no llegaron solas. El antiguo terreno susceptible de desaparecer bajo el desarrollo urbano acabó convertido en refugio para una biodiversidad asombrosa. Allí anidan garzas azuladas, garcetas grandes, garzas verdes, anhingas, gallinetas, patos joyuyos y yaguasas de pico negro, incluso también aparecen espátulas rosadas. 

Por tierra se mueven linces rojos, mapaches, zorros rojos y grises, nutrias, castores, coyotes y conejos de pantano, mientras los caimanes ocupan el agua. Lo que la pareja había comprado para conservar un humedal terminó funcionando como una pequeña isla de vida junto a una zona urbana en crecimiento.

En 2016 se aseguraron de que nadie pudiera deshacerlo. Nueve años después de comprar el pantano, Stevenson y Tanaka dieron un paso que iba más allá de protegerlo mientras estuviera en sus manos. En 2016, el Apalachee Land Conservancy estableció sobre la propiedad una servidumbre de conservación perpetua, un instrumento legal que restringe su desarrollo futuro aunque cambie de propietario. 

Las condiciones son particularmente estrictas: allí no se puede cazar ni pescar y, como resumió Tanaka, hasta las ranas están protegidas. Aquella compra de 2007 dejó así de depender únicamente de la voluntad de una pareja y se convirtió en un compromiso pensado para sobrevivirles.

En XatakaMás de 600 presas fueron derrumbadas en Europa sólo el año pasado. La orgullosa responsable es la Unión Europea

La especie salvada. La historia del pequeño pantano de Tallahassee ha terminado coincidiendo con otra mucho mayor. Tras décadas de restauración de humedales y aparición de nuevas colonias por el sureste del país, las cigüeñas de bosque pasaron de menos de 5.000 parejas reproductoras a unas 10.000-14.000 repartidas por alrededor de un centenar de colonias. 

En febrero de 2026, el U.S. Fish and Wildlife Service anunció que su recuperación permitía retirarlas por fin de la lista federal de especies amenazadas y en peligro. Por supuesto, Stevenson y Tanaka no salvaron solos a la especie, pero sus aproximadamente 25 campos de fútbol cuentan a pequeña escala la historia de esa recuperación: compraron un inmenso pantano para impedir que desapareciera y, quince años después, 275 cigüeñas y decenas de especies habían elegido precisamente aquel lugar para quedarse. 

Imagen | Tara Tanaka 

En Xataka | Asumíamos que Cantabria o País Vasco tenían agua por castigo: este verano dependen de camiones de agua para abastecerse

En Xataka | República Checa llevaba años retrasando la construcción de una presa carísima. Así que unos castores la hicieron por ella

Fuente original: Leer en Xataka
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